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Libros | Abejas grises en un país de flores muertas

"En Abejas grises hay un guiño implícito a la guerra de simulaciones de un sector cada vez más extenso de la población cubana, tras casi 70 años de sometimiento a una maquinaria propagandística que se apoderó de la visión política de la ciudadanía.

Andréi Kurkov y su libro "Abejas grises" (2018).
Andréi Kurkov y su libro "Abejas grises" (2018).

Hay guerras cuyo objetivo es borrar la memoria del oponente, establecer una verdad por encima de toda lógica y, si no se puede alcanzar en un primer intento, introducir el virus de la desconfianza.

El ucraniano Andréi Kurkov es el autor de Abejas grises (2018), una novela que penetra con una mirada desprejuiciada el conflicto en la región del Donbás a través de la odisea de Serguéi Sergueich, inspector de seguridad retirado convertido en apicultor. En un pueblo de apenas tres calles ubicado en la zona gris de Ucrania, la tierra de nadie disputada entre las fuerzas nacionales y los separatistas prorrusos tras las protestas del Euromaidán a principios de 2014 que pusieron fin al gobierno del presidente Víctor Yanukóvich.

Después de leerla, una inquietud apareció y me llevó a dedicarle una líneas desde la óptica de quien sabe el significado de la lucha por la supervivencia; como es el caso de Serguéi, condenado a padecer los embates de la escasez de alimentos, electricidad y la incertidumbre de compartir desgracias con el otro habitante, Pashka Jmelenko, su amigo y rival desde la escuela. Pero la guerra solo les deja una alternativa, colaborar mientras los bombardeos estremecen los alrededores de la zona convertida en un sitio demasiado peligroso. 

Niños en Ucrania durante la invasión rusa.
Niños ucranianos saludando a las tropas de su país. | Imagen: El Mundo

Sobrevivir en la zona gris

El conflicto toma un nuevo matiz con la llegada de la primavera y el apicultor se ve obligado a salvar sus seis colmenas para que las abejas puedan recolectar el polen lejos del estruendo de la de artillería.

Hasta aquí la realidad de un hombre llevado a los límites. Con la salida del pueblo comienza un viaje por regiones y puestos fronterizos donde fue visto como un hombre raro en su Lada verde y su carga de vida y miel. El narrador nos entrega una historia que puede encajar perfectamente en cualquier región en conflicto armado

La novela muestra las huellas que los años han dejado en Serguéi, marcadas también por el divorcio y la separación de su única hija. Solo las abejas mantienen vivos sus deseos de permanecer y soportar la pesada carga de los días, mientras el frío y la oscuridad se apoderan poco a poco de su cuerpo y de su desgastada alma.

Abejas grises plantea una idea, tal vez poco perceptible, que desde mi perspectiva resulta especialmente interesante: lo que es capaz de hacer el invasor cuando no logra quebrantar la voluntad del invadido. Cuando Serguéi llega a la península de Crimea con la esperanza de reencontrarse con un colega tártaro, a quien había conocido en un simposio de apicultores celebrado un año antes, descubre que lleva dos años desaparecido tras haber sido apresado. 

Su familia le pide que interceda con las autoridades para conocer si está vivo. Las diferencias entre la Iglesia ortodoxa rusa y los musulmanes se manifiestan de manera directa. La mayoría rusa procura imponer su poder y Serguéi, después de una entrevista con un oficial, ecibe indirectamente la información de que Ajtem, su colega, está muerto. 

Tropas rusas en Crimea, 2014.
Tropas rusas en Crimea, 2014.

A partir de ese momento, todo comienza a agrietarse. Se siente en el aire el temor de una represión silenciosa que se extiende como un gas venenoso propagado por los rusos. Serguéi solo piensa en salir de ese lugar, regresar a casa, soportar de nuevo el estruendo de las explosiones y buscar carbón para calentar su entristecida vivienda. Mientras se dispone a partir en su auto, destrozado por un contraterrorista traumatizado, es convencido por la viuda de Ajtem para llevarse a su hija a estudiar lejos del alcance de las autoridades. 

El veneno de la sospecha

Días antes, al volver al lugar donde acampaba junto a sus abejas, una furgoneta lo intercepta. El mismo oficial que lo había interrogado le notificó la orden de tomar una de las colmenas para un control sanitario de rigor. Le prometieron que si estaba sana se la devolverían. Después de acompañar a la joven hasta el tren que la llevaría a Vínnytsia, donde la esperaría su exesposa, Serguéi retoma el camino. 

Durante el trayecto a casa, frente a un campo de girasoles, se percata del extraño comportamiento de la colmena recién devuelta. Nota una tonalidad gris, como la de la zona en la que estaba condenado a vivir, atrapado entre dos bandos y dos visiones enfrentadas, en la antesala de la escalada del 22 de febrero de 2022, un conflicto que aún parece no tener fin. 

Serguéi tomó la decisión más dolorosa respecto a la colmena. Entiende que los rusos lo tomarían como conejillo de Indias para llevar a cabo un ataque biológico, propagar una enfermedad mortal para millones de abejas y ocasionar una catástrofe sin precedentes. Es duro, pero lo hace. 

El gris del tiempo, la degradación como resultado de una separación ideológica y cultural, es parte inseparable de esta novela. Para comprender mejor su impacto habría que entrar con la disposición a un choque de visiones. En uno de los lugares en los que estuvo el protagonista vivía un anciano veterano de la Segunda Guerra Mundial. La entrada de su casa tenía una estrella que antiguamente fue roja, pero el tiempo y las circunstancias la degradaron a un gris desesperanzador, a un gris que ponía las cosas en su sitio. 

Las abejas grises del régimen

En Abejas grises hay un guiño implícito a la guerra de simulaciones de un sector cada vez más extenso de la población cubana, tras casi 70 años de sometimiento a una maquinaria propagandística que se apoderó desde el primer día de la visión política de sus habitantes. El régimen cubano y su aparato represor lograron tomar la iniciativa ante el más mínimo asomo de organización independiente fuera del alcance del Partido Comunista de Cuba (PCC). De ahí su capacidad de control y penetración en organizaciones políticas de oposición dentro y fuera de Cuba. 

Las abejas grises de Fidel Castro están en los lugares menos pensados. Una noticia ha estremecido las redes sociales y otros medios: el ciudadano cubano-guatemalteco Fernando Armando Valdés Pérez, de 61 años, fue detenido por ICE en el Aeropuerto Internacional de Miami al ser identificado como un agente de la inteligencia cubana que había operado en Estados Unidos y América Latina desde 1990. 

El espía cubano Fernando Armando Valdés Pérez. Foto: ICE.
El espía cubano Fernando Armando Valdés Pérez. Foto: ICE.

Tras ser deportado el 7 de agosto de 2026, se inició una investigación cuyos resultados preliminares arrojaron que Fernando se infiltró en un importante sector del exilio cubano en el sur de Florida. Entre las figuras del anticastrismo con las que estableció un vínculo cercano estuvo Luis Posada Carriles, hasta el punto de ganarse su entera confianza.

Muchas son las reacciones que ha provocado este caso de penetración de los aparatos de la Seguridad del Estado (G2) en territorio estadounidense. Durante tres décadas, Valdés Pérez se movió como uno más por las calles de Miami y operó con la más absoluta impunidad. Su detención se produjo en un momento de dura fricción entre el régimen de La Habana y la administración Trump. El caso demuestra que un importante sector de la oposición al castrismo se encuentra en la mira de los servicios de inteligencia de Cuba. 

Este es un nuevo capítulo de la novela inconclusa de la dictadura, la misma que denuncia la intromisión de Estados Unidos en sus asuntos internos y un embargo que de este lado de la historia han calificado de "bloqueo". Más allá de los términos, lo cierto es que, al igual que los rusos intentaron hacer a través de las abejas de Serguéi, el régimen ha diseminado varias colmenas de abejas grises por las tierras del Norte. Algunas permanecen con bajo perfil, moviéndose y simulando incluso ser las más anticomunistas de la Tierra. 

Sembrar la desconfianza

Con la expulsión de Valdés Pérez queda abierta una grieta visible y preocupante: la desconfianza entre el exilio histórico y la más reciente avalancha de "refugiados políticos". Es parte de la estrategia que sembró Fidel Castro, continuó su hermano Raúl y ahora, quizás en una escala mayor, asume Miguel Díaz-Canel

También forman parte de ese entramado los grupos de solidaridad con Cuba, turistas políticos que viajan recurrentemente a la isla y aparecen en simposios, congresos y otras actividades celebradas en La Habana. No es hipótesis, es una realidad que sale a la luz ante la presión constante de Trump. 

Activistas de la ONG Code Pink.
Activistas de la ONG Code Pink.

Puede parecer descabellada la comparación a la que me conduce la novela, pero es precisamente esa asociación la que me ha llevado a adentrarme en un terreno quizá incómodo. Vivimos un momento histórico en la Cuba de 2026 y no se debe subestimar la capacidad de simulación de la dictadura

Una novela que se lanza con precisión sobre la guerra entre Rusia y Ucrania despierta en mí la idea de cuán complejas resultan las visiones de los antagonistas. Andréi Kurkov no ha podido volver al Donbás y eso me apena. Abejas grises es una de esas novelas que dejan un sabor diferente tras la última página. En cuanto a Cuba, me atrevo a decir que las abejas grises están a la espera de una nueva misión, si no es que antes las abejas centinelas las echan de la inmensa y atractiva colmena que pretenden contagiar. 

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Thomas B.

Thomas B.

Seudónimo de autor cubano, residente en Cuba, que por motivos de seguridad prefiere mantener el anonimato.

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