El Ministro de Salud de Cuba confirma colapso sanitario al anunciar la reducción de la actividad quirúrgica en los hospitales del país por falta de electricidad y recursos. El titular del Ministerio de Salud Pública, José Ángel Portal Miranda, reconoce que los centros hospitalarios deben limitar operaciones para “garantizar la seguridad” ante la crisis energética que atraviesa la isla.
Las declaraciones constituyen una admisión oficial del deterioro del sistema sanitario cubano, en un contexto de apagones prolongados que superan en varias provincias las diez horas diarias.
“Van a bajar los niveles de actividad quirúrgica”
El 10 de febrero de 2026, durante una comparecencia transmitida por la televisión estatal cubana, el ministro de Salud Pública aborda públicamente la reorganización del sistema hospitalario ante la crisis energética.
“Van a bajar los niveles de actividad quirúrgica. Son altos demandantes de electricidad, pero sobre todo por la seguridad de los pacientes, porque el incremento de la actividad quirúrgica habitual demanda más camas de terapia, más camas de observación, y nosotros por seguridad tenemos que dejar que el hospital funcione, que respalde aquellas cirugías que sí son impostergables.”
Portal Miranda aclara que solo se mantienen las intervenciones “urgentes”, “emergentes” o aquellas asociadas a enfermedades que “no esperan”.
La declaración implica la suspensión generalizada de cirugías electivas, es decir, procedimientos programados que no representan peligro inmediato de muerte, debido a limitaciones energéticas y hospitalarias.
Crisis energética y hospitales bajo apagones
Desde 2024, Cuba enfrenta apagones recurrentes derivados del deterioro de su sistema eléctrico. Varias termoeléctricas operan por debajo de su capacidad y el suministro de combustible resulta inestable, lo que reduce la generación disponible para el país.
La sanidad no queda al margen. Hospitales en distintas provincias reportan interrupciones prolongadas, dificultades para operar equipos de diagnóstico y restricciones en quirófanos. Estos últimos dependen de energía continua para sostener ventilación, anestesia, monitoreo cardíaco y cuidados intensivos posoperatorios. La reducción eléctrica no es un inconveniente menor: condiciona directamente la viabilidad de una intervención quirúrgica segura.
Sin estabilidad energética, el sistema hospitalario entra en modo de contingencia permanente.
El “método clínico” como alternativa
La reducción de actividad hospitalaria ocurre en un entorno donde la escasez también alcanza tecnologías diagnósticas.
Autoridades sanitarias han insistido en el uso del “método clínico”, basado en la exploración física y la anamnesis, priorizando la evaluación directa ante la falta de medios complementarios.
El método clínico constituye una herramienta fundamental de la práctica médica. Sin embargo, en los sistemas contemporáneos se integra con estudios de imagen y laboratorio. Cuando la tecnología deja de ser apoyo y se convierte en carencia, la capacidad diagnóstica se restringe.
Reducción de estadías hospitalarias
El funcionario señala la necesidad de optimizar camas y acortar tiempos de hospitalización para sostener el funcionamiento mínimo de los centros sanitarios.
En sistemas organizados, las altas tempranas responden a protocolos clínicos definidos. En un contexto de escasez estructural —energía, insumos, personal— la lógica cambia. La reducción de estadías deja de ser eficiencia médica y pasa a ser administración de escasez.
En ese escenario, aumentan los riesgos de reingresos, complicaciones y agravamiento de patologías que requieren seguimiento continuo.
De “potencia médica” a colapso sanitario en Cuba
Durante décadas, el Gobierno cubano ha promovido la narrativa de Cuba como “potencia médica”, apoyándose en indicadores como la alta proporción de galenos por habitante y en las misiones internacionales de cooperación sanitaria. Esa imagen formó parte central del discurso político del Estado y de su proyección exterior.
No obstante, desde al menos 2020 se documenta un deterioro sostenido del sistema. La migración de profesionales de la salud reduce la disponibilidad real de personal en hospitales y policlínicos. La escasez de medicamentos básicos afecta tratamientos crónicos y procedimientos habituales. La falta de insumos hospitalarios limita cirugías y pruebas diagnósticas. A ello se suma una infraestructura envejecida y una crisis energética que impacta directamente en la operatividad de los centros sanitarios.
El impacto en la población
Para la población, el colapso sanitario en Cuba implica la postergación de intervenciones necesarias, la prolongación de dolencias tratables y la incertidumbre sobre diagnósticos oportunos.
Cuando el sistema prioriza exclusivamente urgencias vitales, numerosas patologías progresan hasta convertirse en emergencias que pudieron evitarse. La medicina preventiva queda desplazada por la gestión reactiva de crisis.
El colapso sanitario en Cuba no se define solo por apagones o escasez puntual, sino por la pérdida progresiva de capacidad para anticipar y contener enfermedades antes de que se agraven. En ese escenario, la salud pública deja de ser un sistema de garantías y pasa a ser un sistema de administración de crisis.
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