ÍNDICE
- Efemérides de agosto
- ► DEL 1 AL 10 DE AGOSTO
- 1 Agosto 2005 — Rumanía, Bucarest. Memorial del Renacimiento
- 5 Agosto 1895 — Reino Unido, Londres. Muere Friedrich Engels
- 7 Agosto 1960 — Cuba. Los obispos católicos rechazan el comunismo
- ► DEL 11 AL 20 DE AGOSTO
- 11 Agosto 1918 — Rusia. Lenin ordena ahorcamientos públicos
- 11 Agosto 1948 — Checoslovaquia, Praga. Nace Jan Palach
- 12 Agosto 1952 — URSS, Moscú. La Noche de los Poetas Asesinados
- 12 Agosto 1957 — Checoslovaquia. Muere Josef Bryks
- 13 Agosto 1961 — Alemania, Berlín oriental. Comienza la construcción del Muro
- 17 Agosto 1945 — Reino Unido, Londres. Se publica Rebelión en la granja
- 17 Agosto 1962 — Alemania, Berlín. Asesinato de Peter Fechter
- ► DEL 21 AL 31 DE AGOSTO
- 21 Agosto 1940 — México, Ciudad de México. Muere León Trotsky
- 21 Agosto 1968 — Checoslovaquia. Invasión del Pacto de Varsovia
- 23 Agosto 1939 — URSS, Moscú. Pacto Ribbentrop-Mólotov
- 24 Agosto 1954 — Estados Unidos, Washington. Communist Control Act
- 26 Agosto 1968 — URSS, Moscú. Protocolo de Moscú
- 29 Agosto 1949 — URSS, Semipalátinsk. Primera bomba atómica soviética
- 30 Agosto 1918 — Rusia, Moscú. Atentado de Fanny Kaplan contra Lenin
Efemérides de agosto
El mes de agosto reúne efemérides del comunismo que permiten observar tanto sus alianzas estratégicas como sus episodios más oscuros de represión y violencia. A lo largo del siglo XX, este mes concentra hechos clave que ayudan a comprender la dimensión internacional del sistema comunista.
Entre las efemérides anticomunistas de agosto destacan el Pacto Ribbentrop-Mólotov de 1939, que selló una alianza táctica entre la Alemania nazi y la Unión Soviética; la invasión de Checoslovaquia en 1968; y distintos episodios de persecución política y eliminación de opositores.
Las efemérides de agosto también incorporan figuras de la cultura y la disidencia que enfrentaron la censura y el control ideológico en países comunistas, así como obras literarias y artísticas que denunciaron esos sistemas.
Este recorrido reúne documentos históricos, acontecimientos políticos y expresiones culturales que permiten construir una memoria amplia sobre el comunismo, sus prácticas de poder y las experiencias humanas bajo su dominio.
► DEL 1 AL 10 DE AGOSTO
1 Agosto 2005 — Rumanía, Bucarest. Memorial del Renacimiento
Monumento en memoria de las víctimas de la Revolución rumana y de la caída del comunismo.
El 1 de agosto de 2005 fue inaugurado en la Plaza de la Revolución de Bucarest el Memorial del Renacimiento (Memorialul Renașterii), dedicado a las víctimas de la Revolución rumana de diciembre de 1989, el levantamiento que derribó la dictadura comunista de Nicolae Ceaușescu. No fue emplazado en un lugar neutro: se levantó en la misma plaza donde, el 21 de diciembre de 1989, el tirano Ceaușescu intentó su último gran discurso público y su espectáculo terminó en una escena de abucheos y ruptura del miedo.
La obra fue diseñada por Alexandru Ghilduș y tiene como centro un obelisco de mármol de unos 25 metros atravesado en la parte superior por una corona metálica. Su lenguaje abstracto, alejado de la estatuaria heroica tradicional, provocó desde el inicio una recepción difícil: críticas estéticas, burlas populares y polémicas sobre la capacidad del monumento para representar a los muertos de la revolución. Se cuestionó que el autor era un artista aplicado, que diseñaba objetos como sillas y lámparas, y no un escultor. Debido a su relativa impopularidad, el monumento ha tenido que mantenerse custodiado las 24 horas, a pesar de lo cual ha sufrido vandalismo.
Un acto de "vandalismo" terminaría incorporándose al simbolismo de la obra. En 2012 el artista callejero Keo aplicó salpicaduras de pintura roja brillante en la base de la "patata", como una alusión al derramamiento de sangre. La pintura roja hace que el monumento parezca estar sangrando. Y, debido a que la pintura simbólica se aplicó en un lugar prácticamente inaccesible, ha permanecido ahí desde entonces.
Quince años después del derrumbe del totalitarismo, el Estado rumano inauguró un espacio conmemorativo en uno de los lugares donde el comunismo había perdido el control simbólico de la calle. El memorial, en vez de recordar la violencia de la dictadura, celebra la caída del comunismo como un renacimiento político para Rumanía.
“El Memorial del Renacimiento conmemora las luchas y las víctimas de la Revolución Rumana de 1989, que derrocó al comunismo.”
Aquel régimen comunista que durante décadas había ocupado plazas, edificios y símbolos, quedó reducido a ruina histórica, y en su lugar en el centro de Bucarest se alza la memoria de los mártires.
Fuentes: Memorial of Rebirth; fichas patrimoniales sobre la Plaza de la Revolución de Bucarest; Atlas Obscura; referencias sobre Alexandru Ghilduș y el monumento.
5 Agosto 1895 — Reino Unido, Londres. Muere Friedrich Engels
Fallece el gran codificador del marxismo junto a Karl Marx.
El 5 de agosto de 1895 murió en Londres Friedrich Engels, colaborador central de Karl Marx, coautor del Manifiesto del Partido Comunista y una de las figuras decisivas en la formación del marxismo moderno. Tenía 74 años y llevaba décadas instalado en Inglaterra, desde donde había financiado, editado, defendido y sistematizado buena parte del legado intelectual de Marx.
El Manifiesto comunista cierra con una definición de los militante de esta ideología como abanderados de la violencia absoluta:
"Los comunistas desdeñan ocultar sus ideas y objetivos. Declaran abiertamente que sus fines solo pueden alcanzarse mediante el derrocamiento por la fuerza de todas las condiciones sociales existentes. Que las clases dominantes tiemblen ante una revolución comunista."
Su importancia no se limita al papel de compañero o albacea. Engels fue un organizador doctrinal de primer orden. Tras la muerte de Marx, preparó los volúmenes segundo y tercero de El capital y contribuyó a convertir un conjunto de textos, polémicas y análisis históricos en una tradición política expansiva. En el siglo XX, esa tradición sería invocada por partidos únicos, policías políticas, Estados revolucionarios y sistemas de control social.
En sus últimos meses escribió la introducción de 1895 a Las luchas de clases en Francia, texto que fue leído por algunos sectores socialdemócratas como una renuncia a la revolución violenta y una aceptación plena de la vía parlamentaria. Engels protestó contra las interpretaciones que suavizaban su posición. Incluso en la vejez, su legado seguía siendo objeto de disputa entre reforma, insurrección y poder.
En esa introducción aparece una de las frases que muestra hasta qué punto Engels seguía pensando la revolución como fundamento último de la historia política moderna:
“El derecho a la revolución es, después de todo, el único ‘derecho histórico’ real.”
Su apología del terror revolucionario es uno de los precedentes teóricos más importantes en que se basaron doctrinas en busca de cambios históricos desde la coerción y la fuerza, así como políticas represivas a gran escala en regímenes autoproclamados comunistas. Reflexionando a propósito de la autoridad, frase de Engels sobre la Revolución:
"Una revolución es, sin duda, lo más autoritario que existe; es el acto mediante el cual una parte de la población impone su voluntad a la otra por medio de fusiles, bayonetas y cañones —medios autoritarios, si es que existen—; y si el bando vencedor no quiere haber luchado en vano, debe mantener este dominio mediante el terror que sus armas inspiran en los reaccionarios."
A partir de su muerte, sus escritos y los de Marx fueron leídos como dogma de partido, programa de Estado y justificación ideológica de regímenes que hablaron en nombre de la emancipación mientras construían nuevas formas de dominación y exterminio.
Fuentes: Encyclopaedia Britannica, biografía de Friedrich Engels; Engels, introducción de 1895 a Las luchas de clases en Francia, Marxists Internet Archive.
7 Agosto 1960 — Cuba. Los obispos católicos rechazan el comunismo
La jerarquía católica cubana publica una declaración colectiva contra la deriva comunista del proceso revolucionario.
El 7 de agosto de 1960, los obispos católicos cubanos publicaron una "pastoral colectiva" en la que rechazaban abiertamente el comunismo y advertían sobre su avance en la isla. El documento apareció en un momento de creciente tensión entre la Iglesia y el nuevo poder revolucionario, cuando el acercamiento a la Unión Soviética, la radicalización política y el peso de los comunistas dentro del proceso comenzaban a hacerse evidentes. La Revolución mostraba señales claras de deriva totalitaria: fusilamientos, control de sindicatos y universidades, y creciente hostilidad contra instituciones religiosas independientes.
"Condenamos, en efecto, el COMUNISMO, en primer lugar, porque es una doctrina esencialmente materialista y atea, y porque los gobiernos que por ellos se guían figuran entre los peores enemigos que ha conocido la Iglesia y la humanidad en toda su historia. [...]
Condenamos también al COMUNISMO por ser un sistema que niega brutalmente los más fundamentales derechos de la persona humana. Porque para alcanzar el control total del Estado sobre los medios de producción establece en todas partes un régimen dictatorial, en que un pequeño grupo se impone por medio del terror policial al resto de sus conciudadanos."
Fidel Castro había negado públicamente su filiación comunista. En enero de 1959 había dicho a la prensa: “Yo no soy comunista ni tampoco el movimiento”. En los primeros meses de 1959, incluso sectores católicos habían visto la revolución con expectativa, sobre todo por su promesa de justicia social y restauración democrática. Pero la ruptura con los sectores democráticos y cristianos se aceleró en 1959 y 1960, entre la renuncia del presidente Manuel Urrutia, el encarcelamiento de Hubert Matos, la deserción de Pedro Luis Díaz Lanz y la imposición oficialista sobre organizaciones obreras y estudiantiles.
La "Circular colectiva del episcopado cubano" marcó una ruptura pública. Los obispos reaccionaban ante una revolución que ya utilizaba el paredón de fusilamiento como instrumento político y que etiquetaba como “contrarrevolucionario” a quien denunciara el avance comunista. Una frase muy recordada del documento condensó esa frontera moral:
“La Iglesia está hoy y estará siempre a favor de los humildes, pero no está ni estará jamás con el comunismo… La mayoría absoluta del pueblo cubano que es católico, sólo por el engaño o la coacción podría ser conducida a un régimen comunista.”
La declaración no detuvo la escalada. Llegarían nuevas confrontaciones, expulsiones de sacerdotes, cierre de espacios católicos y una presión creciente sobre creyentes, escuelas y asociaciones. Pero el 7 de agosto de 1960 quedó como una de las primeras tomas de posición institucionales contra el empuje de la población cubana, mediante engaño y coacción, hacia el abismo de un régimen comunista.
Fuentes: declaración del episcopado cubano citada en archivos de prensa católica; cronologías sobre Iglesia y Estado en Cuba; Martí Noticias, “Comunismo contra la religión: 100 años de historia”.
► DEL 11 AL 20 DE AGOSTO
11 Agosto 1918 — Rusia. Lenin ordena ahorcamientos públicos
Lenin ordena por escrito matar al azar, capturar rehenes y confiscar las cosechas de los campesinos hostiles.
El 11 de agosto de 1918, en plena Guerra Civil rusa, Vladímir Ilich Lenin envió desde el Kremlin un telegrama a los comunistas de Penza para aplastar una insurrección campesina en varios distritos de la provincia. El documento de esta orden era tan cruel que se intentó mantener oculto por mucho tiempo, aunque fue conservado en los archivos soviéticos. Manda a matar al al azar, “ahorcar sin falta” y “por lo menos a 100 kulaks notorios”. Pide escarmiento visual, exige actuar de manera que el pueblo, “a cientos de verstas a la redonda”, vea, y tiemble.
Penza era una región importante para el abastecimiento de grano. En el contexto del “comunismo de guerra”, el poder soviético aplicaba requisas forzosas, confiscaciones y medidas de coerción contra el campesinado. La palabra “kulak”, que originalmente designaba a campesinos acomodados, se convirtió rápidamente en una etiqueta política flexible: podía servir para señalar a cualquier campesino resistente a las requisas o sospechoso de hostilidad al nuevo régimen.
La orden de Lenin es una de las pruebas más crudas del primer terror bolchevique:
"Camaradas, la insurrección de cinco distritos de kulaks debe sofocarse sin piedad. Tiene que hacerse así en interés de toda la revolución, porque ahora se está librando, en todo el país, la “batalla definitiva” contra los kulaks. Debemos ser ejemplares:
1-Ahorcad (asegurandos de que los ahorcamientos se desarrollan a la vista del pueblo) a no menos de un centenar de kulaks, ricos, chupasangres, conocidos.
2-Dad publicidad a sus nombres.
3-Incautaos de todos sus cereales.
4-Designad a rehenes según el telegrama de ayer.
Hacedlo de forma que, en cientos de kilómetros a la redonda, el pueblo pueda ver, temblar, saber, gritar: están estrangulando y estrangularán hasta la muerte a los kulaks chupasangres.
Acuse de recibo y ejecución de este telegrama,
Saludos.
PD. Utilizad para esto a vuestros hombres más duros".
El manuscrito original de este telegrama tiene el membrete del presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo (Sovnarkom), Vladímir Lenin. La "Orden de la horca" es el nombre dado al documento por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.
Antes de las grandes purgas estalinistas, antes del Gulag como sistema plenamente expandido, ya aparece aquí una lógica esencial del régimen: identificar enemigos sociales, despojarlos, aterrorizar a la población y presentar la violencia como necesidad revolucionaria. Sus rasgos centrales fueron la expropiación de empresas, la nacionalización de la industria y la requisa forzosa de excedentes de grano al campesinado.
La orden de Penza fue escrita con una lógica que venía de antes, desde que el 20 de diciembre de 1917 (solamente semanas después de la toma bolchevique del poder) el gobierno creó la Cheka (Comisión Extraordinaria Panrusa para Combatir la Contrarrevolución y el Sabotaje), dirigida por Félix Dzerzhinski. El decreto de creación de esta fuerza represiva señalaba que debía “hacer la guerra a la contrarrevolución y al sabotaje” y le atribuía funciones de persecución, confiscación y represión. Ese aparato fue el instrumento decisivo del primer terror soviético. Britannica resume que el Terror Rojo comenzó formalmente en septiembre de 1918, la Cheka recibió la orden de realizar ejecuciones masivas, y se estima en torno a 140.000 muertos el saldo apenas de esa campaña.
Fuentes: Lenin, “Telegram to Comrades Kuraev, Bosh, Minkin…”, Marxists Internet Archive; versión española del telegrama; Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, Revelations from the Russian Archives.
11 Agosto 1948 — Checoslovaquia, Praga. Nace Jan Palach
Nace el estudiante que convertiría su propio cuerpo en una antorcha contra la ocupación soviética.
El 11 de agosto de 1948 nació Jan Palach en Praga, pocos meses después del golpe de febrero que había colocado a Checoslovaquia bajo el control del Partido Comunista. Creció en Všetaty, en Bohemia central, y más tarde estudió en la Universidad Carolina, en una generación formada íntegramente dentro del "socialismo real".
Su vida quedó marcada por la Primavera de Praga de 1968 y por la invasión del Pacto de Varsovia que la aplastó en agosto de ese mismo año. Palach tenía veinte años cuando vio cómo el intento de abrir el sistema —libertad de prensa, debate público, reforma política— era sustituido por ocupación militar, censura y una lenta normalización de la obediencia.
En enero de 1969, pocos meses después de la invasión, Palach se prendió fuego en la plaza de Wenceslao. En la carta que dejó, firmada como “Antorcha número 1”, presentó su acción como un intento extremo de despertar a una sociedad que empezaba a resignarse.
“Dado que nuestros pueblos están al borde de la desesperanza y la resignación, hemos decidido expresar nuestra protesta y despertar al pueblo de este país.”
Palach no fue un militante profesional ni un líder clandestino, sino un estudiante nacido bajo el comunismo que terminó enfrentándose, con un gesto desesperado, a la ocupación soviética y a la humillación nacional. Representa el drama de una generación, la de quienes nacieron cuando el comunismo tomaba el poder y llegaron a la juventud cuando los tanques soviéticos clausuraban cualquier esperanza de reformarlo.
Fuentes: Jan Palach Memorial, cronología biográfica y documentos; Radio Prague International, perfil histórico de Jan Palach.
12 Agosto 1952 — URSS, Moscú. La Noche de los Poetas Asesinados
El estalinismo ejecuta en secreto a trece intelectuales judíos soviéticos en la prisión de Lubianka.
El 12 de agosto de 1952, trece intelectuales judíos soviéticos fueron ejecutados en la prisión de Lubianka, en Moscú, tras un proceso secreto vinculado al llamado caso del Comité Judío Antifascista. El episodio pasó a la historia como la Noche de los Poetas Asesinados, aunque entre las víctimas no había solo poetas, sino escritores, actores, traductores, científicos y figuras culturales. Entre los ejecutados estaban Peretz Markish, David Bergelson, Itzik Fefer, Leib Kvitko y Benjamin Zuskin.
Lo que realmente los unía era su pertenencia a una organización llamada Comité Judío Antifascista (JAFC). El JAFC había contado con el apoyo del gobierno soviético durante la Segunda Guerra Mundial, porque trabajó para movilizar apoyo (y financiación) de la comunidad judía internacional para el desarrollo bélico en la defensa contra los nazis. Pero, después de la guerra, el mero hecho de su existencia y que el comité apelara a judíos de todo el mundo provocó que fuera tachado de criminal.
Las primeras detenciones se hicieron en septiembre de 1948 y junio de 1949. Después de la guerra, en el clima paranoico y antisemita del estalinismo tardío, eran acusados falsamente de nacionalismo, espionaje y traición. Se les culpaba de conspirar para crear un estado judío en Crimea, desde donde los Estados Unidos, supuestamente, luego invadirían a la Unión Soviética. Y también se les imputó practicar el "nacionalismo burgués". Sufrieron torturas durante mucho tiempo en las cárceles, obligados a firmar confesiones de traición.
El juicio y la ejecución se desarrollaron en secreto, nunca contaron con abogados defensores, y luego el crimen permaneció cubierto por silencio oficial. La represión buscaba golpear a una red cultural entera, una literatura en lengua yidis y una memoria judía que el régimen ya no toleraba como espacio autónomo.
Solomon Lozovskii, principal acusado en el juicio, declaró:
"Lo que se juzga aquí es la lengua yiddish".
A la postre un informe del Yiddish Book Center le daría la razón:
"En efecto, para los poetas acusados, la poesía yiddish se había convertido, literalmente, en una cuestión de vida o muerte. Estos escritores habían trabajado durante décadas para construir la cultura yiddish soviética, y ahora sus obras literarias se utilizaban como prueba en su contra."
Aquella noche, en el sótano de la prisión de Lubianka, fue destruida una parte importante de la cultura judía, borrada por fusilamiento. En 1977 se inauguró un memorial a las víctimas en Jerusalén, en el 25 aniversario de la Noche de los Poetas Asesinados.
Fuentes: Yiddish Book Center, “The Night of the Murdered Poets”; materiales históricos sobre el Comité Judío Antifascista y la represión antisemita soviética.
12 Agosto 1957 — Checoslovaquia. Muere Josef Bryks
Un héroe de la II Guerra Mundial termina sus días en prisión y trabajo forzado bajo el régimen comunista.
El 12 de agosto de 1957 murió Josef Bryks, aviador checoslovaco, veterano de la Real Fuerza Aérea británica y héroe de la Segunda Guerra Mundial, después de años de cárcel, persecución política y trabajos forzados bajo el régimen comunista checoslovaco. Algunas fuentes sitúan el ataque cardíaco fatal el 11 de agosto y su muerte en la noche del 11 al 12; lo esencial es que murió preso, con la salud destruida por el sistema penitenciario.
Bryks había combatido contra el nazismo, había sido prisionero de guerra y había intentado escapar varias veces del cautiverio alemán. Tras el golpe comunista de 1948, su servicio en unidades vinculadas a Occidente lo convirtió en sospechoso. Como otros aviadores checoslovacos que habían luchado junto a los aliados, fue purgado, juzgado y condenado.
La represión contra Bryks tuvo la forma del desgaste: prisión, pérdida de rango y condecoraciones, trabajos forzados en minas de uranio, aislamiento de su esposa e hija, negativa a permitir una vida familiar y control absoluto sobre su cuerpo hasta después de muerto. Las autoridades comunistas incineraron sus restos en secreto y ocultaron durante años el destino de sus cenizas.
Una síntesis biográfica de Josef Bryks, dentro de un recuento sobre los aviadores checoslovacos perseguidos por el comunismo, resume así su destino:
“Tras el golpe de Estado comunista, fue condenado a un total de treinta años de prisión. Pasó por las cárceles más duras y trabajó en minas de uranio.”
La muerte de Josef Bryks revela una de las paradojas más crueles de la Europa comunista de posguerra: quienes habían arriesgado la vida contra el nazismo fueron tratados como enemigos por haber servido junto a Occidente. Bryks no murió en combate contra Hitler; murió consumido por un régimen que convirtió la independencia moral y los vínculos con el mundo libre en delitos políticos.
Fuentes: Wings in Exile, “Victims of the communist regime”; perfiles biográficos de Josef Bryks; materiales sobre aviadores checoslovacos perseguidos tras 1948.
13 Agosto 1961 — Alemania, Berlín oriental. Comienza la construcción del Muro
La frontera interna alemana se cierra con alambre de púas, soldados y separación inmediata de familias.
El 13 de agosto de 1961, la República Democrática Alemana comenzó a cerrar la frontera entre Berlín Oriental y Berlín Occidental. La operación empezó durante la madrugada, con alambradas, controles armados, cortes de calles y suspensión de pasos entre sectores. Aquel día no apareció todavía el muro de hormigón que se volvería símbolo de la Guerra Fría, pero sí nació la frontera letal que partiría Berlín durante casi tres décadas.
Walter Ulbricht, jefe de la RDA, había mentido menos de dos meses antes, cuando el 15 de junio había dicho sobre el cierre de la frontera:
“Nadie tiene la intención de construir un muro.”
La brusquedad fue parte del golpe. Calles que hasta la víspera unían barrios quedaron cortadas; familias, parejas, compañeros de trabajo y vecinos fueron separados sin aviso. En lugares como la Bernauer Strasse, la arquitectura misma se volvió frontera: edificios situados en el Este tenían ventanas que daban al Oeste, y algunos vecinos intentaron saltar desde sus casas antes de que las autoridades tapiaran accesos y desalojaran viviendas.
La versión oficial del régimen comunista llamó al muro “barrera de protección antifascista”, nombre propagandístico usado para justificarlo. La fórmula buscaba presentar el cierre como defensa frente a Occidente. En realidad, el objetivo era detener la fuga masiva de ciudadanos de la RDA hacia Berlín Occidental, una sangría demográfica, económica y política que desmentía la supuesta superioridad del sistema socialista.
La escritora y periodista australiana Anna Funder, en su libro Stasiland: historias desde detrás del Muro de Berlín (2003), reconstruyó a partir de entrevistas y archivos las experiencias de ciudadanos de la antigua República Democrática Alemana bajo la vigilancia de la Stasi. Su obra, basada en testimonios directos de víctimas y antiguos funcionarios, se ha convertido en una de las aproximaciones literarias más influyentes sobre la vida cotidiana en un Estado vigilado. En ese contexto, Funder resume con una frase la función real del Muro de Berlín dentro del sistema comunista:
"El muro no se construyó para mantener a la gente fuera, sino para impedir que saliera".
Por eso, la caída del muro de Berlín (1989) marcaría el final moral de una ideología totalitaria. Ronald Reagan, en su discurso ante la Puerta de Brandeburgo, 12 de junio de 1987, invitó a la Unión Soviética del reformista Mijai Gorvachov a tumbar el muro:
“Mientras esta cicatriz de muro siga en pie, no solo seguirá abierta la cuestión alemana, sino la cuestión de la libertad para toda la humanidad.”
El peso concreto y simbólico del muro de Berlín, iniciado el 13 de agosto de 1961, fijó en el imaginario mundial una verdad política elemental: el comunismo necesita encerrar a sus ciudadanos para conservar el poder, sin coerción y sin cárcel no se sostiene un régimen totalitario, aunque se autoproclame el más justo y emancipador de la historia. La construcción del muro de Berlín fue la confesión material de un sistema incompatible con la libertad.
Fuentes: Berlin Wall Memorial; Berlin.de; Chronicle of the Wall; referencias históricas sobre el inicio de la construcción del Muro de Berlín.
17 Agosto 1945 — Reino Unido, Londres. Se publica Rebelión en la granja
George Orwell lanza una fábula política que se convierte en una de las críticas más influyentes contra el totalitarismo comunista.
El 17 de agosto de 1945 se publicó en Londres Animal Farm: A Fairy Story (Rebelión en la granja), de George Orwell, editada por Secker and Warburg. La obra apareció en un momento de transición: la Segunda Guerra Mundial acababa de terminar en Europa y la alianza entre Occidente y la Unión Soviética comenzaba a resquebrajarse.
Orwell había escrito la novela entre 1943 y 1944, cuando la alianza militar con Moscú hacía incómoda cualquier crítica pública al estalinismo. Varios editores la rechazaron. Uno de los casos más conocidos fue el de T. S. Eliot, entonces en Faber & Faber, quien reconoció la calidad del texto, pero consideró que no era el momento ni el enfoque adecuado para criticar la situación política. Ese rechazo dice mucho del clima intelectual de la época: el problema del libro no era literario, sino moral y diplomático.
La fábula era transparente. La Granja Manor se convertía en la Rusia zarista; la rebelión de los animales, en la Revolución de Octubre; los cerdos, en la nueva élite del partido; Napoleón, en Stalin; Snowball, en Trotsky. Pero Orwell evitó el panfleto directo y eligió una forma antigua, casi infantil, para contar una historia de degradación política: cómo una revolución hecha en nombre de todos termina produciendo miedo, obediencia, propaganda y privilegios.
La publicación finalmente coincidió con el inicio de un nuevo clima político, en el que el estalinismo empezaba a ser percibido como un sistema opresivo.
Una de las frases más célebres del libro Rebelión en la granja resume ese proceso de degeneración política, donde dentro del sistema supuestamente igualitario se empiezan a erigir las elites y las estructuras de poder:
"Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros".
Orwell explicó su intención en el prólogo que escribió en 1947 para la edición ucraniana de Rebelión en la granja, destinada a refugiados que habían vivido bajo el poder soviético. Allí dejó una de sus formulaciones más claras sobre la mentira política que quería combatir:
"Para mí era de suma importancia que la gente de Europa occidental viera el régimen soviético tal como era en realidad. Desde 1930, había visto pocas pruebas de que la URSS estuviera avanzando hacia algo que pudiera llamarse verdaderamente socialismo. Al contrario, me sorprendieron las claras señales de su transformación en una sociedad jerárquica, en la que los gobernantes no tienen más motivos para renunciar al poder que cualquier otra clase dominante. [...]
En mi opinión, nada ha contribuido tanto a la corrupción de la idea original del socialismo como la creencia de que Rusia es un país socialista y de que cada acto de sus gobernantes debe ser excusado, cuando no imitado».
A pesar de ser Orwell un socialista, empeñado en rectificar la apreciación sobre el falso mito o modelo fundador de la Unión Soviética, su fábula se erigió en una crítica contundente a los postulados esenciales del comunismo y en una de las obras más influyentes en la crítica del poder ideológico. Su impacto trascendió el contexto soviético y se convirtió en una herramienta universal para describir la traición de los sistemas que, en nombre de la igualdad, reproducen nuevas o peores formas de dominación.
Fuentes: Encyclopaedia Britannica; Marxists Internet Archive; registros bibliográficos de Orwell.
17 Agosto 1962 — Alemania, Berlín. Asesinato de Peter Fechter
Un albañil de 18 años queda herido junto al Muro y muere desangrado ante periodistas, soldados y vecinos de una ciudad partida.
El 17 de agosto de 1962, casi un año después de levantado el Muro de Berlín, Peter Fechter, albañil de 18 años nacido en Berlín Oriental, intentó escapar hacia el oeste junto a su amigo Helmut Kulbeik. Habían preparado la fuga desde una carpintería próxima a Zimmerstrasse, cerca del Checkpoint Charlie. El plan era observar el movimiento de los guardias, salir por una ventana, cruzar la franja fronteriza y trepar el muro que los separaba de Kreuzberg.
Kulbeik consiguió llegar a Berlín Occidental. Fechter fue alcanzado por los disparos de los guardias de la RDA cuando intentaba superar la última barrera. Cayó del lado oriental, en la llamada “franja de la muerte”, herido en la pelvis. Durante cerca de una hora permaneció tendido a la vista de cientos de personas. Los testigos escucharon sus gritos pidiendo ayuda. Desde el oeste no podían socorrerlo sin provocar un incidente armado; desde el este, los guardias tardaron en retirarlo (lo harían cuando ya era demasiado tarde).
La escena tuvo un efecto político inmediato porque ocurrió en pleno centro simbólico de la Guerra Fría. No fue una muerte invisible en un bosque fronterizo ni una desaparición administrativa: fue una agonía pública, fotografiada y observada por periodistas, soldados aliados, policías, vecinos y curiosos. Las imágenes de los guardias orientales llevándose finalmente el cuerpo de Fechter circularon por la prensa internacional y convirtieron su nombre en una denuncia visual del sistema fronterizo de la RDA.
El archivo Chronicle of the Wall recoge el dato seco y brutal del episodio:
"El obrero de la construcción Peter Fechter, de 18 años, recibe disparos cuando intenta escapar por el Muro. Muere desangrado en la zona fronteriza".
El asesinato desató protestas en Berlín Occidental. Hubo gritos contra los guardias orientales, tensión frente al Checkpoint Charlie y una indignación que alcanzó también a las autoridades occidentales, acusadas por algunos ciudadanos de contemplar la muerte sin intervenir. Pero esa impotencia era parte de la arquitectura del Muro: la frontera no solo separaba dos sistemas; convertía el auxilio elemental en un riesgo geopolítico.
Peter Fechter murió a pocos metros de Berlín Occidental, víctima de la lógica misma de una frontera diseñada para impedir la huida de ciudadanos del “Estado obrero y campesino”. Su historia se cuenta en la película La muerte de Peter Fechter (Reino Unido, 2007), de Mark Gubb.
Su cuerpo tendido junto al muro mostró con más claridad que cualquier discurso que la RDA no defendía una frontera frente a invasores, administraba una cárcel política donde tenía reducidos a sus propios habitantes, y lo hacía de manera despiadada.
Fuentes: Chronicle of the Wall, “Fechter, Peter”; German History in Documents and Images; The Guardian, archivo sobre la muerte de Peter Fechter.
► DEL 21 AL 31 DE AGOSTO
21 Agosto 1940 — México, Ciudad de México. Muere León Trotsky
El gran rival de Stalin muere en Coyoacán tras un atentado organizado por la policía secreta soviética.
El 21 de agosto de 1940 murió en Ciudad de México León Trotsky, un día después de ser atacado en su casa fortificada de Coyoacán por Ramón Mercader, agente de la NKVD que había logrado infiltrarse en su círculo íntimo bajo identidades falsas. Mercader se había presentado primero como Jacques Mornard y luego como Frank Jacson, y llegó hasta Trotsky a través de su relación con Sylvia Ageloff, una militante trotskista estadounidense.
La casa de la avenida Viena ya era una fortaleza antes del crimen. En mayo de 1940, un comando armado dirigido por el pintor David Alfaro Siqueiros había ametrallado la vivienda durante la madrugada. Trotsky, su esposa Natalia Sedova y su nieto sobrevivieron, pero el mensaje era claro: Stalin quería cerrar en México la guerra de exterminio que había comenzado en la URSS con las purgas, los juicios de Moscú y la eliminación de los viejos bolcheviques.
El 20 de agosto, Mercader pidió a Trotsky que leyera un artículo. Entró en el despacho con un impermeable, pese al calor, y escondió bajo la ropa un piolet recortado. Cuando Trotsky se inclinó sobre el texto, lo golpeó en la cabeza. No murió al instante. Luchó, gritó, forcejeó con el agresor y pidió que no lo mataran, porque debía hablar. Esa resistencia permitió capturar vivo al asesino y exponer el vínculo con el aparato soviético.
Trotsky había descrito desde el exilio el régimen de Stalin como una revolución devorada por su propia burocracia. En La revolución traicionada, Trotsky escribió una de sus acusaciones más conocidas:
“La burocracia no solo ha vencido a la Oposición de Izquierda; ha vencido al Partido Bolchevique".
Su muerte fue una ejecución extraterritorial en la que el Estado soviético llevó hasta América Latina su maquinaria de persecución. Ramón Mercader cumplió veinte años de prisión en México; después fue recibido en el mundo comunista como héroe secreto, vivió sus últimos años y murió (1978) en la Cuba de Fidel Castro. El crimen de Coyoacán cerró una larga secuencia: el partido que había prometido emancipar a la humanidad terminaba asesinando, uno por uno, a sus propios fundadores.
Fuentes: International Spy Museum, “Trotsky Ice Axe”; Leon Trotsky House Museum; materiales históricos del Museo Casa de León Trotsky.
21 Agosto 1968 — Checoslovaquia. Invasión del Pacto de Varsovia
Tanques soviéticos y aliados aplastan la Primavera de Praga y abren dos décadas de ocupación y “normalización”.
La noche del 20 al 21 de agosto de 1968, tropas de la Unión Soviética, Polonia, Hungría y Bulgaria invadieron Checoslovaquia para detener y aplastar las reformas de la Primavera de Praga. La operación, conocida como Danubio, movilizó cientos de miles de soldados y tanques. Fue la mayor intervención militar en Europa desde la Segunda Guerra Mundial y estuvo dirigida desde Moscú como una advertencia para todo el bloque socialista.
Desde enero de 1968, Alexander Dubček, primer secretario del Partido Comunista checoslovaco, había impulsado una apertura limitada, pero real: relajación de la censura, debate público, rehabilitación de víctimas del estalinismo, reforma económica, mayor autonomía para eslovacos y checos y un intento de construir una sociedad más respirable, que identificó como “socialismo con rostro humano”. El programa no proponía abandonar el socialismo ni salir del Pacto de Varsovia, pero sí erosionaba el principio decisivo del imperio soviético: ningún país satélite podía decidir por sí mismo el alcance de sus reformas.
La invasión comenzó de noche. Tropas aerotransportadas tomaron el aeropuerto de Ruzyně, en Praga; columnas blindadas cruzaron las fronteras; la radio y la televisión fueron cercadas; la dirección checoslovaca fue detenida y trasladada a Moscú.
En una resistencia civil espontánea, la población respondió sin ejército propio en las calles: cambió señales de tráfico para confundir a los invasores, levantó barricadas, rodeó tanques, discutió con soldados que muchas veces ni siquiera sabían dónde estaban, y mantuvo emisiones clandestinas mientras pudo.
Una de las frases más conocidas del programa reformista checoslovaco procedía del Programa de Acción del Partido Comunista de Checoslovaquia, aprobado en abril de 1968. Allí se defendía que el socialismo no podía reducirse a disciplina estatal ni a obediencia burocrática:
“El socialismo no puede significar solo la liberación de los trabajadores de la dominación de las relaciones de clase explotadoras, sino que debe ofrecer más posibilidades para una vida plena de la personalidad que cualquier democracia burguesa".
Para Moscú, esa formulación era peligrosa no por anticomunista, sino precisamente porque intentaba reformar el comunismo desde dentro y prometía abrir un camino de búsqueda de libertad, sin censura, sin policía omnipresente y sin obediencia absoluta al Kremlin. La respuesta soviética fue el lenguaje que mejor conocía el imperio: ocupación militar, secuestro político de la dirigencia reformista y posterior imposición de la llamada “normalización”.
Fecha central en la historia de Europa. Lo que los discursos reformistas habían abierto con periódicos, debates y esperanzas, los tanques lo cerraron en una sola noche.
Fuentes: Office of the Historian, “Soviet Invasion of Czechoslovakia, 1968”; Seventeen Moments in Soviet History, “The Soviet-led Intervention in Czechoslovakia”; Action Programme of the Communist Party of Czechoslovakia, abril de 1968; The New Yorker, “The Day the Soviets Arrived to Crush the Prague Spring”.
23 Agosto 1939 — URSS, Moscú. Pacto Ribbentrop-Mólotov
La Alemania nazi y la Unión Soviética firman un pacto de no agresión para repartirse Europa oriental.
El 23 de agosto de 1939, en Moscú, la Alemania nazi y la Unión Soviética firmaron el Pacto Ribbentrop-Mólotov, llamado oficialmente "Tratado de No Agresión entre Alemania y la URSS". Lo suscribieron los ministros de Exteriores Joachim von Ribbentrop y Viacheslav Mólotov, bajo la mirada de Stalin, en el Kremlin. De cara al mundo, el documento prometía neutralidad entre dos potencias que durante años se habían presentado como enemigas ideológicas irreconciliables. En secreto, sin embargo, incluía un protocolo adicional que repartía territorios de Europa oriental en “esferas de influencia” alemana y soviética.
Durante años, el nazismo había presentado al bolchevismo como enemigo absoluto, y la propaganda soviética había hecho lo propio con el fascismo. Pero aquella noche, Stalin y Hitler sellaron un arreglo geopolítico. La firma cambió de inmediato el equilibrio europeo. Hitler obtenía la seguridad de no combatir en dos frentes al iniciar la guerra; Stalin ganaba tiempo, territorios y margen de maniobra. La consecuencia directa fue la destrucción de Polonia: Alemania la invadió el 1 de septiembre de 1939 y la Unión Soviética entró por el este el 17 de septiembre. En pocas semanas, el país quedó partido entre dos regímenes totalitarios que aplicaron ocupación militar, deportaciones, asesinatos, confiscaciones y destrucción.
La fuerza histórica del pacto está en su doble lenguaje. El tratado público hablaba de no agresión, consultas y neutralidad. El protocolo secreto hacía otra cosa: trazaba líneas sobre el mapa de Polonia, los Estados bálticos, Finlandia y Besarabia. Allí donde la diplomacia decía “paz”, el documento reservado preparaba ocupación. Allí donde la propaganda soviética denunciaba el fascismo, el Estado soviético negociaba con Hitler la suerte de naciones enteras.
El texto del Protocolo adicional secreto, conservado y publicado por el proyecto Avalon de la Universidad de Yale, fijaba la división territorial con una frialdad burocrática que revela el alcance criminal del acuerdo:
"En caso de una reorganización territorial y política de las áreas pertenecientes al Estado polaco, las esferas de influencia de Alemania y de la URSS estarán delimitadas aproximadamente por la línea de los ríos Narew, Vístula y San".
Y el mismo documento remataba su carácter conspirativo, el engaño y la manipulación de la opinión pública, con una cláusula explícita:
"Este protocolo será tratado por ambas partes como estrictamente secreto".
Así quedaba establecida en la historia la semejanza y la complicidad entre los dos grandes totalitarismos: nazismo y comunismo. Durante años, hasta la invasión alemana de la URSS en junio de 1941, este pacto permitió a Hitler y Stalin actuar sobre Europa oriental desde un cálculo común de fuerza. No fue una nota al pie de la Segunda Guerra Mundial, sino una de sus puertas de entrada para que las potencias imperiales se facilitaran mutuamente el despliegue inicial con total impunidad. La noche de Moscú del 23 de agosto fue una de las grandes bisagras trágicas del siglo XX europeo.
Fuentes: Avalon Project, Yale Law School, “Secret Additional Protocol”; United States Holocaust Memorial Museum, materiales sobre el pacto germano-soviético; House of European History, memoria europea del 23 de agosto.
24 Agosto 1954 — Estados Unidos, Washington. Communist Control Act
Estados Unidos aprueba una ley que declara fuera de la legalidad al Partido Comunista en pleno clima de Guerra Fría.
El 24 de agosto de 1954, el presidente Dwight D. Eisenhower firmó la Communist Control Act, una ley federal aprobada en el momento más duro del anticomunismo estadounidense de posguerra. El texto declaraba que el Communist Party of the United State no debía conservar los derechos, privilegios e inmunidades de una organización legal ordinaria, y extendía la presión sobre las llamadas “organizaciones de acción comunista”.
La norma nació en un país atravesado por la Guerra de Corea, el espionaje soviético, el caso Rosenberg, el auge del macartismo y el temor a la infiltración comunista en sindicatos, instituciones y agencias estatales. No era una ley aislada: formaba parte de un entramado legal y político iniciado con la Smith Act, la Internal Security Act de 1950 y las investigaciones del Congreso sobre actividades consideradas subversivas.
La redacción de la ley mezclaba seguridad nacional, lenguaje penal y definición ideológica del enemigo. El Partido Comunista aparecía descrito como instrumento de una conspiración internacional ligada a una potencia extranjera. La tensión central estaba es cómo una democracia constitucional respondía a una ideología totalitaria con una ley de excepción que, incluso entre anticomunistas, abrió debates sobre libertades civiles, asociación política y límites del Estado.
El texto legal incorporado al Código de Estados Unidos formulaba la acusación de manera inequívoca:
"El Partido Comunista de Estados Unidos [...] es instrumento de una conspiración para derrocar al Gobierno de Estados Unidos".
Al firmar la ley, Eisenhower explicó que el Congreso había añadido cláusulas destinadas a privar a los comunistas de derechos y privilegios bajo el Gobierno federal:
"El Congreso añadió a esta medida ciertas cláusulas que niegan a los comunistas todos los derechos, privilegios e inmunidades que poseen bajo el Gobierno federal".
La Communist Control Act tuvo una aplicación práctica limitada y quedó, con el tiempo, más como emblema político que como instrumento penal decisivo. No obstante, su valor histórico muestra hasta qué punto la expansión soviética, el espionaje y la militancia comunista organizada transformaron la vida legal de Occidente. En Washington, la Guerra Fría también se libró en el lenguaje de los códigos, en la compleja y dudosa frontera entre defensa democrática y exceso legislativo.
Fuentes: American Presidency Project, “Statement by the President Upon Signing the Communist Control Act of 1954”; U.S. Code, Communist Control Act of 1954.
26 Agosto 1968 — URSS, Moscú. Protocolo de Moscú
La dirigencia checoslovaca firma bajo presión soviética el documento que consagra el retroceso de la Primavera de Praga.
El 26 de agosto de 1968 quedó cerrado en Moscú el llamado Protocolo de Moscú, firmado tras tres días de negociaciones entre la dirigencia soviética y los líderes checoslovacos llevados a la capital soviética después de la invasión del Pacto de Varsovia. El documento fue la traducción política de los tanques que habían entrado en Praga la noche del 20 al 21 de agosto.
Los dirigentes checoslovacos no llegaron a Moscú como una delegación libre. Alexander Dubček, Oldřich Černík, Josef Smrkovský, Josef Špaček, Bohumil Šimon y František Kriegel habían sido detenidos y trasladados por tropas soviéticas. El presidente Ludvík Svoboda llegó a Moscú para negociar, pero el margen real era mínimo: la ocupación ya estaba consumada y la resistencia civil dentro de Checoslovaquia había impedido a Moscú imponer de inmediato un gobierno títere.
El protocolo obligaba a deshacer las conquistas políticas de la Primavera de Praga: disciplinar la prensa, invalidar el XIV Congreso extraordinario del Partido Comunista checoslovaco, restaurar el control del partido y aceptar la presencia militar soviética. La palabra que se impondría después sería “normalización”: un término administrativo para nombrar la restauración del miedo, la censura y las purgas.
František Kriegel fue el único de los dirigentes checoslovacos presentes que se negó a firmar el Protocolo de Moscú. Médico, comunista reformista y más tarde firmante de Carta 77, Kriegel explicó su negativa como rechazo a un documento nacido bajo ocupación militar:
"Me negué porque en este protocolo vi un documento que ataba las manos de mi país. Me negué a firmarlo porque la firma tuvo lugar en una atmósfera de ocupación militar de la República, sin consultar a las autoridades constitucionales y contra la voluntad del pueblo... el tratado no se firmó con una pluma, sino con cañones y metralletas".
Así quedaba al descubierto la lógica opresiva del dominio soviético y su expansión del comunismo mediante otras formas de "terror rojo". Primero era la invasión, luego el documento; primero la fuerza, luego la firma; primero los tanques, luego la apariencia de legalidad. El Protocolo de Moscú convirtió la derrota checoslovaca en acta política y abrió el camino a dos décadas trágicas de ocupación donde la ideología se mantuvo estuvo ligada a purgas, muerte y censura.
Fuentes: National Security Archive, “The Moscow Protocol, August 26, 1968”; Prague Peace Trail, perfil de František Kriegel; Encyclopedia.com, “Prague Spring”.
29 Agosto 1949 — URSS, Semipalátinsk. Primera bomba atómica soviética
La Unión Soviética rompe el monopolio nuclear estadounidense y abre una nueva fase del equilibrio del terror.
El 29 de agosto de 1949, a las siete de la mañana, la Unión Soviética detonó su primera bomba atómica en el polígono de Semipalátinsk (Kazajistán). El ensayo fue conocido por los soviéticos como “Primer Relámpago” y por los estadounidenses como “Joe-1”, en alusión a Stalin. Con esa explosión, Moscú entró en el club nuclear y terminó con el monopolio atómico que Estados Unidos conservaba desde Hiroshima y Nagasaki.
La prueba fue una operación de Estado dirigida con secreto extremo, vigilancia policial y control político. Ígor Kurchátov encabezó el programa científico; Lavrenti Beria, jefe del aparato represivo estalinista, supervisó el proyecto desde el poder. En torno a la bomba se cruzaron investigación nuclear, espionaje, trabajo forzado, militarización de la ciencia y competencia geopolítica.
El impacto en Washington fue enorme. Los cálculos estadounidenses suponían que la URSS tardaría más años en desarrollar un arma nuclear. La detección de residuos radiactivos por aviones estadounidenses confirmó que el equilibrio estratégico había cambiado. En pocos meses, el mundo entró en una nueva etapa: carrera armamentística, prueba de la bomba de hidrógeno, doctrina de disuasión y posibilidad permanente de destrucción recíproca.
El relato de PBS sobre los ensayos soviéticos describe la escena de la detonación y la presencia de Kurchátov y Beria en el puesto de mando:
"Kurchátov y un pequeño grupo de científicos se reunieron en el puesto de mando con Beria y su séquito. [...] Kurchátov dio la orden de detonación".
Una descripción de la primera prueba nuclear soviética, recoge el alivio que sintieron los científicos cuando se elevó el hongo de la explosión, por sus vidas:
"El alivio y la euforia en la sala eran abrumadores. Kurchatov exclamó: '¡Funciona! ¡Funciona!'. E Iulii Khariton, director científico de Arzamas, recuerda que Beria lo abrazó. Todos los científicos sabían que su destino personal dependía del éxito de la bomba. Uno de ellos comentó más tarde que, de haber fallado, los habrían fusilado a todos."
Con la primera explosión en Semipalátinsk, el siglo XX entró de lleno en la era del equilibrio del terror. La historia posterior del polígono añadiría una dimensión humana a la fecha, pues los pobladores de la región vivieron en adelante expuestos a ensayos y contaminación radiactiva. La bomba soviética nació como símbolo de poder del Estado estalinista y dejó una geografía de enfermedad y sacrificio humano.
Fuentes: PBS, “Soviet Tests”; National Security Archive, documentos sobre la detección del primer ensayo nuclear soviético; Naciones Unidas, Día Internacional contra los Ensayos Nucleares.
30 Agosto 1918 — Rusia, Moscú. Atentado de Fanny Kaplan contra Lenin
El intento de asesinato contra Lenin que sirvió de pretexto inmediato para la escalada del Terror Rojo.
El 30 de agosto de 1918, Fanny Kaplan disparó contra Vladímir Ilich Lenin a la salida de la fábrica Michelson, en Moscú, donde el líder bolchevique acababa de hablar ante obreros. Kaplan, una socialista revolucionaria que había pasado años en trabajos forzados bajo el zarismo, veía a Lenin como el responsable de haber destruido la pluralidad revolucionaria y clausurado la Asamblea Constituyente.
El atentado ocurrió en una jornada ya marcada por la violencia política. Ese mismo día, en Petrogrado, había sido asesinado Moiséi Uritski, jefe de la Cheka local. Para los bolcheviques, ambos hechos sirvieron como señal de emergencia y como justificación para lanzar una represión de escala mucho mayor. La respuesta no se limitó a investigar autores o redes concretas: el régimen convirtió el episodio en argumento para institucionalizar el terror contra enemigos reales, potenciales o fabricados.
Kaplan fue detenida casi de inmediato. Durante el interrogatorio se negó a revelar cómplices y asumió la responsabilidad política del ataque. Las versiones sobre su papel exacto han sido discutidas por historiadores, pero la declaración que se le atribuye muestra el núcleo de su motivación: Lenin, para ella, había traicionado la revolución al imponer el poder de un solo partido.
La declaración de Fanny Kaplan, reproducida por Spartacus Educational y otras recopilaciones históricas, recoge esa acusación:
"Me llamo Fanya Kaplan. Hoy disparé contra Lenin. Lo hice por mi cuenta. [...] Había decidido matar a Lenin desde hacía mucho tiempo. Lo considero un traidor a la Revolución".
Kaplan fue ejecutada el 3 de septiembre de 1918, sin juicio público. Dos días después, el gobierno soviético aprobó el decreto que formalizó el Terror Rojo. La prensa bolchevique había preparado el clima con llamados a la venganza y al exterminio de la contrarrevolución. Según Time, el decreto del 5 de septiembre sancionó el “terror de masas” y prescribió que los fusilamientos masivos fueran aplicados sin vacilación.
Lenin sobrevivió a los disparos, aunque su salud quedó dañada; miles de personas no sobrevivieron a la maquinaria represiva que el régimen desató a continuación. El episodio revela cómo una violencia puntual fue convertida en una política de Estado que implantó el terror sistemático.
Fuentes: YIVO Encyclopedia, “Kaplan, Fannie Efimovna”; Spartacus Educational, “Fanya Kaplan”; Time, “How the Red Terror Exposed the True Turmoil of Soviet Russia 100 Years Ago”.
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