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Efemérides | Calendario anticomunista: efemérides de septiembre

Las efemérides de septiembre reúnen crisis políticas, enfrentamientos ideológicos y testimonios culturales ligados al comunismo.

Calendario anticomunista. Efemérides de septiembre. Vuelo en bloqueo a Berlín occidental (1948), exposición del Bulldozer, Piedra Solovetsky de Moscú, AbImael Guzmán capturado, reunión del PCE, tanques soviéticos y columna nazi (Polonia).
Calendario anticomunista. Efemérides de septiembre. Vuelo en bloqueo a Berlín occidental (1948), exposición del Bulldozer, Piedra Solovetsky de Moscú, AbImael Guzmán capturado, reunión del PCE, tanques soviéticos y columna nazi (Polonia).

Efemérides de septiembre

El mes de septiembre concentra efemérides del comunismo vinculadas a conflictos internacionales, procesos revolucionarios y momentos clave de la Guerra Fría. Estas fechas permiten seguir la expansión del modelo comunista y las respuestas que generó en distintos contextos.

Entre las efemérides anticomunistas de septiembre aparecen hechos relacionados con tensiones geopolíticas, la consolidación de regímenes de partido único y la actividad de figuras culturales e intelectuales que documentaron la vida bajo estos sistemas.

Las efemérides de septiembre permiten observar la relación entre ideología, poder estatal y sociedad, así como las formas de resistencia que emergieron frente a la represión política y el control cultural.

Este conjunto de fechas reúne acontecimientos políticos, trayectorias personales y obras que contribuyen a una comprensión documentada del comunismo y de su impacto histórico.



► DEL 1 AL 10 DE SEPTIEMBRE

3 Septiembre 1948 — Checoslovaquia, Sezimovo Ústí. Muere Edvard Beneš

Tras la toma del poder comunista, muere el último gran símbolo de la Checoslovaquia democrática.

El 3 de septiembre de 1948 murió Edvard Beneš en su residencia de Sezimovo Ústí, en Bohemia del Sur, apenas tres meses después de haber abandonado la presidencia de Checoslovaquia. Su renuncia, el 7 de junio de 1948, fue el desenlace político del golpe de Estado comunista de febrero, cuando el Partido Comunista, dirigido por Klement Gottwald, tomó el control total del Estado. Beneš se negó a firmar la nueva Constitución de corte soviético, que consagraba el sistema de partido único, y optó por retirarse antes que legitimar el nuevo régimen.

Beneš había sido una figura clave en la historia del país: colaborador directo de Tomáš Garrigue Masaryk, arquitecto de la diplomacia checoslovaca en el periodo de entreguerras, presidente en dos etapas y jefe del gobierno en el exilio durante la Segunda Guerra Mundial. Su figura representaba la continuidad de una tradición republicana, parlamentaria y europea que el comunismo buscaba borrar. Su muerte fue parte de un proceso de demolición institucional acelerado.

El año 1948 trajo una secuencia de rupturas. En marzo murió en circunstancias nunca esclarecidas Jan Masaryk, ministro de Exteriores y símbolo de la continuidad democrática; en mayo se celebraron elecciones sin competencia real; en junio Beneš dimitió; en septiembre murió, enfermo y políticamente destruido. Cada paso marcaba la consolidación del nuevo poder comunista y el fin de la legalidad republicana.

El golpe de febrero había sido presentado como una crisis política interna, pero en realidad respondió a la estrategia soviética de asegurar el control total de Europa central. La eliminación de figuras como Beneš se hizo mediante aislamiento, presión política, manipulación institucional y desgaste. Su muerte simbolizó el cierre de una etapa en la historia de Checoslovaquia. En un discurso anterior a la ocupación soviética de 1938, Beneš había advertido sobre la fragilidad de los Estados pequeños frente a las grandes potencias, reflexión que adquiriría un sentido trágico en 1948:

"Las naciones pequeñas deben apoyarse en la fortaleza de sus instituciones y en la voluntad de su pueblo".

Con su muerte desapareció uno de los últimos referentes de la Checoslovaquia libre. El nuevo régimen ya no tenía delante una figura que encarnara la legitimidad anterior, así se despejaba el camino de subordinación al imperio soviético.

Fuentes: Encyclopaedia Britannica, “Edvard Beneš”; Office of the Historian, documentación sobre Checoslovaquia 1948.


4 Septiembre 2002 — Rusia, San Petersburgo. Se instala la Piedra Solovetski

Un fragmento del Gulag, el archipiélago del terror soviético, es llevado al corazón de la ciudad como símbolo de memoria.

El 4 de septiembre de 2002 fue inaugurada en San Petersburgo la Piedra Solovetski, un bloque de granito traído desde las islas Solovkí, en el mar Blanco, uno de los primeros y más emblemáticos centros del sistema soviético de campos de trabajo forzado. La instalación del monumento convirtió un objeto geográfico en un testimonio histórico, un símbolo del dolor macizo de generaciones reducidas a cifras carcelarias y de muerte anónima. La roca extraída de un lugar de represión que siempre se había intentado ocultar, quedó instalada en medio del espacio urbano, en representación de las víctimas del terror.

Las islas Solovkí habían sido un antiguo monasterio ortodoxo convertido en campo de prisioneros por los bolcheviques en los años veinte. Allí se experimentaron formas de trabajo forzado, aislamiento y represión que luego se expandirían por todo el sistema del Gulag. Intelectuales, religiosos, opositores políticos y ciudadanos comunes pasaron por ese lugar, sometidos a condiciones extremas.

Desde 1929 hasta la muerte de Stalin (1953), se estima que unos 18 millones de personas pasaron por este sistema de represión masiva. Y de los 18 millones, se estima que 4,5 millones nunca regresaron.

El historiador Anne Applebaum, en su obra "Gulag: Historia de los campos de concentración soviéticos"  (2003) resume la lógica de estos lugares como espacios diseñados para desaparecer sin dejar rastro:

"Los campos no estaban destinados a ser vistos, y su historia estaba destinada a ser olvidada".

La Piedra Solovetski invierte esa lógica: convierte lo oculto en visible, lo negado en memoria pública. La piedra instalada en San Petersburgo prescinde de monumentalidad clásica. No hay figuras heroicas ni narrativas escultóricas, solamente una masa mineral, sobria, silenciosa, que actúa como evidencia contundente. 

Esa elección estética respondía a la lógica de no glorificar, sino recordar; no explicar, sino revelar y permanecer. El monumento conectó físicamente el espacio urbano contemporáneo con el territorio donde se ejerció la violencia estatal, como un recordatorio palpable de que el terror soviético tuvo lugares y nombres concretos.

Fuentes: materiales sobre memoria del Gulag; historia del archipiélago de Solovkí; estudios sobre monumentos a víctimas del comunismo.


6 Septiembre 1945 — España, Madrid. Asesinan a Gabriel León Trilla

Un joven dirigente comunista es eliminado por sus propios camaradas, en un episodio de las típicas purgas internas.

El 6 de septiembre de 1945 fue asesinado en Madrid Gabriel León Trilla, uno de los fundadores del Partido Comunista en España, un hombre culto, catedrático. El crimen ocurrió en el contexto de clandestinidad, persecución política y reorganización del comunismo español tras la Guerra Civil. Trilla no fue víctima de un enemigo político externo, sino de sus propios camaradas.

La reconstrucción más aceptada sitúa el asesinato tras una cita organizada mediante engaño. Una mujer de su confianza le propuso una cita frente a un cine, donde aparecieron los sicarios que lo llevaron a punto de pistola hacia una zona apartada, junto a un cementerio, donde lo apuñalaron repetidamente. A sus gritos acudieron vecinos que pasaban por allí y lo llevaron a la Casa de Socorro, pero en vano, porque Trilla murió a las pocas horas. 

Crimen ejecutado por militantes comunistas en el marco de luchas internas, sospechas, acusaciones y purgas características de la cultura política del estalinismo que se exportó fuera de la Unión Soviética, en especial en España en el contexto de la Guerra Civil, donde la Cheka había llegado a tener sus propias sedes de interrogatorios y torturas.

Durante la posguerra, el Partido Comunista de España operaba en la clandestinidad y bajo fuerte influencia de Moscú. Entonces las acusaciones de traición, desviación ideológica o deslealtad se convertían usualmente en sentencias de muerte. El caso de Trilla ilustra cómo esas dinámicas no se limitaban al aparato estatal soviético, sino que se reproducían en estructuras partidarias en otros países.

Su perfil estaba borrado de la historia, hasta las investigaciones de Gregorio Morán y Jorge Semprún, quien denunció la falta de explicaciones y la opacidad con que el partido trató el asesinato. La memoria de Trilla había quedado oportunamente relegada, como ocurrió con muchos otros casos incómodos para la narrativa oficial del movimiento ideológico. Incluso los hijos de Trilla tenían la convicción equivocada de que su padre había muerto a manos del franquismo. Semprún describió ese tipo de violencia interna como parte de los estragos de una ideología totalitaria, ejecutada por maleantes que se creían autorizados a usar cualquier método en nombre de un supuesto fin superior, lógica política que no admitía disidencia:

“El partido no podía equivocarse; por tanto, el error era siempre del individuo.”

La orden de ejecución provino del Comité Central del Partido Comunista de España, y más exactamente de  Santiago Carrillo (Secretario General) y Dolores Ibarruri, ‘la Pasionaria’. Voluntad ejecutada por Francisco Esteban Carranque y José Olmedo González, alias ‘el Gitano’. Este último luego se arrepentiría, antes de asistir a su propio fusilamiento en 1948 (Enrique Berzal: "Asesinado a manos de sus camaradas"):

"... antes de morir confesó a sus colegas de presidio en Ocaña lo mucho que sentía haber asesinado a un camarada acusado injustamente de traidor." 

El asesinato dejó una marca sombría dentro de la historia del comunismo español del exilio y de la posguerra. Claro ejemplo de una dimensión menos visible del comunismo, la violencia injustificada y letal ejercida dentro de sus propias filas, incluso a veces más extendida y opaca. 

Fuentes: estudios sobre el PCE en la posguerra; testimonios de Jorge Semprún; Enrique Berzal, “Asesinado a manos de sus camaradas”; referencias a Jorge Semprún y a estudios sobre Gabriel León Trilla.


6 Septiembre 1991 — URSS, Moscú. Independencia de Estonia, Letonia y Lituania

El poder soviético admite la pérdida de los Estados bálticos tras medio siglo de ocupación.

El 6 de septiembre de 1991, el Consejo de Estado de la Unión Soviética reconoció oficialmente la independencia de Estonia, Letonia y Lituania, poniendo fin, en términos jurídicos, a décadas de dominio soviético sobre las tres repúblicas bálticas. La decisión llegó pocas semanas después del intento de golpe de Estado en Moscú, que debilitó irreversiblemente al centro soviético.

Los Estados bálticos habían sido incorporados a la URSS en 1940 tras el pacto germano-soviético y la ocupación militar. Durante décadas, esa anexión fue considerada ilegal por gran parte de la comunidad internacional. La experiencia báltica bajo el comunismo dejó una historia de terror con enormes cifras de vidas humanas destrozadas.

Entre 1940 y 1941, durante la primera ocupación soviética, la represión en los países bálticos provocó decenas de miles de víctimas directas: una síntesis de Gulag Online estima 34.000 víctimas en Letonia, 60.000 en Estonia y 75.000 en Lituania, incluyendo deportaciones, encarcelamientos, ejecuciones y otras formas de persecución política. La anexión soviética vino acompañada de arrestos de élites políticas, militares, religiosas, empresariales e intelectuales, además de la destrucción de las instituciones nacionales. 

La segunda ocupación soviética profundizó esa violencia. En la Operación Priboi, entre el 25 y el 29 de marzo de 1949, más de 90.000 estonios, letones y lituanos fueron deportados a asentamientos forzosos en Siberia y otras zonas remotas de la URSS; la operación buscaba quebrar la resistencia antisoviética y acelerar la colectivización. Solo en esa deportación, las cifras aproximadas fueron 20.480 deportados de Estonia, 41.708 de Letonia y 28.656 de Lituania, con miles de mujeres, ancianos y niños entre las víctimas.

En 1990, Lituania declaró su independencia, seguida por Estonia y Letonia. Entonces Moscú intentó frenar el proceso mediante presión política y, en algunos casos, fuerza militar, como en los sucesos de Vilna en enero de 1991. Sin embargo, la crisis interna soviética aceleraría el colapso del sistema.

Con el reconocimiento del 6 de septiembre, la URSS aceptaba que ya no podía sostener su dominio sobre territorios que nunca habían renunciado a su soberanía. Era un paso más hacia la disolución completa del Estado soviético en diciembre de ese mismo año.

El Acta de Restablecimiento del Estado de Lituania, aprobada por el Consejo Supremo lituano el 11 de marzo de 1990, no proclamaba el nacimiento de un Estado nuevo, sino la continuidad jurídica de la Lituania independiente anterior a la ocupación soviética de 1940, y la recuperación de una soberanía abolida por la fuerza:

"El Consejo Supremo de la República de Lituania, expresando la voluntad de la nación, decreta y proclama solemnemente que se restablece el ejercicio de los poderes soberanos del Estado de Lituania, abolidos por fuerzas extranjeras en 1940, y que, a partir de ahora, Lituania vuelve a ser un estado independiente".

Vytautas Landsbergis, líder lituano, expresó la dimensión histórica de ese momento como recuperación de una continuidad nacional interrumpida:

"No estamos creando un nuevo Estado, estamos restaurando la independencia que nos fue arrebatada".

Este día marca el momento en que el imperio soviético perdió el control de los países bálticos. Lejos de significar una concesión voluntaria, fue el resultado de décadas de resistencia y un gran número de víctimas.

Fuentes: cronologías sobre la disolución de la URSS; Encyclopaedia Britannica; estudios sobre la independencia báltica.


► DEL 11 AL 20 DE SEPTIEMBRE

11 Septiembre 1989 — Hungría / Austria. Brecha abierta en el Telón de Acero

Hungría abre su frontera occidental y permite la salida masiva de ciudadanos del bloque comunista.

El 11 de septiembre de 1989, Hungría abrió oficialmente su frontera con Austria para los ciudadanos de la República Democrática Alemana. La medida permitió la salida masiva de miles de alemanes orientales hacia Occidente y se convirtió en uno de los episodios decisivos del colapso del bloque soviético en Europa.

La decisión fue el resultado de un proceso iniciado meses antes. En mayo, Hungría había comenzado a desmontar los sistemas de seguridad electrónica y las vallas de alambre de púas a lo largo de su frontera occidental. En agosto, el llamado Picnic Paneuropeo permitió una primera fuga simbólica. Pero fue en septiembre cuando la apertura se convirtió en política oficial: las autoridades húngaras aceptan abrir su frontera a los refugiados de Alemania Oriental y dejan de impedir el tránsito hacia Austria.

El impacto fue inmediato. Decenas de miles de personas salieron por esa ruta. Familias enteras cruzaron la frontera, a menudo tras semanas acampadas en territorio húngaro. La República Democrática Alemana perdía uno de los pilares de su sistema: la capacidad de impedir la salida de sus ciudadanos.

La decisión húngara representó una ruptura dentro del propio bloque comunista. Por primera vez, un Estado socialista desobedecía de facto el principio de control total sobre la movilidad de la población.

El excanciller alemán Helmut Kohl declaró el 4 octubre de 1990, al día siguiente de la reunificación de Alemania:

"Fue en Hungría donde botaron la primera piedra del Muro de Berlín."

Quedaba en evidencia que el sistema comunista europeo ya no podía sostener su arquitectura carcelaria sobre los pueblos. Después que se abrió apenas un tramo de frontera, el resto del gran muro comenzó a derrumbarse. Por eso, solamente dos meses después, cayó el Muro de Berlín.

Fuentes: Gobierno Federal de Alemania; Encyclopaedia Britannica; cronologías del fin del bloque soviético.


12 Septiembre 1953 — URSS, Moscú. Jrushchov sustituye a Stalin

La dirigencia soviética encuentra un nuevo jefe político mientras intenta preservar intacto el sistema construido por Stalin.

El 12 de septiembre de 1953 el Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética eligió a Nikita Jrushchov como primer secretario del partido, apenas seis meses después de la muerte de Stalin. El nombramiento cerraba la primera etapa de la lucha por la sucesión dentro del Kremlin. Desde marzo, el poder había estado repartido entre figuras como Georgi Malenkov, Lavrenti Beria, Viacheslav Mólotov y el propio Jrushchov, en una atmósfera de sospecha mutua y maniobras internas.

La muerte de Stalin, el 5 de marzo de 1953, no había significado el final inmediato del terror ni del aparato construido durante décadas. El Gulag seguía funcionando, la policía política seguía intacta y millones de personas permanecían bajo vigilancia estatal. Lo que estaba en disputa no era la existencia del sistema soviético, sino quién lo administraría. En junio, Beria —jefe del aparato represivo— fue arrestado por sus propios compañeros de presidium y posteriormente ejecutado. El nuevo equilibrio comenzó entonces a inclinarse hacia Jrushchov.

El ascenso de Jrushchov coincidió con un momento de tensión internacional y miedo interno. Apenas tres meses antes, obreros de Berlín Oriental se habían sublevado contra el régimen comunista y los tanques soviéticos habían sofocado el levantamiento. En Moscú, la dirigencia comprendía que debía reorganizar el poder sin dar señales de debilidad. Jrushchov apareció como una figura capaz de conservar el monopolio político del partido mientras introducía ajustes limitados para estabilizar el sistema.

Años después, en su célebre “discurso secreto” (25 de febrero de 1956), Jrushchov denunciaría parcialmente los crímenes de Stalin ante el XX Congreso del Partido Comunista. Aunque incluso esa crítica tenía límites precisos: no cuestionaba el partido único ni el sistema soviético, sino los “excesos” personales del estalinismo. En ese discurso, describió el clima de terror heredado del estalinismo:

"Stalin fue el creador del concepto de 'enemigo del pueblo'. Este término automáticamente hizo innecesario probar los errores ideológicos de un hombre o de varios hombres involucrados en una controversia; posibilitó el uso de la represión más cruel, violando todas las normas de la legalidad revolucionaria, contra cualquiera que discrepara de Stalin."

Este día marcó el inicio de una nueva etapa del poder soviético. Cambiaba el rostro del Kremlin, se reconocían "errores" de Stalin encapsulando periodos de terror en torno a su personalidad, pero la estructura del poder permanecía intacta. No desaparecerían el monopolio político, la censura, el control policial ni la subordinación de Europa oriental. La URSS entraba en la era de Jrushchov, que duraría poco más de una década. Gracias al cerco de las conspiraciones de Leonid Brézhnev, el 14 de octubre de 1964 el Presidium y el Comité Central decidieron aceptar su retiro "voluntario" de sus funciones.

Fuentes: cronologías históricas de septiembre en tus archivos. Fuentes complementarias: History, “Khrushchev elected Soviet leader”; Encyclopaedia Britannica, “Nikita Khrushchev”.


12 Septiembre 1992 — Perú, Lima. Capturan a Abimael Guzmán (Sendero Luminoso)

La policía peruana captura al fundador de Sendero Luminoso tras doce años de guerra maoísta y terror.

El 12 de septiembre de 1992 fue capturado en Lima Abimael Guzmán Reynoso, fundador y máximo dirigente del Partido Comunista del Perú–Sendero Luminoso (1970), organización maoísta responsable de una de las campañas de violencia más devastadoras de América Latina en las últimas décadas del siglo XX. La operación fue realizada por el Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) en una vivienda del distrito limeño de Surquillo, después de meses de vigilancia clandestina, seguimientos y análisis minucioso de la red senderista.

Conocer la caída de Guzmán tuvo un enorme impacto simbólico porque Sendero Luminoso había construido en torno a él una imagen casi mística. Se hacía llamar la "cuarta espada" del marxismo (Marx, Lenin, Mao y él). Identificado entre sus seguidores como “Presidente Gonzalo”, con su propia doctrina ("Pensamiento Gonzalo: un sistema de obediencia cerrado, vertical y mesiánico), defendía una interpretación extrema del maoísmo basada en la “guerra popular prolongada”, el terror revolucionario y la destrucción violenta del Estado. 

Desde 1980, la organización había dejado un rastro de masacres campesinas, asesinatos selectivos, coches bomba y ejecuciones públicas en amplias regiones del país. La Comisión de la Verdad y Reconciliación del Perú estimó años después que ese conflicto armado dejó cerca de 69.000 muertos o desaparecidos, atribuyendo a Sendero Luminoso la principal responsabilidad de la violencia (unas 31,331 muertes). El grupo había asesinado dirigentes sindicales, campesinos, maestros, autoridades locales e incluso comunidades indígenas que rechazaban someterse a su control. Entre los conceptos y acuerdos más sangrientos que impulsaron a la organización, estaba el de la "cuota de sangre":

"... el acuerdo de mayo de 1981 sobre la denominada 'cuota' (de sangre) necesaria para el triunfo de la revolución. Guzmán incita a sus militantes a 'llevar la vida en la punta de los dedos' y estar dispuestos a morir por su revolución. Pero, sobre todo, a matar por la revolución, y hacerlo de los modos más brutales.

También se menciona otra decisión letal, la de "batir el campo", desatando una ola de terror (pero también de rebeliones) incluso entre aquellos sectores campesinos más vulnerables donde el grupo terrorista aspiraba a encontrar apoyo.

"... la decisión de 'batir el campo' (y batir es 'arrasar y no dejar nada'), crear vacíos de poder y conformar los Comités Populares que constituían el germen del 'nuevo poder' senderista. Es en este preciso momento, al dirigir su violencia contra la sociedad campesina sobre la que pretendía asentarse, que el PCP-SL abre la Caja de Pandora que no podrá controlar."

Abimael Guzmán reconocía abiertamente su fascinación por el terror como método comunista. Abordó el tema en la llamada “Entrevista del siglo”, concedida a El Diario en 1988, hablando sobre la condición necesaria de la violencia en la "guerra popular" y el exterminio de la clase enemiga, para aniquilar al enemigo y preservar la organización:

“Nosotros enjuiciamos, en último término, estos problemas a la luz del principio básico de la guerra establecido por el Presidente Mao: el principio de aniquilar las fuerzas del enemigo y preservar las propias; y sabemos muy bien que la reacción ha aplicado, aplica y aplicará el genocidio, de eso estamos sumamente claros. Y, en consecuencia se nos plantea el problema de la cuota; la cuestión de que para aniquilar al enemigo y preservar las propias fuerzas y más aún desarrollarlas hay que pagar un costo de guerra, un costo de sangre, la necesidad del sacrificio de una parte para el triunfo de la guerra popular.”

Su captura ocurrió lejos de la imagen guerrillera que Sendero intentaba proyectar. Guzmán fue detenido escondido en una residencia urbana, junto a otros dirigentes, en una operación sin enfrentamiento armado. Días después, el gobierno peruano difundió las imágenes del líder senderista dentro de una jaula, vestido con uniforme a rayas. Aquella escena recorrió el mundo y se convirtió en uno de los grandes símbolos visuales del derrumbe de la insurgencia maoísta peruana. Aunque su captura no puso fin inmediato al conflicto peruano, sí destruyó el núcleo dirigente de Sendero Luminoso y quebró el aura de invulnerabilidad construida alrededor de Guzmán. La guerra maoísta continuaría algunos años más, aunque desde entonces ya no volvería a tener la misma capacidad de expansión ni el mismo poder de terror sobre el país.

Fuentes: Comisión de la Verdad y Reconciliación del Perú; documentación histórica sobre el GEIN; Encyclopaedia Britannica, “Shining Path”.


13 Septiembre 1968 — Checoslovaquia, Praga. El régimen impone otra vez la censura

La libertad de prensa conquistada durante la Primavera de Praga es anulada pocas semanas después de la invasión soviética.

El 13 de septiembre de 1968 el Parlamento checoslovaco aprobó medidas extraordinarias que restablecían la censura sobre la prensa, la radio y la televisión, apenas tres semanas después de la invasión del Pacto de Varsovia. La decisión marcó uno de los primeros pasos concretos para desmontar la Primavera de Praga y restaurar el control ideológico del bloque soviético sobre Checoslovaquia.

Durante los meses anteriores, el país había vivido uno de los periodos de mayor libertad pública dentro del mundo comunista. Periódicos, revistas y programas de radio comenzaron a discutir abiertamente los crímenes del estalinismo, la corrupción burocrática y la necesidad de reformas políticas. Intelectuales como Ludvík Vaculík, Milan Kundera o Pavel Kohout participaron en un debate nacional que desbordó rápidamente los límites tolerados por Moscú.

La invasión soviética del 20–21 de agosto no bastó por sí sola para restaurar la obediencia. Era necesario reconstruir también el control sobre la palabra pública. Por eso la censura reapareció casi de inmediato: primero mediante ocupación militar, luego mediante legislación, purgas editoriales y vigilancia política. Lo que en junio había sido libertad de discusión volvía a convertirse en silencio administrado por el Estado.

En el manifiesto “Las dos mil palabras” (Two Thousand Words to Workers, Farmers, Officials, Scientists, Artists, and Everyone) redactado por el escritor Ludvík Vaculík y publicado el 27 de junio de 1968, durante la Primavera de Praga, con el respaldo de numerosos intelectuales, artistas, científicos y figuras públicas, se había advertido meses antes sobre la importancia de defender el espacio de libertad conquistado por la sociedad checoslovaca. El texto defendía que la apertura checoslovaca no podía quedar en manos exclusivas del aparato comunista: la sociedad debía vigilar a los dirigentes, exigir responsabilidades y proteger las libertades recién conquistadas. En una de sus frases centrales, el manifiesto vinculaba directamente la posibilidad de actuar políticamente con la libertad de hablar y discutir en público:

"Solo se puede llegar a conclusiones comunes y acordadas mediante una discusión que exige libertad de expresión: el único logro democrático que podemos atribuirnos este año".

La censura “temporal” introducida en septiembre de 1968 duraría en realidad más de veinte años. Miles de periodistas, escritores, profesores y artistas serían expulsados de sus trabajos durante el periodo de “normalización” impuesto por el régimen. La Primavera de Praga no terminó solamente bajo las cadenas de los tanques soviéticos: terminó también en oficinas de censura, redacciones vigiladas y bibliotecas prohibidas.

Fuentes: CIAO / Columbia University, estudios sobre la ley de prensa checoslovaca; materiales históricos sobre la Primavera de Praga; textos de Ludvík Vaculík.


15 Septiembre 1974 — URSS, Moscú. El régimen destruye la “Exposición del Bulldozer”

La policía soviética aplasta con excavadoras y cañones de agua una muestra de arte independiente en las afueras de Moscú.

El 15 de septiembre de 1974, en un terreno vacío del distrito moscovita de Beliáyevo, artistas no oficiales intentaron organizar una exposición fuera de los canales controlados por el Estado soviético. La respuesta inmediata reunió policías, agentes de seguridad y obreros enviados por las autoridades que irrumpieron con bulldozers, camiones cisterna y maquinaria pesada para destruir cuadros y esculturas delante incluso de periodistas.

Desde Stalin todo arte que desconociese las normas del "realismo socialista" se consideraba sospechoso o indecente. La llamada “Exposición del Bulldozer” reunió a artistas vinculados al arte inconformista soviético, entre ellos Oskar Rabin, Vitaly Komar, Alexander Melamid y otros creadores marginados por la imposición oficial del realismo socialista. Muchos de ellos trabajaban en condiciones semiclandestinas, exhibiendo obras en apartamentos privados o círculos reducidos para escapar del control estatal.

"Se limitaron en gran medida a trabajar y exhibir dentro de sus propios apartamentos, estudios y sótanos. Estos espacios privados se convirtieron en salones informales donde se reunieron pequeños círculos de amigos y conocidos Para ver el nuevo trabajo, beber hasta altas horas de la noche, intercambiar ideas, recitar poesía, interpretar música y hacer circular literatura ilegal."

Y en uno de esos encuentros clandestinos, dentro de la trinchera doméstica de la vida marginal que llevaban los artistas inconformes, surgió la idea de tomar momentáneamente un espacio para sacar sus obras al aire libre. Del archivo documental "La exposición Bulldozer: cuando los soviéticos intentaron (y fracasaron) literalmente aplastar una exposición de arte":

"En ausencia de libertad de expresión y de críticas independientes, la mesa de la cocina se convirtió en foro y línea de vida. Fue durante una noche de este tipo en el apartamento de Oskar Rabin, más de cuatro décadas después de que el arte no oficial había sido suprimido por primera vez, que la idea surgió para finalmente sacar el arte subterráneo de estos interiores cerrados y llevarlo al aire libre."

Imágenes del operativo recorrieron el mundo porque condensaban de manera brutal la relación del régimen soviético con la cultura independiente: excavadoras contra pinturas, agua a presión contra los lienzos de la libertad artística. La represión resultó tan escandalosa que días después las autoridades permitirían otra exposición mucho más limitada, intentando reducir el costo internacional del episodio.

El pintor soviético Oskar Rabin, figura central del arte no oficial y uno de los organizadores de la exposición destruida, explicó en una entrevista tardía que su obra no había nacido de una voluntad de propaganda, sino de una solidaridad íntima con quienes eran perseguidos por el sistema comunista. Al hablar de sus motivos religiosos y de su cuadro Rey de los Judíos, Rabin recordó el clima de persecución antirreligiosa en la Unión Soviética y situó su pintura siempre del lado de los humillados:

“Perseguían la religión constantemente, y yo quería expresar mi solidaridad con los creyentes perseguidos. [...] Hay quienes siempre están del lado de los vencedores y pertenecen a la manada de vencedores. Y hay quienes pertenecen a los perseguidos; mi solidaridad está con ellos.”

La destrucción de la exposición mostró que el control soviético no se limitaba a la política o la economía, también alcanzaba la imaginación, la estética y la memoria cultural. En el Moscú de 1974, incluso una exposición de pintura podía ser tratada como una rebelión que debía aplastarse.

Fuentes: Radio Free Europe/Radio Liberty, historia de la Bulldozer Exhibition; estudios sobre arte no conformista soviético; testimonios de Oskar Rabin.


17 Septiembre 1939 — Polonia, frontera oriental. La URSS invade el este del país

El Ejército Rojo entra en Polonia y ejecuta la cláusula secreta del pacto firmado semanas antes con Hitler.

El 17 de septiembre de 1939, mientras el ejército polaco combatía todavía la invasión alemana iniciada el 1 de septiembre, tropas soviéticas cruzaron la frontera oriental de Polonia por orden de Stalin. La operación ejecutaba el protocolo secreto del pacto Ribbentrop-Mólotov firmado apenas tres semanas antes entre la Alemania nazi y la Unión Soviética.

Moscú presentó la invasión como una misión de protección para las minorías ucranianas y bielorrusas tras el supuesto colapso del Estado polaco. En realidad, se trataba de una ocupación coordinada con el Tercer Reich. Polonia quedó atrapada entre dos potencias totalitarias que, pese a proclamarse enemigas ideológicas, actuaban entonces como aliados tácticos en el reparto territorial de Europa oriental.

Viacheslav Mijáilovich Mólotov (Comisario del Pueblo para Asuntos Exteriores), quien había firmado en nombre de la URSS el pacto con la Alemania nazi, entregó este día una nota al embajador polaco en Moscú, Wacław Grzybowski, cuando incluso ya las tropas soviéticas habían cruzado las fronteras polacas. El documento presentaba la invasión como consecuencia de la supuesta desaparición del Estado polaco, una fórmula usada por Moscú para declarar inválidos los tratados soviético-polacos y justificar la ocupación del este del país. Con esta nota se sentenciaba la invasión bajo el pretexto de proteger incluso a los pueblos de Ucrania y Bielorrusia, en lo que era una clara implementación del acto de rapiña pactado con Hitler:

"Polonia ha perdido todas sus regiones industriales y centros culturales. Varsovia, como capital de Polonia, ya no existe. El Gobierno polaco se ha dispersado y no da señales de vida. Esto significa que el Estado polaco y su Gobierno, de hecho, han dejado de existir. Por este hecho en sí mismo, los tratados concluidos entre la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y Polonia han perdido su validez. Abandonada a su suerte y sin liderazgo, Polonia se ha convertido en un terreno fértil para todo tipo de eventualidades y contingencias imprevistas que pueden constituir una amenaza para la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Por lo tanto, habiendo sido neutral hasta ahora, el Gobierno soviético ya no puede adoptar una actitud neutral ante estos hechos. El Gobierno soviético tampoco puede ser indiferente al hecho de que los ucranianos y rusos blancos emparentados que viven en territorio polaco, abandonados a merced del destino, queden indefensos. En vista de esta situación, el Gobierno soviético ha dado instrucciones al Alto Mando del Ejército Rojo para que ordene a sus fuerzas cruzar la frontera polaca y tomar bajo su protección la vida y los bienes de la población del oeste de Ucrania y del oeste de Bielorrusia.

Solamente en la primera oleada, Stalin envió más de 460.000 soldados y unos 5.500 vehículos blindados de combate contra Polonia, apoyados además por unos 1.800 aviones. 

Del lado polaco, una orden del comandante en jefe Edward Rydz-Śmigły (fechada este mismo día), muestra el desconcierto estratégico. Ya Polonia se defendía de Alemania, cuando sufren el zarpazo soviético, entonces se ordenó la retirada hacia Rumanía y Hungría, evitando combate con los soviéticos salvo ataque o intento de desarme:

"Ordeno la retirada general hacia Rumanía y Hungría por las rutas más cortas. No luchar contra los bolcheviques, salvo en caso de ataque por su parte o intento de desarmar a las tropas".

La ocupación soviética abrió inmediatamente una etapa de deportaciones masivas, confiscaciones, ejecuciones y arrestos políticos. Oficiales del ejército polaco, policías, funcionarios, intelectuales y propietarios rurales fueron considerados enemigos potenciales del nuevo orden soviético. En conjunto, entre 1939 y 1941, si se suman deportaciones (hacia Siberia, Kazajistán y el norte de Rusia; algunas fuentes especializadas estiman al menos 330.000 ciudadanos polacos deportados), Gulag y ejecuciones, algunas estimaciones elevan a varios cientos de miles (e incluso alrededor de 700.000 polacos) las víctimas de la represión soviética. La cifra más conocida de víctimas es la de la masacre de Katyn, cuando en la primavera de 1940 el NKVD asesinó a cerca de 22.000 ciudadanos polacos, entre ellos oficiales del ejército, funcionarios y miembros de la élite profesional. 

Con la entrada coordinada del Ejército Rojo, la URSS se convirtió en participante directa de la destrucción de Polonia. La guerra iniciada por Hitler dejaba de ser únicamente una invasión alemana, se transformaba en el reparto territorial entre dos regímenes totalitarios que utilizaban igualmente ocupación, deportación y terror político como instrumentos de dominio.

Fuentes: Fordham University, discurso de Mólotov; United States Holocaust Memorial Museum; estudios históricos sobre la invasión soviética de Polonia.


17 Septiembre 2007 — Polonia, Varsovia. Estreno de Katyn de Andrzej Wajda

La gran película sobre la masacre soviética de oficiales polacos llega a los cines tras décadas de silencio impuesto.

El 17 de septiembre de 2007 se estrenó en Varsovia Katyn, dirigida por Andrzej Wajda, una de las obras cinematográficas más importantes sobre la masacre de oficiales polacos ejecutados por la NKVD soviética en 1940. La fecha del estreno coincidía exactamente con el aniversario de la invasión soviética del este de Polonia en 1939.

La película tenía una dimensión profundamente personal para Wajda. Su padre, Jakub Wajda, fue uno de los miles de oficiales asesinados en Katyn. Durante décadas, el régimen comunista polaco repitió la versión soviética que atribuía el crimen a los nazis, y cualquier intento de cuestionarla podía implicar censura, persecución o marginación profesional.

Katyn no se limita a reconstruir las ejecuciones. También retrata el largo encubrimiento posterior: documentos falsificados, miedo, propaganda y destrucción deliberada de la memoria. En la Polonia comunista, las familias de las víctimas vivieron durante décadas obligadas a callar y aceptar públicamente una mentira oficial impuesta desde Moscú.

En una entrevista a Wajda sobre la película, explicó que solo había podido realizarla después de desaparecer el comunismo. Significaba un desafío personal, su familia era también víctima directa:

"Solo pude realizar Katyn después de la caída de la República Popular de Polonia. Tras 44 años de mentiras, cuando solo existía una verdad soviética: que la masacre de Katyn fue cometida por los alemanes. Dedico esta película a mi padre, el capitán Jakub Wajda del 72.º Regimiento de Infantería en Radom, y a mi madre, Aniela. Mi padre fue víctima de la masacre de Katyn, mi madre fue víctima de la mentira de Katyn, y hasta el final de su vida, hasta 1950, creyó que mi padre regresaría de la guerra, porque los telegramas de Suiza decían que estaba desaparecido y que, por lo tanto, podría ser encontrado y devuelto."

Aquella montaña de cadáveres borrados en fosas comunes, se prolongó y profundizó a lo largo de los años, a través de la persecución desatada siempre contra quienes intentaron decir la verdad. Wajda sufrió esa segunda parte de la tragedia, viendo a su madre destruida, por eso su objetivo de documentación y denuncia no era únicamente histórico, sino moral. 

"Cuando comencé a escribir el guion, conté con dos fuentes: los diarios de mujeres que esperaban a sus maridos y los documentos del crimen. En los diarios, encontré una escena donde un oficial ruso intentaba salvar a la esposa de un colega polaco, un oficial asesinado en Katyn. Hubo un oficial soviético íntegro que se enfrentó a todas las fuerzas del mal, y sentí que tenía el deber de mostrar esta escena en mi película.

Katyn tiene dos caras: el crimen y la mentira. ¿Debía hacer una película sobre el crimen o sobre la mentira?

En resumen, la cuestión era si hablar de mi padre, asesinado junto con los oficiales, junto con los demás capturados por el Ejército Soviético, o de mi madre. 

Llegué a la conclusión de que tenía que hacer una película sobre el crimen y la mentira."

Décadas después de los fusilamientos, el dolor seguía ardiente no solo por el crimen original, sino por el esfuerzo sistemático del poder soviético y del comunismo polaco por ocultarlo. Reseña en The New Yorker, sobre la imposibilidad de conocer la verdad cuando el poder administra la mentira:

"Katyn recrea uno de los terrores cotidianos de vivir bajo el totalitarismo: nadie en el poder te dice nunca la verdad, y vives entre rumores y esperanza".

Finalmente el conocimiento de lo que sucedió en el bosque de Katyn, junto con la película cuya realización tuvo que demorar tanto, mostró el secreto insoportable que pudre las bases oscuras de un sistema totalitario. Escarbó y extrajo lo más decisivo que oculta una ideología dirigida a emancipar supuestamente a grandes masas, basada en el desprecio por la vida humana y la confiscación de la verdad: el secreto del terror contra los individuos y la muerte aplicada con frialdad programática. La película de Wajda devolvió nombre, rostro y voz a una de las grandes masacres políticas del siglo XX europeo. 

Fuentes: entrevistas a Andrzej Wajda; Academy Awards, nominación de Katyn; estudios históricos sobre la masacre de Katyn y su encubrimiento soviético.


► DEL 21 AL 30 DE SEPTIEMBRE

30 Septiembre 1949 — Alemania, Berlín. Fin del puente aéreo tras el bloqueo soviético

Concluye con éxito la operación logística que sostuvo a Berlín Occidental frente al bloqueo impuesto por Stalin.

El 30 de septiembre de 1949 terminó oficialmente el puente aéreo de Berlín, la primera gran prueba de fuego de los Estados Unidos durante la Guerra Fría temprana y una de las operaciones de ayuda humanitaria más grandes de la historia. Durante más de quince meses, aviones estadounidenses, británicos y aliados abastecieron a Berlín Occidental con todo lo necesario para sobrevivir, carbón, alimentos, medicamentos y combustible, después de que la Unión Soviética había bloqueado, desde el 24 de junio de 1948, los accesos terrestres, ferroviarios y fluviales hacia los sectores occidentales de la ciudad.

Ya Stalin controlaba Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Rumania y Bulgaria. El bloqueo era una prueba de fuerza. Stalin buscaba presionar a Estados Unidos, Reino Unido y Francia para que abandonaran Berlín Occidental o aceptaran condiciones soviéticas en la reorganización alemana de posguerra. La ciudad, aislada en medio de la zona de ocupación soviética, parecía vulnerable. Había más de dos millones de berlineses occidentales al borde de la hambruna. La respuesta occidental convirtió esa vulnerabilidad en símbolo.

Fue determinante la visión del general Lucius D. Clay, gobernador militar de la zona estadounidense en Alemania. Envió un mensaje al presidente estadounidense admitiendo que "No es viable mantener nuestra posición en Berlín". Reconocía que la ciudad carecía de valor como objetivo militar. Pero, añadió:

"... nuestra permanencia en Berlín es esencial para nuestro prestigio en Alemania y en Europa. Para bien o para mal, se ha convertido en un símbolo de las intenciones estadounidenses".

El presidente Harry S. Truman resumió la decisión política de Washington con una frase seca, repetida luego como símbolo de la firmeza occidental ante el bloqueo soviético:

"Nos quedamos en Berlín, punto."

En lugar de romper el bloqueo por tierra y arriesgar una nueva guerra abierta, los aliados construyeron una ruta aérea permanente hacia la supervivencia de la ciudad. Se acordó con los soviéticos abrir tres corredores aéreos.  La Office of the Historian del Departamento de Estado de Estados Unidos resume que aviones estadounidenses y británicos descargaban suministros en Tempelhof y otros aeródromos, hasta convertir el abastecimiento aéreo en una maquinaria continua. La operación no fue una batalla clásica, sino una marcha acelerada de resistencia con aterrizajes constantes. 

Un avión conseguía aterrizar cada 90 segundos en uno de los tres aeropuertos de la capital. En total, se mantuvieron más de 300 aeronaves siempre operativas, con 277.500 vuelos realizados, en su mayoría por la aviación inglesa y americana. Y de ese modo, 2,3 millones de toneladas de alimentos llegaron a Berlín en lo que duró la operación.

El bloqueo soviético fue levantado el 12 de mayo de 1949, aunque los vuelos continuarían hasta el 30 de septiembre para acumular reservas y evitar una nueva asfixia. La ciudad quedaba sostenida por la voluntad de enfrentar al comunismo soviético y de impedir que convirtiera el suministro básico en arma de sometimiento.

Occidente había respondido con una alianza y una resistencia que erigió a Berlín en símbolo. El bloqueo y el puente aéreo constituyeron un punto de inflexión en la historia de Europa y un adelanto de lo que sería la Guerra Fría. En esta operación, perdieron la vida en accidentes aéreos: 39 británicos, 31 estadounidenses y 9 alemanes. Su nombres aparecen inscritos en el monumento al Puente Aéreo de Berlín, en el aeropuerto de Tempelhof.

Fuentes: Office of the Historian, “The Berlin Airlift, 1948–1949”; Truman Library Institute, “Berlin Airlift Ends”; Air Mobility Command, To Save a City: The Berlin Airlift, 1948–1949.


30 Septiembre 1989 — Checoslovaquia, Praga. El balcón de la embajada alemana anuncia el éxodo

Miles de alemanes orientales refugiados en la embajada de Alemania Federal oyen que podrán salir hacia Occidente.

El 30 de septiembre de 1989, el ministro de Exteriores de la República Federal de Alemania, Hans-Dietrich Genscher, salió al balcón de la embajada alemana en Praga y anunció a miles de ciudadanos de la República Democrática Alemana que su salida hacia Occidente había sido autorizada. La escena ocurrió en el Palacio Lobkowicz, sede de la embajada, donde durante semanas se habían hacinado miles de refugiados que huían del régimen comunista alemán.

La crisis había crecido durante todo el verano. Primero Hungría abrió una vía de escape hacia Austria; luego las embajadas de Alemania Federal en Praga y Varsovia se llenaron de ciudadanos de la RDA que ya no querían regresar al Estado que los vigilaba, retenía y castigaba por desear marcharse. En Praga, las condiciones se volvieron extremas: familias durmiendo en jardines, niños enfermos, servicios desbordados, tensión diplomática y una pregunta que el régimen de Berlín Este intentaba evitar: por qué tantos ciudadanos querían abandonar el “paraíso socialista”.

La negociación incluyó a Bonn, Praga, Berlín Este y Moscú. Genscher trató directamente con el ministro soviético Eduard Shevardnadze, hasta obtener una salida pactada. La condición impuesta por la RDA fue humillante: los trenes hacia Occidente debían atravesar territorio de Alemania Oriental, como si el régimen quisiera recordar por última vez que todavía controlaba el trayecto. Aunque ya no controlaba lo esencial: la voluntad de fuga de sus ciudadanos.

La frase de Genscher quedó incompleta porque la multitud entendió antes de que terminara. El portal German History in Documents and Images conserva la fórmula y el momento de esta noticia pronunciada desde el balcón:

"Hemos venido a informarles que hoy su salida..."

El resto de la frase se perdió bajo el grito y los aplausos de la multitud. Esa interrupción fue parte de la historia, como si la frase perteneciera realmente a la voluntad incontenible de la gente allí reunida. Tanta era el ansia de libertad, que la multitud no necesitó oír el final para comprender que podía escapar. Hans-Dietrich Genscher lo describiría así mucho después:

"En retrospectiva, podemos afirmar que quienes se encontraban en el jardín de la Embajada tomaron las riendas de su propio destino e hicieron historia."

Praga se convirtió entonces en una antesala del 9 de noviembre. La RDA seguía en pie, el Muro seguía cerrado, la Stasi seguía funcionando; pero el régimen había perdido una de sus armas esenciales, la capacidad de mantener cautivos a sus ciudadanos sin que el mundo viera la escena.

Fuentes: German History in Documents and Images; Deutschland.de, “Hans-Dietrich Genscher on the Prague Embassy Refugees”; Revolution 89, “Escape via Prague”; Ministerio Federal de Asuntos Exteriores de Alemania, homenaje a Hans-Dietrich Genscher.

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