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Narrativa cubana

Relato de 1905 que inaugura “un ‘estado de ánimo’ en la cuentística nacional”, según Jorge Fornet, y simboliza las ansias de libertad del pueblo cubano.

El mar, convertido en personaje, distingue este relato que marcó la entrada de la literatura cubana en el siglo XX por su estilo y vocación social.

Tres relatos precisos, de un inmenso minimalismo, donde confluyen las sirenas, los gatos, la ironía y la fantasía.

Un paciente psiquiátrico y un teatrista censurado es todo lo que tienen dos funcionarios del partido comunista para organizar un acto oficial en el pueblo.

Brillante cuento de terror psicológico, heredero de Poe y Maupassant, escrito por uno de los mejores y menos conocidos autores cubanos del siglo XX.

Relato de 1946 que anticipa la narrativa contemporánea marcada por el monólogo interior, la conciencia fragmentada y la frontera entre lo real y lo absurdo.

"El capitán de navío GR descansaba al fin. Una bandera escuálida hacía honores en la esquina de la mohosa sala funeraria."

"Yo cerraba los ojos y lo describía con la certeza de un niño: un país donde nunca cortaban la luz, donde los bombillos no parpadeaban cansados".

Minicuentos que fabulan a partir de los puntos en común de los dictadores y las dictaduras de todas las épocas.   

El hombre aparece en tensión y temor, cuidando que nadie lo descubra en su descenso al “reino de los maricas y los gobernados”. Un cuento de Félix Sánchez.

Retrato entrañable de una infancia: una madre “medio doctora”, el aceite de hígado de bacalao y las rabietas de Fernando Sánchez contadas con humor.

Escrito por el preso político J. G. Barrenechea en la cárcel, un cuento conmovedor. "Él, que siempre usó el pelo largo, allí lo obligan a pelarse al rape".

En su cumpleaños 59, Verónica se encuentra con su exprofesor, desenterrando recuerdos y secretos de un pasado que nunca terminó de despedir.