El sábado 4 de abril de 2026 en el espacio cultural institucional La Casona de Línea, en el Vedado habanero, el joven estudiante de Teatrología y performer, Yadian Rizo Abreu, conocido por su alter ego La Verraca, sufrió ataques físicos por cuerpos de seguridad del local mientras ejecutaba su performance Happy Birthday, de postura abiertamente queer, ocasionándole heridas en la cabeza y otras partes de su cuerpo.
Un alter ego "molesto"
Licenciado en Biología por la Universidad de La Habana, Yadian Rizo Abreu (Matanzas, 1999) reconoce su homosexualidad, y durante casi un año La Verraca ha resultado una parte indisoluble de su creación y experiencias íntimas.
Lo presentó públicamente por primera vez en junio del 2025, buscando "encontrar espacios en otro cuerpo" —como comenta el artista— "con la construcción de un travesti sin romper la estética tradicional de su cuerpo masculino", provocando que su presencia desde lo creativo sea algo polémico en medio de una sociedad altamente homófoba desde las sombras.
Rizo Abreu usó un consolador rosado y dos globos del mismo color a modo de testículos, que planeaba romper posteriormente; complementado por unos audífonos y ropa íntima femenina de color rosa. Bailó por el espacio como ensayo previo, permitiéndose a la vez evaluar las relaciones con el público, lo que quedó interrumpido a la fuerza por el cuerpo de seguridad del local, que le impidió también recuperar sus pertenencias. Cuando manifestó esta necesidad fue víctima de más violencia.
El statement establece sobre Happy Birthday:
"Es una pieza performática que surge como un ritual de liberación el día del vigésimo séptimo cumpleaños del artista. Retoma la obsesión infantil por la simbología del cumpleaños, a través de la interacción con el público y una sesión de DJ centrada en el año 2000 —año del primer aniversario de vida del performer— explorando el despojo de las masculinidades hegemónicas y la construcción de la identidad queer desde la memoria afectiva y el trauma lúdico."
Un performance sin permiso institucional
Yadian confiesa que no contaba con permisos pertinentes para ejecutar la acción artística, sin embargo:
"En la mayoría de mis intervenciones la acción se desarrolla de la misma manera. La seguridad evita tener reacciones homófobas. Recibí algunos insultos por parte de ellos, pero a nivel psicológico no me afecta, era consciente que me podrían sacar del lugar, hasta creo que la seguridad estaba informada. Es el contexto social, porque este performance en sí no es directamente político, aunque al final todo lo que hable de cuerpos queer es plenamente político."
Después de la golpiza, Yadian prepara el proceso de acusación, recopilando primeramente información legal pertinentes antes de ejecutar las acusaciones formales.
Tras lo acontecido ha recibido apoyos de personas cercanas, de la comunidad queer y la sociedad civil por que claramente es un abuso estructural.
"No he sido atacado, todo lo contrario, las personas han mostrado mucho apoyo, cariño y admiración".
Situaciones similares y recurrentes de ataques a artistas y activistas son derivadas en su mayoría por desconocimiento, tabúes y prejuicios impregnados en la sociedad desde generaciones anteriores y agravados por políticas aplicadas en Cuba durante décadas.
La homofobia, política de Estado en Cuba después de 1959
Tras el triunfo de la revolución en 1959, las personas homosexuales y quienes hoy se identifican como queer en Cuba fueron consideradas "desviaciones" incompatibles con el ideal del "hombre nuevo" de Fidel Castro, sufriendo exclusión, vigilancia, represión y castigo.
A inicios de los años sesenta se produjeron redadas masivas como la llamada "Noche de las tres P", donde miles de personas —homosexuales entre ellas— fueron detenidas bajo criterios de "higiene social".
El punto más brutal de esta persecución fueron las Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP), campos de trabajo forzado en los que, entre 1965 y 1968, fueron internados entre 25.000 y 35.000 cubanos, muchos de ellos homosexuales, sometidos a trabajos agrícolas, violencia, torturas, tratamientos psiquiátricos forzosos y experimentos para "corregir" su orientación. Se documentan al menos 252 muertes y centenares de internamientos psiquiátricos, y muchos casos de exilio voluntario y obligatorios.
No fue hasta finales del siglo XX y especialmente en el XXI que el régimen comenzó a modificar su discurso, reconociendo parcialmente esos abusos. El propio Fidel Castro los calificó como una "gran injusticia", pero sin un proceso integral de reparación.
Casos como el de Reinaldo Arenas condensan ese periodo: perseguido por su homosexualidad y su obra, encarcelado, vigilado y finalmente empujado al exilio en 1980, dejó testimonio brutal en su libro Antes que anochezca, llevado al cine posteriormente. El poeta Heberto Padilla, aunque no fue internado en las UMAP, sufrió detención, tortura y humillación pública en el llamado "Caso Padilla", reflejando el clima existente.
El escritor, poeta y dramaturgo Antón Arrufat fue marginado y silenciado durante años por su obra y su identidad, mientras que el intelectual Virgilio Piñera vivió bajo constante hostigamiento y exclusión cultural por ser abiertamente homosexual. Muchos otros, menos conocidos, pasaron por las UMAP o tuvieron en el exilio su única salida posible.
"Caminar en tacones me da sensación de libertad"
Entrado el siglo XXI, existen "ciertos" avances legales y mayor visibilidad, pero organizaciones de derechos humanos siguen señalando que persisten formas de control, represión puntual y limitaciones a la libre expresión y asociación del colectivo LGBTIQ+, evidenciando un conflicto aún no cerrado entre memoria, política y derechos.
Confirma Rizo Abreu:
"Todo esto forma parte de mi investigación, el evaluar el nivel de conocimiento sobre este tipo de prácticas contemporáneas hoy, pues aún existen muchos tabúes."
Mientras todo evoluciona, Yadian Rizo Abreu no piensa dejar su creación a la par de sus estudios:
"Al ver esta situación nos damos cuenta que la sociedad aún está mal y que la única forma de poder cambiarla es hacerle frente, qué sentido tiene hacer un performance queer en un espacio donde los que van todos apoyan la causa? ¿Qué impacto social puede causar?
Creo que el performance tiene intrínsecamente esta característica que no debe romperse porque, si no, me dedico a la instalación, al videoarte u otros medios. Creo que este hecho influye en evaluar la manera de proceder, pero no dejaré de desarrollar mi práctica."
Asímismo no piensa dejar de ser como es:
Regresar al inicio"Caminar en tacones me da sensación de libertad sin romper mi masculinidad. Creo que como artista me ha correspondido un compromiso social, siento que soy muy humano, o al menos eso intento, mientras pueda utilizar mi cuerpo para hablar y defender al ser humano. La Verraca rompe con mi lado correcto: yo me considero respetuoso, pero La Verraca no."