ÍNDICE
- El origen del juego en China
- Cómo existió y cómo existe hoy en China
- La charada china fuera de China
- La llegada de la charada china a Cuba
- Qué fue la Rifa Chiffá en Cuba
- Cómo funcionaba la charada china en Cuba
- Los 36 bichos
- El lenguaje del juego: bichos, versos y cuadrillas
- Brasil, el jogo do bicho
- Lo que cuenta un recorte de prensa sobre la charada china en Cuba
- De la charada china a la charada cubana
- Conclusión
Antes de la charada cubana de 100 números, antes de la bolita moderna y antes de que en Cuba se hablara del muerto, la monja o el caballo como claves de la suerte, existió una tradición más antigua de raíz china: la charada china, también conocida en la Isla como Rifa Chiffá.
Su historia no empieza en Cuba, sino en el mundo de las loterías populares chinas, donde durante siglos circularon juegos basados en boletos, signos, números y combinaciones simbólicas. Esas prácticas no viajaron intactas, pero sí dejaron una huella profunda allí donde se asentaron comunidades chinas emigrantes. Una de esas huellas llegó al Caribe, se mezcló con la vida habanera y terminó convirtiéndose en uno de los antecedentes más claros de la charada cubana.
La historia de la charada china es, por tanto, una historia de migración, juego, oralidad y traducción cultural. Nació en el universo del azar chino, cambió de forma al cruzar fronteras y, en Cuba, echó raíces hasta transformarse en una tradición propia.
El origen del juego en China
La costumbre de apostar y participar en loterías tiene una larga historia en China. En la época moderna circularon distintas formas de rifas y loterías populares que combinaban azar, boletos impresos y sistemas de signos. Entre los antecedentes más citados de ese universo está la tradición conocida en Occidente como Pakapoo o Pak-a-pu, emparentada con loterías chinas que usaban boletos con caracteres y resultados comunicados a distancia.
En esas formas de juego, los jugadores no apostaban necesariamente a una simple secuencia de números como en una lotería contemporánea. Había una dimensión de lectura, asociación y memoria, porque los signos debían reconocerse y relacionarse con un resultado. En ese sentido, la charada china que luego conoció Cuba no surgió como una lista cerrada de equivalencias, sino como parte de una cultura de juego donde el símbolo tenía un peso decisivo.
La explicación más repetida sobre el nombre chino báigē piào, vinculado a la idea de “boletos de paloma blanca” o “boletos de paloma”, se relaciona con la transmisión de resultados por palomas mensajeras. De ahí salieron formas fonéticas occidentales como Pakapoo, que circularon en comunidades chinas emigrantes y terminaron siendo conocidas fuera de China.
Cómo existió y cómo existe hoy en China
La China contemporánea ya no conserva de manera legal ese viejo universo de juegos populares en la forma en que circuló en el siglo XIX. En la China continental, el juego está en general prohibido bajo la ley nacional, aunque el Estado sí permite dos loterías oficiales: la Welfare Lottery y la Sports Lottery. Fuera de esas excepciones, el juego privado y las apuestas no autorizadas siguen siendo ilegales, aunque persisten de forma clandestina y también mediante redes online y apuestas offshore. Hong Kong y Macao funcionan aparte, con marcos legales propios.
Eso significa que la charada china, tal como llegó a conocerse en el Caribe y en otras zonas de emigración, ya no existe hoy en China continental como una tradición pública y abierta comparable a la de otros tiempos. Su rastro sobrevive más bien como parte de la historia de las loterías chinas, de los juegos de la diáspora y de ciertas formas populares de keno o loterías de caracteres que dejaron descendencia fuera del país.
La charada china fuera de China
La expansión de la charada china fuera de Asia fue inseparable de la expansión de las comunidades chinas emigrantes durante el siglo XIX. Cuando trabajadores y comerciantes chinos cruzaron el Pacífico y se asentaron en puertos, zonas mineras y ciudades comerciales, también viajaron con ellos costumbres de juego. En Estados Unidos, Australia y otras regiones del mundo anglófono circularon variantes del viejo sistema bajo nombres como Pakapoo, Pak-a-pu o formas relacionadas con el keno.
Esa difusión internacional es importante porque demuestra que la charada china no fue una rareza exclusivamente cubana. Cuba fue uno de los lugares donde esa tradición se mezcló más profundamente con la cultura local, pero no el único donde dejó huellas. La diáspora china llevó consigo no solo cocina, comercio, lengua y redes de ayuda mutua, sino también formas de ocio, apuestas y loterías populares.
La llegada de la charada china a Cuba
La llegada de la charada china a Cuba estuvo estrechamente ligada a la inmigración china del siglo XIX. A partir de 1847 comenzaron a llegar a la Isla trabajadores chinos contratados, y en las décadas siguientes se ampliaron las redes migratorias procedentes sobre todo del sur de China, en particular de la zona de Cantón. Con esas oleadas llegaron personas, oficios, religiosidades, comidas y también prácticas de ocio y juego.
En ese contexto se fue asentando en Cuba una forma de lotería popular de raíz china que el habla local terminó llamando charada china o Rifa Chiffá. La tradición historiográfica popular cubana coincide en situarla en el origen más remoto de la bolita y de la charada cubana.
La Habana, con su creciente presencia china y su posterior Barrio Chino, fue el escenario más visible de ese trasplante cultural. Allí el juego dejó de ser únicamente una práctica de inmigrantes y fue siendo absorbido por sectores más amplios de la sociedad cubana.
Qué fue la Rifa Chiffá en Cuba
En Cuba, la charada china fue conocida durante mucho tiempo como Rifa Chiffá. Ese nombre conservó una huella fonética del origen chino del juego, aunque ya pasada por el oído y la pronunciación popular cubana.
La Rifa Chiffá se basaba en 36 números o bichos, cada uno asociado a una figura o símbolo. Esos 36 bichos no se consultaban solo como una tabla de significados. Formaban parte de un juego más visual, más ritual y más escénico.
Cómo funcionaba la charada china en Cuba
En vez de depender de loterías externas, la apuesta giraba alrededor de una figura escondida (un juguete o muñeco en representación del símbolo): el banquero escogía uno de los bichos y lo tapaba sin que los jugadores lo vieran.
Generalmente el bicho se tapaba con una tela, o era metido dentro de un rollo alzado en medio de un salón, y a partir de ahí se abrían las apuestas para adivinar cuál era esa figura escondida.
En ese momento el banquero daba el verso: un acertijo que supuestamente escondía una pista para adivinar la figura oculta. Entonces los apuntadores salían a comunicar ese verso por los alrededores y recoger las apuestas.
Cuando llegaba la hora señalada, todos se reunían ante la figura tapada, se descubría el bicho premiado y cobraban quienes habían acertado.
Siempre en el lugar había un cuadro con una imagen por la que todos los jugadores podían guiarse para identificar a qué símbolo o figura pertenecía cada número. Esa lista o guía visual se conocía como El Chino de la Charada: la imagen de un chino con los 36 números y dibujos trazados sobre su cuerpo.
Esa era la lógica de la Rifa Chiffá, actividad barrial en torno al gesto de colgar el bicho a la vista de todos, una forma distinta de entender el juego, cuando la apuesta dependía del símbolo escondido, del verso, de la pista y del acto de revelar el resultado.
La práctica era sencilla, pero tenía una dimensión muy fuerte de expectativa compartida, no era solo una apuesta, sino un pequeño ritual del azar.
Los 36 bichos
La base simbólica de la charada china en Cuba estaba formada por 36 bichos. En el lenguaje del juego, la palabra bicho no significaba solo animal.
Servía para nombrar cualquier figura asociada a un número: animales, personas, objetos o imágenes simbólicas. Por eso, en la tradición podían convivir dentro de la misma lista un caballo, una monja, un muerto o una piedra fina.
Muchos de estos nombres sobrevivieron después en la charada cubana, sobre todo en sus primeros números, lo que muestra hasta qué punto la base china siguió latiendo dentro del sistema criollo posterior.
Tabla comparativa:
| CHARADA CHINA | CHARADA CUBANA |
| 1. Caballo 2. Mariposa 3. Marinero 4. Gato Boca 5. Monja 6. Jicotea 7. Caracol 8. Muerto 9. Elefante 10. Pez Grande 11. Gallo 12. Ramera 13. Pavo Real 14. Gato Tigre 15. Perro 16. Toro 17. Luna 18. Pez Chico 19. Lombriz 20. Gato Fino 21. Majá 22. Sapo 23. Vapor 24. Paloma 25. Piedra Fina 26. Anguila 27. Avispa 28. Chivo 29. Ratón 30. Camarón 31. Venado 32. Cochino 33. Tiñosa 34. Mono 35. Araña 36. Cachimba |
1. Caballo 2. Mariposa 3. Niño chiquito, Marinero 4. Gato 5. Mujer buena / Monja 6. Jicotea 7. Mierda, Caracol 8. Muerto 9. Elefante 10. Pescado grande 11. Gallo fino 12. Puta 13. Chulo, Pavo real 14. Cementerio de noche, Gato tigre 15. Perro chiquito 16. Toro 17. San Lázaro, Luna 18. Pescado chiquito 19. Lombriz 20. Tibor, Gato Fino 21. Majá 22. Sapo 23. Vapor 24. Paloma 25. Piedra fina 26. Anguila 27. Avispa 28. Chivo 29. Ratón 30. Camarón 31. Venado 32. Puerco chiquito 33. Tiñosa 34. Mono 35. Araña 36. Cachimba |
El lenguaje del juego: bichos, versos y cuadrillas
La charada china dejó también un vocabulario propio. Bicho era cada figura del juego. Bicho tapado era la figura escondida. Colgar el bicho era el gesto de dar inicio a la apuesta. Verso era la pista o adivinanza que sugería un número sin decirlo directamente. Dar el verso significaba soltar esa pista para mover apuestas, orientar o despistar.
También existieron categorías más complejas, como compañero, peón y cuadrilla, que muestran que el sistema no siempre fue tan simple como apostar a un solo bicho. En ciertos momentos, el juego se complicó con asociaciones y familias simbólicas de números. Un recorte de 1931 citado en tus materiales habla incluso de cuadrillas como Comerciantes, Señores, Curas, Guapos, Borrachos, Limosneros y Mujeres, además de otras como los Santos, las Pecadoras, las Plumas, los Muchachos y los Pecados.
Ese vocabulario ayuda a entender que la charada china no fue solo una rifa elemental. También fue un pequeño universo de claves, relaciones y picardías.
Brasil, el jogo do bicho
Cuando se compara la charada china con otros juegos latinoamericanos, el caso más tentador es el de Brasil y su célebre jogo do bicho. Sin embargo, aquí conviene ser precisos.
La historia más aceptada en Brasil atribuye el origen del jogo do bicho al barón João Batista Viana Drummond, que en 1892 promovió en el zoológico de Vila Isabel, en Río de Janeiro, un juego basado en adivinar cuál animal saldría detrás de una cortina. Ese sistema se expandió después por la ciudad y se volvió un juego numérico muy popular, hoy ilegal en casi todo Brasil, salvo una excepción regulada en Paraíba.
Eso se parece mucho, en su lógica visual y animal, a prácticas como la charada china y la Rifa Chiffá. Pero no es lo mismo afirmar que el jogo do bicho se parece a la charada china que afirmar que nació directamente de Cuba. La prensa cubana de inicios del siglo XX llegó a decir que un cubano había llevado la charada china a Brasil, y ese dato vale como curiosidad historiográfica cubana. Pero, hasta donde llega hoy la historia más citada en Brasil, el origen documentado del jogo do bicho se sitúa en el zoológico de Río en 1892, no en una importación directa desde la Isla.
Lo que cuenta un recorte de prensa sobre la charada china en Cuba
Un viejo recorte de la prensa cubana con una tabla de la Charada China, supuestamente de una publicación de 1931 (según una nota hecha a lápiz, en archivos de la Oficina del Historiador de La Habana), deja ver que a principios del siglo XX la charada china no era solamente una lista seca de 36 números con sus bichos. Ya en esa época el sistema aparecía bastante más enredado, más vivo y más criollo. No bastaba con saber que el 1 era Caballo y el 2 Mariposa, sino que cada bicho podía venir acompañado además por un compañero, un peón y, más abajo, por una pertenencia a un grupo de símbolos, a una cuadrilla.
Lo primero que salta a la vista es el encabezado de la tabla: “No. BICHOS — COMPAÑEROS — PEONES”. Se ve que cada número tenía una figura principal, pero también podía relacionarse con otras dos. No todas tenían su correspondiente compañero y peón, sólo algunas escogidas. Por ejemplo, el recorte dice que el “1 Caballo" tenía como compañero a la "Piedra Fina" y como peón o ayudante al "Pavo Real”. Eso quiere decir que el Caballo no estaba solo: tenía su familia. Lo mismo pasa con el número “4 Gato Boca" que tiene por compañero al "Ratón" y por ayudante o peón al "Elefante”.
A simple vista, ya la charada no funcionaba solo por equivalencias aisladas, sino por vínculos entre números. Los bichos no estaban sueltos. Se acompañaban, se emparejaban, se ramificaban.
Con el paso del tiempo, aunque quedan y se siguen transmitiendo las palabras, los conceptos y el espíritu del juego, quizás la pérdida de determinadas prácticas rituales y concretas hace que queden en el olvido trucos o mecanismos del juego que ayudarían a entender mejor la lógica que había detrás de muchas palabras. Puede ser ese el caso del surgimiento y el uso de nuevas divisiones de los números en compañeros y peones. Un artículo publicado en la prensa cubana de inicios del siglo XX, dice:
Cada “bicho” tiene su compañero y su peón. Compañero es el que “No puede salir y queda amarrado”, cuando el banquero tira un bicho, y el peón es la sugerencia que acompaña a cada número, para “dar pase” a otra cuadrilla. — ("Mecanismo. No es accidental o caprichosa la sugerencia de número. Razones psicológicas de los 'números bonitos').
También en la misma nota de prensa se habla sobre una dimensión "por lo alto" para los mismos 36 bichos de la charada china, ampliación imaginativa de la suerte visualizada en el más allá, como lucha de arquetipos a niveles superiores, donde se multiplica la galería de símbolos posibles:
Además, cada número tiene su correlativo en una escala numerativa más elevada, resultando así que hay “caballo” y “caballo por lo alto”, 61, lo que produce otro modo de cábala, pues se dice que “cada número por lo bajo cuando pelea con su correspondiente por lo alto”, deja a favor de éste algunos resquicios del azar, permitiéndosele salir. Los “números” por lo alto se salen de la charada corriente de 36 figuras, para caer en otros surtidos de amuletos a la suerte. Además, cada número por lo alto tiene correspondencia con una carta de la baraja.
“Los compañeros” y "los peones"
Los compañeros parecen funcionar como una relación bastante fija entre un bicho y otro. No todos los números traen compañero en el recorte, pero muchos sí. Y cuando aparece, da la impresión de que marca una cercanía fuerte, casi una pareja simbólica.
- 4 Gato Boca Ratón
- 9 Elefante Pescado Grande
- 14 Tigre Gallo
- 20 Gato fino Anguila
- 24 Paloma Sapo
- 25 Piedra fina Caballo
Lo interesante es que esta relación parece recíproca algunas veces. El 1 Caballo tiene como compañero a Piedra fina, y el 25 Piedra fina tiene a su vez como compañero a Caballo. Eso da la impresión de un sistema de asociaciones que el jugador podía usar para ampliar su lectura del número. No era solo “salió el caballo”; también estaba ahí la sombra del compañero.
Los peones son todavía más sugerentes. Si el compañero parece una pareja fija, el peón es el ayudante o subordinado, da la sensación de ser una salida hacia otro número, una prolongación de la jugada o un paso más dentro de la red.
- 1 Caballo Pavo Real
- 2 Mariposa Jicotea
- 8 Muerto Avispa
- 20 Gato fino Vapor
- 24 Paloma Mujer Santa
- 36 Cachimba Tigre
Aquí el peón no parece simplemente repetir el vínculo del compañero, sino abrir otro camino. Es como si el número principal tuviera una línea lateral por donde seguir pensando o jugando. Dicho de forma sencilla: el compañero parece pegarse al número; el peón parece empujarlo hacia otra asociación. Eso encaja muy bien con la idea de que la vieja charada no era solo memoria de equivalencias, sino también arte de relacionar números.
Lo más revelador y social: “las cuadrillas”
La parte más curiosa del recorte está abajo, en el gran rótulo de “CUADRILLAS”. Ahí ya no se trata de un número con su compañero y su peón, sino de grupos enteros de bichos organizados por tipos sociales o morales.
Aparecen siete cuadrillas:
- Comerciantes
- Señores
- Curas
- Guapos
- Borrachos
- Limosneros
- Mujeres
Y dentro de cada cuadrilla, se asocian varios bichos.
- En la cuadrilla Comerciantes aparecen: “Caballo, Ratón, Elefante, Perro, Gato Boca, Vapor, avispa”.
- En Borrachos aparecen: “Pavo Real, Muerto, Caracol, Pdo. chiquito”.
- En Mujeres aparecen: “Paloma, Mujer Santa, Piedra fina, Mariposa”.
- En Limosneros aparecen: “Majá, Chivo, Venado, Araña, Camarón”.
Esto muestra que la charada de entonces, la charada china, no solo servía para jugar números: también servía para ordenar simbólicamente el mundo. Había grupos de bichos o símbolos de curas, de mujeres, de guapos, de borrachos. Es decir, la charada funcionaba también como una especie de retrato popular de la sociedad, con sus oficios, sus defectos, sus tipos humanos y sus clasificaciones morales. No era solo un juego. Era también una manera de mirar la vida.
La NOTA final: una charada muy cubanizada
La NOTA del recorte confirma todavía más esa riqueza. Dice:
NOTA.— Además de las cuadrillas de esta tabla en Cuba se conocen las de: los Santos (16-9-10), las Pecadoras (12-44), las Plumas (11-24-33-13), los Muchachos (34-18-22-19) y los Pecados. También el Dinero tiene sus números en la Charada: 21 y 22, plata el primero y oro el segundo. Los Santos no podían quedarse atrás y así, San Lázaro tiene el 17, las muletas de este fetiche el 77, la Virgen de la Caridad el 8 y Santa Bárbara el 5. También se ha prestado a cábalas riferas el ataúd con el 6, los candelabros de los muertos con el 27 y las velas con otro número; el carro de conducir cadáveres tiene también su «premio». Las ruedas de los ferro boats son, una el 15 y otra el 20.
Ese detalle enseña que la charada china, ya en Cuba, no estaba quieta. Se le iban añadiendo cuadrillas nuevas, categorías y asociaciones nuevas. El juego se estaba llenando de imaginación cubana. El cuerpo escrito del “chino de la charada”, la figura humana llena de 36 bichos, se había quedado pequeño para recibir la imaginación desbordada del cubano.
Reconociendo una mezcla clarísima de religión popular y cábala, entran las creencias populares y la patrona católica de los cubanos: “San Lázaro tiene el 17, las muletas de este fetiche el 77, la Virgen de la Caridad el 8 y Santa Bárbara el 5.”
Aquí se ve perfectamente cómo la vieja charada china ya se estaba transformando en la cultura cubana: santos, fetiches, entierros, dinero, pecadoras, muchachos, plumas. Ya no era solamente una tabla importada: era una tradición en pleno proceso de criollización.
Este recorte enseña que la charada china a principios del siglo XX no era una lista importada plana de 36 bichos, sino un sistema asentado en el ambiente cubano, mucho más rico y movedizo.
Los bichos eran la base. Los compañeros unían unos números con otros. Los peones parecían abrir nuevas derivaciones o pasos. Y las cuadrillas introducían nuevas asociaciones que agrupaban los números en familias sociales, morales o imaginarias.
La charada dejaba de ser una simple tabla de equivalencias para apostar, y se convertía en una pequeña enciclopedia popular de símbolos y asociaciones ramificadas. Y justamente por eso pudo crecer después hasta convertirse definitivamente en la charada cubana, más amplia, más libre y más cargada de símbolos que se conocería después.
De la charada china a la charada cubana
El gran cambio ocurrió en Cuba cuando la vieja charada de 36 bichos empezó a convivir con la lotería, con el habla de la calle, con los sueños, con la superstición y con la imaginación popular. Entonces el sistema dejó de ser únicamente una tabla china y comenzó a ampliarse hasta convertirse en una charada de 100 números.
Lo más llamativo de todo es que muchos de estos nombres siguieron vivos en Cuba incluso después de que el sistema cambiara. El cubano siguió hablando del Caballo, de la Monja, del Muerto, del Pescado, del Sapo, de la Paloma, del Camarón o de la Cachimba, aunque ya estuviera jugando otra cosa: no la Rifa Chiffá antigua, sino la charada cubana mezclada con la bolita, la lotería y las lecturas populares de sueños y señales.
Ese crecimiento no fue una simple suma. Fue una cubanización del juego. Los primeros 36 números conservaron el esqueleto chino, pero luego se añadieron figuras, escenas, tipos humanos, objetos, santos y cubanismos propios de la experiencia criolla. Así nació la charada cubana: una tradición mestiza, hecha de herencia china y cultura popular cubana.
Conclusión
La charada china fue mucho más que una curiosidad importada. Formó parte de un mundo más amplio de loterías populares chinas, viajó con la emigración, cambió de idioma y de forma al cruzar fronteras y, en Cuba, terminó sembrando una de las raíces más profundas de la cultura del número, la suerte y la apuesta.
Desde los viejos boletos y signos de origen chino hasta la Rifa Chiffá habanera, y desde allí a la charada cubana de 100 números, esta historia muestra cómo una práctica migrante puede ser absorbida por otro país hasta volverse irreconocible y, al mismo tiempo, seguir conservando su huella de origen.
En Cuba, los números nunca han sido solo números. Y detrás de muchos de ellos todavía late, aunque ya casi nadie lo recuerde del todo, la sombra antigua de la charada china.
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