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Efemérides | Calendario anticomunista: efemérides de julio

Las efemérides de julio abordan revoluciones, crisis internacionales, protestas y obras que documentan el impacto del comunismo en la vida de generaciones.

Calendario anticomunista. Efemérides de julio. Pacto de Varsovia, Papa Pío XII, Cuba el 11 de julio de 2021, víctimas del remolcador 13 de Marzo (Cuba), Kitchen debate (Nixon y Khrushchev), monumento a víctimas del comunismo (Moldavia).
Calendario anticomunista. Efemérides de julio. Pacto de Varsovia, Papa Pío XII, Cuba el 11 de julio de 2021, víctimas del remolcador 13 de Marzo (Cuba), Kitchen debate (Nixon y Khrushchev), monumento a víctimas del comunismo (Moldavia).

ÍNDICE

  1. Efemérides de julio
  2. ► DEL 1 AL 10 DE JULIO
  3. 1 julio 1949 — Vaticano. El Santo Oficio decreta la incompatibilidad entre catolicismo y comunismo
  4. 1 julio 1991 — Checoslovaquia, Praga. Disolución del Pacto de Varsovia
  5. 6 julio 1980 — Cuba. La Masacre del río Canímar
  6. 8 julio 1994 — Corea del Norte. Muere Kim Il-sung, fundador de la dinastía totalitaria norcoreana
  7. 10 julio 1991 — Rusia. Boris Yeltsin asume como primer presidente elegido por voto popular
  8. ► DEL 11 AL 20 DE JULIO
  9. 11 julio 2021 — Cuba. Estallan las protestas nacionales del 11J
  10. 13 julio 1994 — Cuba. Hundimiento del remolcador “13 de Marzo”
  11. 14 julio 1889 — Francia. Se funda la Segunda Internacional Socialista
  12. 14 julio 1940 — Cuba. Batista gana la presidencia aliado con los comunistas
  13. 18 julio 1960 — URSS y China. Moscú ordena retirar de China a todos sus especialistas
  14. 20 julio 1992 — Checoslovaquia. Václav Havel dimite ante la inminente ruptura del país
  15. ► DEL 21 AL 31 DE JULIO
  16. 23 julio 1921 — China, Shanghái. Comienza el congreso fundacional del Partido Comunista Chino
  17. 23 julio 1926 — Nace Ludvík Vaculík, voz decisiva de la disidencia checa
  18. 24 julio 1959 — URSS, Moscú. Nixon y Jrushchov protagonizan el "debate de la cocina"
  19. 26 julio 1947 — Estados Unidos. Truman firma la ley que reorganiza la seguridad nacional para la Guerra Fría
  20. 27 julio 1953 — Corea, Panmunjom. El armisticio detiene los combates sin traer la paz
  21. 31 julio 1967 — Cuba, La Habana. Comienza la conferencia OLAS

Efemérides de julio

Julio reúne episodios que permiten seguir la expansión, las fracturas y el derrumbe de distintos proyectos comunistas: desde la fundación del Partido Comunista Chino y la alianza de los comunistas cubanos con Fulgencio Batista hasta la ruptura entre Moscú y Pekín, la desaparición del Pacto de Varsovia y la transición democrática de Checoslovaquia.

El mes incluye también algunas de las respuestas más significativas frente al totalitarismo: la condena vaticana del comunismo, la resistencia cultural de Ludvík Vaculík, las protestas nacionales del 11J en Cuba y varios episodios de la Guerra Fría. Junto a ellos aparecen crímenes contra civiles, guerras, insurrecciones armadas y testimonios personales que muestran cómo esas decisiones políticas afectaron la vida de millones de personas.



► DEL 1 AL 10 DE JULIO

1 julio 1949 — Vaticano. El Santo Oficio decreta la incompatibilidad entre catolicismo y comunismo

Con la aprobación de Pío XII, la Iglesia católica prohíbe afiliarse o prestar apoyo a los partidos comunistas y establece la excomunión para quienes profesen, defiendan o propaguen conscientemente su doctrina materialista y anticristiana.

El 1 de julio de 1949, la Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio expidió un decreto que declaró ilícito que los católicos se afiliaran a los partidos comunistas, los favorecieran o difundieran su doctrina. La resolución había sido adoptada por el Santo Oficio el 28 de junio y aprobada dos días después por el papa Pío XII, quien ordenó su promulgación. El documento se publicó el 16 de julio en el periódico vaticano L'Osservatore Romano, con fecha del 1 de julio y firmado por el notario de la Congregación, Pedro Vigorita.

Con un enunciado tan categórico como "el comunismo es materialista y anticristiano", alertaba y movilizaba a poderosas fuerzas católicas de todo el mundo en la lucha contra el comunismo y marcaba un punto en el que Roma consideraba ya imposible esperar relaciones normales entre la Iglesia y los gobiernos controlados por la URSS. 

Detrás de la palabra condenatoria del Vaticano, se acumulaban décadas de persecución contra creyentes, sacerdotes, religiosos y comunidades cristianas, en nombre de la doctrina marxista. En aquellos territorios dominados por el comunismo, el ateísmo se imponía como parte inseparable del proyecto oficial de transformación de la sociedad. Venían cerrándose templos y escuelas religiosas, se prohibían publicaciones, se confiscaban bienes, se destruían símbolos y se castigaba a quienes enseñaban, celebraban o practicaban públicamente su fe.

En la Unión Soviética, las campañas antirreligiosas de las décadas de 1920 y 1930 habían llevado a sacerdotes y creyentes ante pelotones de ejecución, prisiones y campos de trabajo. Aunque la Iglesia ortodoxa fue la comunidad cristiana más numerosa y, por ello, la más castigada, también fueron perseguidos católicos y miembros de otras confesiones. De más de 50.000 iglesias ortodoxas existentes antes de la Revolución, en 1939 permanecían abiertas solamente unas quinientas. Los centros de formación religiosa fueron clausurados y la prensa eclesiástica, prohibida.

Según datos de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, en 1926 ya no quedaba ningún obispo católico en la Unión Soviética y, en 1941, solo continuaban abiertas dos de las casi 1.200 iglesias existentes en 1917, situadas en su mayoría en Lituania. Se pretendía algo más que debilitar una institución: arrancar la religión de la vida familiar, las festividades, el alma y la memoria de los pueblos.

España había mostrado otra expresión de aquella violencia anticristiana. Durante la Guerra Civil, especialmente en los primeros meses de 1936, la persecución desatada en la zona republicana por organizaciones, milicias y comités revolucionarios de distintas filiaciones —anarquistas, socialistas y comunistas— causó el asesinato de 6.832 miembros del clero y de congregaciones religiosas, según estudio de Antonio Montero Moreno: 4.184 sacerdotes y seminaristas, 2.365 religiosos y 283 religiosas. Iglesias, conventos, imágenes, archivos y objetos de culto fueron incendiados o destruidos. Muchas personas fueron asesinadas apenas por su condición religiosa o por negarse a renunciar a su fe.

Una de aquellas víctimas fue Francisco Castelló Aleu, un joven químico de 22 años y miembro de Acción Católica, detenido en Lérida y condenado a muerte en septiembre de 1936. Escribió desde la cárcel a su prometida, Mariona Pelegrí, pocas horas antes de caer fusilado:

“Querida Mariona: Nuestras vidas se han unido y Dios ha querido separarlas. A Él ofrezco, con toda la intensidad posible, el amor que te tengo, mi amor intenso, puro y sincero.

Me ocurre una cosa extraña: no puedo sentir ninguna lástima por mi suerte. Una alegría interna, intensa, fuerte, me invade totalmente. Querría hacerte una carta triste de despedida, pero no puedo. Estoy totalmente envuelto de ideas alegres como un presentimiento de la Gloria.

Querría hablarte de lo mucho que te hubiera querido, las ternuras que te tenía reservadas, de lo felices que hubiéramos sido. Pero para mí todo esto es secundario. He de dar un gran paso”.

Castelló no era obispo y tampoco dirigente político. Era un joven que trabajaba, pensaba casarse y daba clases gratuitamente a obreros. 

En febrero de 1949, pocos meses antes del decreto, el cardenal húngaro József Mindszenty fue condenado a cadena perpetua tras un proceso político. Era el contexto inmediato de la afirmación del Santo Oficio de que los dirigentes comunistas demostraban “en los hechos” su hostilidad a Dios, a la religión y a la Iglesia.

Formalmente el decreto consistió en la respuesta oficial del Santo Oficio a cuatro dubia, es decir, dudas o consultas de carácter doctrinal y canónico que habían sido sometidas a la Congregación. Reproducía cada pregunta y ofrecía inmediatamente su resolución —tres respuestas negativas y una afirmativa— sobre la afiliación o el apoyo a los partidos comunistas, sus publicaciones, la recepción de los sacramentos y la excomunión. Aunque con un formato sencillo se pretendía eliminar cualquier ambigüedad, su aplicación planteó dificultades en comunidades obreras y rurales donde muchos católicos votaban a partidos comunistas porque los identificaban con la defensa de los pobres, sin asumir necesariamente el materialismo. 

Años después, en 1961, el cardenal Giacomo Lercaro recordó el dilema que aquellas disposiciones habían provocado entre los sacerdotes, acerca de su aplicación pastoral:

“Sí, deben negarse los sacramentos, pero solo a quienes consciente y libremente aceptan y favorecen la difusión del comunismo. Pero ¿cuántos son los que hacen esto consciente y libremente?”.

Trazada quedó, por medio de este documento, una frontera doctrinal entre el catolicismo y la ideología que proclamaba el materialismo y que, desde el poder, había convertido repetidamente el ateísmo militante en censura, cárceles y ejecuciones. 

Documento original en latín: Acta Apostolicae Sedis, volumen 41, 1949, en la página impresa 334. Traducción íntegra y fiel del original:

SUPREMA SAGRADA CONGREGACIÓN DEL SANTO OFICIO

II. DECRETO

Se preguntó a esta Suprema Sagrada Congregación:

1- Si es lícito afiliarse a los partidos comunistas o prestarles apoyo;

2- Si es lícito editar, difundir o leer libros, publicaciones periódicas, diarios u hojas que apoyen la doctrina o la acción de los comunistas, o escribir en ellos;

3- Si los fieles cristianos que hayan realizado, consciente y libremente, los actos mencionados en los números 1 y 2 pueden ser admitidos a los sacramentos;

4- Si los fieles cristianos que profesan la doctrina materialista y anticristiana de los comunistas —y, especialmente, quienes la defienden o propagan— incurren, por el hecho mismo, como apóstatas de la fe católica, en excomunión reservada de modo especial a la Sede Apostólica.

Los Eminentísimos y Reverendísimos Padres encargados de tutelar las materias de fe y costumbres, después de haber recabado previamente el parecer de los Reverendos Señores Consultores, en la sesión plenaria del martes —celebrada en lugar de la del miércoles—, día 28 de junio de 1949, decretaron que debía responderse:

A la primera: Negativamente. Porque el comunismo es materialista y anticristiano; y los dirigentes comunistas, aunque algunas veces declaran verbalmente que no combaten la religión, demuestran en los hechos —tanto mediante su doctrina como mediante su actuación— que son hostiles a Dios, a la verdadera religión y a la Iglesia de Cristo.

A la segunda: Negativamente. Porque tales publicaciones están prohibidas por el propio derecho —véase el canon 1399 del Código de Derecho Canónico—.

A la tercera: Negativamente, conforme a los principios ordinarios relativos a la denegación de los sacramentos a quienes no se encuentran debidamente dispuestos.

A la cuarta: Afirmativamente.

Y el jueves siguiente, día 30 del mismo mes y año, Nuestro Santísimo Señor Pío XII, Papa por la divina Providencia, en la audiencia acostumbrada concedida al Excelentísimo y Reverendísimo Señor Asesor del Santo Oficio, aprobó la resolución de los Eminentísimos Padres que le había sido presentada y ordenó que fuese promulgada en la publicación oficial Acta Apostolicae Sedis.

Dado en Roma, el día 1 de julio de 1949.

Lugar del sello

Pedro Vigorita

Notario de la Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio

La sanción establecida en 1949 no fue incorporada al Código de Derecho Canónico promulgado en 1983, que derogó las leyes penales anteriores no recogidas en el nuevo ordenamiento. Desde la entrada en vigor del nuevo Código, no existe una excomunión autónoma denominada específicamente por “comunismo”, aunque se mantienen las penas religiosas previstas para la apostasía, la herejía y el cisma.

Fuentes: Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio, “Decretum”, Acta Apostolicae Sedis, vol. 41, 1949, p. 334; Departamento de Estado de Estados Unidos, telegrama de Franklin C. Gowen sobre el decreto, 15 de julio de 1949; Obispado de Lérida, “Francisco Castelló: cartas desde la cárcel”; Office of the Historian del Departamento de Estado de Estados Unidos, “Vatican Policy Concerning Communism”.


1 julio 1991 — Checoslovaquia, Praga. Disolución del Pacto de Varsovia

Los antiguos satélites de Moscú clausuran en Praga la alianza militar que durante 36 años sostuvo el dominio soviético sobre Europa del Este.

El 1 de julio de 1991 se firmó en Praga la disolución oficial del Pacto de Varsovia, la alianza militar creada en 1955 por la Unión Soviética y sus estados satélites como respuesta a la OTAN. El tratado, que había sido durante décadas el instrumento militar del bloque comunista en Europa, dejaba de existir en un contexto de colapso político generalizado del sistema soviético.

El Pacto había funcionado como instrumento de subordinación política y militar. La Unión Soviética invadió Hungría en 1956 y, en 1968, encabezó una operación conjunta de países del Pacto de Varsovia para aplastar la Primavera de Praga en Checoslovaquia, acciones que mostraron que la soberanía de los países miembros estaba subordinada a las decisiones de Moscú.

La disolución fue firmada por los ministros de defensa y relaciones exteriores de los países miembros en el Palacio Czernin de Praga. Para entonces, varios de esos países ya habían iniciado transiciones democráticas y abandonado el sistema de partido único. La desaparición del pacto formalizaba una realidad política ya en marcha.

La fecha marca el cierre de una arquitectura militar que había sostenido durante décadas la expansión y el control del comunismo soviético en Europa. No fue un colapso repentino, sino el resultado acumulado de crisis económicas, presiones sociales y fracturas dentro del bloque.

La ceremonia encerraba una poderosa paradoja histórica. El pacto desaparecía en Praga, la misma ciudad que sus tropas habían invadido en agosto de 1968. Ahora Václav Havel —dramaturgo censurado, antiguo preso político y presidente de una Checoslovaquia democrática— presidía el final de la alianza que había limitado durante décadas la soberanía de Europa del Este. Veintitrés años después de los tanques, el cierre llegaba mediante firmas dentro del Palacio Czernin.

Fuentes: European Network Remembrance and Solidarity, “Dissolution of the Warsaw Pact — 1 July 1991”; Office of the Historian del Departamento de Estado de Estados Unidos, “The Warsaw Treaty Organization, 1955”.


6 julio 1980 — Cuba. La Masacre del río Canímar

La persecución contra el barco turístico XX Aniversario, tomado por tres jóvenes que pretendían huir de Cuba, termina con la embarcación hundida y decenas de muertos, incluidos varios menores.

El 6 de julio de 1980 la embarcación turística XX Aniversario, que navegaba por el río Canímar, en Matanzas, fue tomada por tres jóvenes que intentaban desviar el barco hacia Estados Unidos. A bordo viajaban decenas de pasajeros, entre ellos mujeres y niños. Según la reconstrucción documental de Cuba Archive, la respuesta del Estado cubano resultó inmediata y violenta. Lanchas oficiales y unidades armadas persiguieron la nave y abrieron fuego para impedir la fuga. 

Los tres jóvenes que iniciaron la fuga eran Roberto Calveiro León, de 16 años, y los hermanos Silvio y Sergio Águila Yanes, de 18 y 19. Cuando gritaron “¡A Miami!”, varios pasajeros respondieron con expresiones de aprobación. Un guardia de seguridad vestido de civil sacó un arma y resultó herido durante el enfrentamiento; los jóvenes, preocupados por su estado, lo enviaron de regreso a tierra en una pequeña embarcación. Al llegar, el guardia alertó a las autoridades.

La escena derivó en una persecución brutal desde tierra, mar y aire. Dos patrulleras de la Marina abrieron fuego contra el XX Aniversario y los jóvenes que habían tomado la embarcación respondieron a los disparos. Posteriormente apareció un avión de la Fuerza Aérea. Los padres levantaron a sus hijos para mostrar que en la cubierta viajaban menores, pero la aeronave regresó y disparó contra la embarcación.

Como los disparos no consiguieron detenerla, las autoridades enviaron una nave industrial de gran tamaño para embestirla. El XX Aniversario terminó hundiéndose mientras avanzaba hacia mar abierto. Los testimonios recogidos sostienen que se disparó también contra personas que se encontraban en el agua. Decenas de pasajeros murieron, resultaron heridos o desaparecieron; entre las víctimas identificadas había varios menores.

No fue un enfrentamiento entre dos fuerzas militares equivalentes. En la embarcación viajaban civiles que habían comenzado una excursión turística y quedaron atrapados durante un intento de fuga armado. El hecho ocurrió en medio del éxodo del Mariel, cuando abandonar Cuba se había convertido en un desafío político directo al régimen.

Fallecieron familias enteras. Nunca el gobierno devolvió los cadáveres a sus seres queridos. La masacre del río Canímar quedó en una zona de escasa visibilidad oficial, pero en la memoria del exilio cubano y de las organizaciones de derechos humanos pasó a ocupar un lugar especial, como ejemplo de la violencia de Estado contra personas que intentaban abandonar el supuesto "paraíso comunista". 

La represión continuó después del hundimiento. El juicio colectivo, celebrado aproximadamente un año más tarde, duró solo tres días. Silvio Águila y Roberto Calveiro fueron condenados a treinta años de prisión. Entre los menores identificados como víctimas estaban Lilian González, de tres años; Osmany Rosales, de nueve; Marisel San Juan, de once, y Delio Gómez y Marisol Martínez, ambos de diecisiete.

Un hito terrible de la práctica repetida muchas veces por parte del régimen para desestimular la huida del pueblo, consistente en perseguir, ametrallar y hundir embarcaciones, para luego tratar de arrojar un manto de difamaciones sobre las víctimas y condenar los sucesos al olvido.

Fuentes: Cuba Archive, “The 1980 Canimar River Massacre: Dozens Killed for Attempting to Flee Cuba”; Árbol Invertido, “Masacres de civiles en aguas de Cuba: una práctica del régimen”; Árbol Invertido, “Los muertos de Fidel Castro: cronología completa y verificada”.


8 julio 1994 — Corea del Norte. Muere Kim Il-sung, fundador de la dinastía totalitaria norcoreana

La muerte del fundador de Corea del Norte abre la primera sucesión hereditaria de una dictadura comunista y prolonga el culto oficial a un gobernante declarado después “presidente eterno”.

El 8 de julio de 1994 murió, a los 82 años, Kim Il-sung, fundador de Corea del Norte y figura central en la construcción de uno de los regímenes comunistas más cerrados, opacos y duraderos del siglo XX.

El régimen tardó más de treinta y cuatro horas en comunicar la muerte. Después comenzó un duelo oficial de diez días. Las banderas quedaron a media asta y se suspendieron bailes y diversiones. Las imágenes difundidas por la televisión mostraron multitudes llorando ante retratos gigantes del dirigente, mientras Kim Jong-il era presentado como el “Gran Sucesor”. Incluso la muerte del fundador se convertía en una demostración pública de disciplina política y continuidad dinástica.

Kim Il-sung había llegado al poder tras la Segunda Guerra Mundial con apoyo soviético y gobernó el país desde su fundación en 1948 hasta su muerte. Durante su mandato consolidó un sistema de partido único basado en el culto a la personalidad y en una ideología oficial propia, el Juche, que combinaba elementos del marxismo-leninismo con nacionalismo extremo. 

La sucesión había sido preparada durante años. Después de la muerte de Kim Il-sung, su hijo Kim Jong-il fue presentado como el “Gran Sucesor” y quedó al frente del régimen, aunque la ocupación formal de sus principales cargos se produjo gradualmente. Corea del Norte consumaba así la primera transmisión dinástica del poder dentro de un Estado comunista.

Su cadáver embalsamado fue depositado dentro de un sarcófago de cristal en el antiguo palacio presidencial de Kumsusan, convertido en mausoleo político y santuario del régimen. En 1998, una reforma constitucional proclamó a Kim Il-sung “presidente eterno”, y así un gobernante muerto continuaría ocupando simbólicamente la jefatura del Estado.

Fuentes: Monash University, “Death of Kim Il-sung”; Columbia Law School, “1998: The ‘Kim Il-sung’ Constitution”.


Elegido por sufragio popular mientras todavía existía la Unión Soviética, Yeltsin jura el cargo al frente de la república rusa y se convierte en un poder rival del aparato comunista.

El 10 de julio de 1991 Boris Yeltsin asumió oficialmente la presidencia de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia, tras haber sido elegido en votación popular el 12 de junio de ese mismo año.

La escenografía permitió ver el cambio antes de que comenzaran los discursos. En el Palacio de Congresos del Kremlin, sede de grandes reuniones del Partido Comunista, fue retirado el enorme retrato de Lenin que dominaba el salón. En su lugar apareció la bandera tricolor rusa. Sacerdotes ortodoxos, rabinos y dirigentes musulmanes ocuparon la primera fila, una presencia inconcebible durante décadas de ateísmo oficial.

Yeltsin asumió ante Mijaíl Gorbachov, todavía presidente de la Unión Soviética, y declaró: 

“La gran Rusia se levanta de sus rodillas”. 

Los dos se estrecharon la mano al terminar la ceremonia. La imagen parecía mostrar concordia, pero reunía en un mismo escenario a dos presidentes y dos centros de poder enfrentados dentro de un Estado que desaparecería cinco meses después.

Su llegada al poder marcó un punto de inflexión dentro de la estructura soviética. A diferencia de los líderes tradicionales del Partido Comunista, Yeltsin emergía como una figura reformista que cuestionaba el monopolio político del partido.

Durante los meses siguientes, su papel sería clave en el fracaso del golpe de Estado de agosto de 1991 y en el proceso que condujo a la disolución de la Unión Soviética en diciembre de ese año.

Fuentes: Biblioteca Presidencial de Rusia, “The Entry of Boris N. Yeltsin into the Office of President, July 10, 1991”; The Washington Post, “Yeltsin Sworn In as Russian President”.


► DEL 11 AL 20 DE JULIO

11 julio 2021 — Cuba. Estallan las protestas nacionales del 11J

Miles de cubanos toman las calles de decenas de localidades al grito de “¡Libertad!” y “¡Patria y Vida!”, en el mayor estallido en la historia de la isla.

El 11 de julio de 2021 miles de personas salieron espontáneamente a las calles en decenas de localidades cubanas, desde San Antonio de los Baños hasta La Habana, Santiago de Cuba y Matanzas. En pocas horas, los videos difundidos mediante teléfonos móviles extendieron las noticias de una ciudad a otra y mostraron multitudes que coreaban “Libertad” y “Patria y Vida”. .

Cuba no había presenciado desde 1959 una protesta simultánea contra el Gobierno de semejante extensión territorial. En la historia del país nunca se había producido un estallido social de esa magnitud y de manera espontánea. Lo que comenzó en San Antonio de los Baños dejó de ser una manifestación localizada y se convirtió en un levantamiento nacional por la libertad, contra la escasez y la represión. 

La respuesta estatal fue inmediata y brutal. Fuerzas policiales, militares y reclutas del servicio militar fueron movilizados para dispersar a los manifestantes con uso de la fuerza, a palos y tiros. En los días siguientes, organizaciones de derechos humanos documentaron cientos de detenciones, juicios sumarios y condenas de prisión para participantes en las protestas, incluso menores de edad.

Esa misma tarde, el dictador Miguel Díaz-Canel compareció en la televisión y declaró: 

“La orden de combate está dada. A la calle los revolucionarios”. 

Sus palabras fueron seguidas por el despliegue de policías, tropas especiales y grupos civiles organizados por el Gobierno. El 12 de julio, durante una protesta en La Güinera, murió por disparos Diubis Laurencio Tejeda, cantante de 36 años. Recibió un disparo de un agente policial; nadie respondió por su muerte.

Entre quienes salieron a la calle estaba Miguel Díaz Sosa, pescador de 48 años de San Antonio de los Baños. Llevaba casi tres semanas sin poder trabajar debido a las restricciones de la pandemia y se incorporó a la protesta en el parque situado frente a su casa. Al día siguiente, alrededor de veinte agentes fueron a detenerlo. Permaneció incomunicado durante doce días y posteriormente fue encerrado en una celda de castigo fría y húmeda, donde llegó a sufrir alucinaciones. Fue condenado a ocho años de prisión.

Las protestas del 11J en Cuba quedaron registradas como una fecha clave en la historia, cuando el ansia de libertad dejó de expresarse en una protesta aislada y se convirtió en un fenómeno de grandes multitudes, imposible de opacar por el régimen, muy visible dentro y fuera del país. Desde entonces esta fecha se convertiría para la sociedad civil en el Día de la Rebeldía Nacional.

Fuentes: Human Rights Watch, “Prison or Exile: Cuba’s Systematic Repression of July 2021 Demonstrators”; Human Rights Watch, “Cuba: Crackdown on Protests Creates Rights Crisis”; Human Rights Watch, Prison or Exile; Árbol Invertido, “11J: Cuba cambió”.


13 julio 1994 — Cuba. Hundimiento del remolcador “13 de Marzo”

Cuatro embarcaciones estatales embisten y atacan con chorros de agua a presión al remolcador que intentaba salir de Cuba; mueren 41 personas, entre ellas diez menores.

El 13 de julio de 1994, alrededor de las tres de la madrugada, unas setenta personas —hombres, mujeres y niños— abordaron en La Habana el remolcador “13 de Marzo” con la intención de llegar a Estados Unidos. El plan era cruzar el estrecho de Florida en una embarcación recientemente reparada. Documentos de Cuba Archive y de Amnistía Internacional coinciden en ese punto de partida: no era un viaje comercial ni una operación militar, sino una fuga desesperada en pleno “Período Especial”. 

Poco después de la salida, dos embarcaciones de la misma empresa estatal comenzaron a perseguir al “13 de Marzo”. Unos cuarenta y cinco minutos más tarde, cuando se encontraba a siete millas de la costa, se incorporaron otras dos. Según los testimonios aceptados por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el Polargo 2 bloqueó el paso por la proa, el Polargo 5 atacó por la popa y las otras embarcaciones se situaron a ambos lados. Desde ellas se lanzaron chorros de agua a presión contra la cubierta y se produjeron sucesivas embestidas contra el viejo remolcador.

El remolcador se hundió con numerosas personas atrapadas en su interior. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos estableció que murieron 41 personas, entre ellas diez menores, y que sobrevivieron 31. La CIDH concluyó que no se había tratado de un accidente, sino de un acto premeditado e intencional, y declaró responsable al Estado cubano por la violación del derecho a la vida de las víctimas. Uno de los rasgos más persistentes de la memoria del caso es precisamente el horror físico inmediato y luego el silencio y la opacidad impuesta por el régimen.

Entre las supervivientes estaba María Victoria García Suárez, quien perdió trece familiares durante el hundimiento, incluido su hijo de diez años. Al día siguiente contradijo públicamente la versión oficial de un accidente y posteriormente fue detenida dos veces para ser interrogada.

Los rescatados fueron llevados primero al puesto de Guardafronteras de Jaimanitas y después a Villa Marista, sede de la Seguridad del Estado. Las mujeres y los menores quedaron en libertad, mientras los hombres permanecieron detenidos. Hermanos al Rescate solicitó autorización para sobrevolar el lugar y colaborar en la recuperación de los cadáveres, pero el Gobierno cubano se la negó.

El hundimiento del remolcador "13 de Marzo", la fecha del 13 de julio de 1994, ocupa un lugar central en la memoria de las víctimas del comunismo en Cuba, revela el desprecio ilimitado del régimen por la vida humana, la falta de límites de un poder determinado a mantener a la población dentro de los muros del sistema.

La madrugada, los chorros de agua contra niños cargados en brazos, y el envío premeditado de otras embarcaciones para embestir y romper el casco del viejo remolcador, junto con la negativa posterior a esclarecer los hechos, convierten el nombre “13 de Marzo” en una de las piezas más duras del archivo cubano bajo el totalitarismo. 

Fuentes: Comisión Interamericana de Derechos Humanos, “Informe n.º 47/96. Víctimas del barco remolcador ‘13 de Marzo’ vs. Cuba”; Amnistía Internacional, “The Sinking of the ‘13 de Marzo’ Tugboat on 13 July 1994”; Cuba Archive, “13 de Marzo”; Árbol Invertido, “Masacres de civiles en aguas de Cuba: una práctica del régimen”.


14 julio 1889 — Francia. Se funda la Segunda Internacional Socialista

Partidos y organizaciones obreras de distintos países se reúnen en París para coordinar el movimiento socialista internacional e impulsar campañas como la jornada del Primero de Mayo.

El 14 de julio de 1889 comenzaron en París los trabajos del congreso marxista considerado habitualmente el acto fundador de la Segunda Internacional. La fecha marca el intento del socialismo europeo de reorganizarse tras la desaparición de la Primera Internacional y construir una coordinación duradera entre partidos obreros.

La fundación fue mucho menos unitaria de lo que su nombre sugiere. Aquel 14 de julio se reunieron en París dos congresos socialistas rivales: el marxista congregó a 408 delegados de 24 países y el llamado congreso posibilista a 567 representantes de 14 países. Los primeros se encontraron en la Salle Pétrelle; los segundos, en la rue de Lancry. Las delegaciones quedaron divididas por disputas sobre representación, estrategia y control del movimiento obrero internacional.

Se articulaba no solo un debate sindical o parlamentario, sino una liturgia política de alcance continental, fundada en la idea de que la lucha de clases debía coordinarse por encima de fronteras, gobiernos y tradiciones nacionales. Esa ambición daba al socialismo marxista una maquinaria estable de congresos, resoluciones y lealtades internacionales.

Wilhelm Liebknecht y Édouard Vaillant fueron elegidos copresidentes del congreso marxista, y su apretón de manos fue celebrado como símbolo de fraternidad entre alemanes y franceses. La imagen adquiriría un sentido amargo en 1914, pues al comenzar la Primera Guerra Mundial numerosos partidos de la Internacional apoyaron a sus respectivos gobiernos y aprobaron con sus votos los créditos militares. La solidaridad proclamada por encima de las fronteras se quebró precisamente cuando supuestamente debería haber demostrado más fuerza.

De aquel congreso salió la resolución que impulsó el Primero de Mayo como jornada internacional en defensa de las ocho horas de trabajo. Sin embargo, la Segunda Internacional no fue una organización centralizada como posteriormente lo sería la Internacional Comunista: durante su primera década careció de dirección permanente y reunió tendencias reformistas, parlamentarias y revolucionarias con estrategias muy diferentes.

Esa pluralidad terminó quebrándose con la Primera Guerra Mundial. En 1914, numerosos partidos socialistas apoyaron a sus respectivos gobiernos y votaron los créditos de guerra, contradiciendo la solidaridad internacional que habían proclamado. Lenin declaró fracasada a la Segunda Internacional y, después de la Revolución bolchevique, promovió en Moscú la creación de la Tercera Internacional o Komintern, concebida como una estructura mucho más disciplinada y subordinada al modelo soviético.

Fuentes: Encyclopedia.com, “Second International”; James Joll, The Second International, 1889–1914; Organización Internacional del Trabajo, The International Labour Organization and the Quest for Social Justice, 1919–2009; James Joll, The Second International, 1889–1914.


14 julio 1940 — Cuba. Batista gana la presidencia aliado con los comunistas

Fulgencio Batista gana las elecciones con 805.125 votos al frente de una coalición en la que participa el Partido Unión Revolucionaria Comunista.

El 14 de julio de 1940 se celebraron elecciones generales en Cuba y Fulgencio Batista ganó la presidencia. Obtuvo 805.125 votos, frente a los 573.576 de Ramón Grau San Martín. No llegó como candidato aislado, sino sostenido por una amplia alianza reunida en la Coalición Socialista Democrática (CSD), en la que participaron sectores liberales, conservadores y también los comunistas cubanos de entonces, organizados en el Partido Unión Revolucionaria Comunista. 

La alianza se había preparado con mucha anterioridad. En enero de 1938 Batista se reunió con dirigentes comunistas como Blas Roca y Joaquín Ordoqui; meses después, por eso, el partido de las doctrinas marxistas obtuvo reconocimiento legal. Seguidamente, en enero de 1939, alrededor de 1.500 delegados participaron en el congreso constituyente de la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC), que eligió como secretario general al dirigente comunista Lázaro Peña. 

También en 1939 se fusionaron el Partido Comunista cubano dirigido por Blas Roca (secretario general) y el Partido Unión Revolucionaria (PUR) que había sido fundado en 1937 y lo dirigía el comunista Juan Marinello Vidaurreta. La nueva organización surgida de esta fusión se autodenominó Unión Revolucionaria Comunista, nombre con el que se fijó la alianza con Batista.

Ambas partes obtenían ventajas concretas. Batista obtenía una organización sindical disciplinada y una base política de izquierda; los comunistas conseguían legalidad, influencia sindical y acceso al Gobierno. La contradicción es histórica, pues el mismo movimiento comunista que posteriormente presentaría a Batista únicamente como encarnación de la reacción había contribuido a su victoria electoral y participado en su gabinete.

Ese entendimiento no fue secundario ni meramente electoral. A cambio del respaldo comunista, Batista facilitó la legalización y expansión del partido y reconoció la influencia de sus dirigentes dentro de la Confederación de Trabajadores de Cuba. Lázaro Peña fue elegido primer secretario general de la CTC y volvería a dirigir la central sindical después de 1959. Juan Marinello y Carlos Rafael Rodríguez ocuparon cargos como ministros sin cartera en el Gobierno de Batista y, años más tarde, ambos desempeñaron importantes responsabilidades dentro del régimen de Fidel Castro.

Cuatro años después, la colaboración seguía vigente en las elecciones de 1944. La organización, rebautizada el 22 de enero de ese año como Partido Socialista Popular, apoyó a Carlos Saladrigas Zayas, candidato respaldado por Batista para sucederlo. Saladrigas fue derrotado por Ramón Grau San Martín, pero el episodio confirmó que aquella alianza había formado parte de una estrategia política prolongada.

Vista en perspectiva, la participación comunista en la coalición de 1940 revela un escenario más complejo que la narración propagandística difundida después de 1959. Batista llegó entonces a la presidencia mediante elecciones y bajo la Constitución de 1940; su posterior golpe de Estado de 1952 y la dictadura que instauró no borran retrospectivamente el apoyo que había recibido de los comunistas durante su primer Gobierno.

Años más tarde, Fidel Castro llevaría esa contradicción todavía más lejos, cuando construyó su legitimidad sobre el derrocamiento de Batista, negó durante años que fuera comunista y prometió restablecer elecciones libres. Una vez dueño del poder, eliminó el pluralismo político, prohibió las alternativas independientes y convirtió al Partido Comunista en sostén único del Estado. La antigua alianza con Batista quedó excluida del relato oficial porque contradecía la imagen de una organización siempre enfrentada a la dictadura y guiada por principios invariables.

Fuentes: Robert Whitney, “Fulgencio Batista and Populism in Cuba, 1937–1940”; Library of Congress, Cuba: A Country Study; Aline Helg, “Race, Discrimination, and the Cuban Constitution of 1940”; estudio oficial estadounidense sobre Cuba; Árbol Invertido, “Gobernantes de Cuba: cronología histórica completa desde 1492 hasta hoy”.


18 julio 1960 — URSS y China. Moscú ordena retirar de China a todos sus especialistas

La retirada de 1.390 especialistas y la paralización de cientos de acuerdos técnicos hacen visible la fractura entre las dos mayores potencias comunistas.

El 18 de julio de 1960, la Embajada soviética en Pekín notificó al Gobierno chino que la Unión Soviética retiraría a sus especialistas y asesores del país. La medida convirtió en una ruptura abierta las diferencias que desde hacía años enfrentaban a Nikita Jrushchov y Mao Zedong por el liderazgo del mundo comunista, la desestalinización y las relaciones con Occidente.

Durante la década de 1950, la cooperación entre la Unión Soviética y la República Popular China había sido intensa. Ingenieros, técnicos y asesores soviéticos participaron en proyectos industriales, militares y científicos en territorio chino.

Sin embargo, las diferencias ideológicas entre Nikita Jrushchov y Mao Zedong se intensificaron. China criticaba la política de “coexistencia pacífica” con Occidente impulsada por Moscú, mientras que la Unión Soviética veía con recelo la radicalización del liderazgo chino.

La retirada de los especialistas en 1960 marcó un punto de ruptura irreversible. La división del mundo comunista en dos polos enfrentados se hizo evidente.

Moscú retiró a 1.390 especialistas, anuló 343 contratos de asistencia técnica y suspendió 257 proyectos de cooperación científica y tecnológica. La salida afectó fábricas, laboratorios y obras industriales que dependían del conocimiento soviético. Parte de la maquinaria quedó sin instalar y los técnicos chinos tuvieron que reconstruir planos y documentación que ya no tenían a su alcance.

Aquella decisión agravó los problemas de numerosos proyectos, pero no originó la catástrofe económica que China ya padecía. La hambruna había comenzado como consecuencia del Gran Salto Adelante, con su colectivización forzada, sus cuotas de producción irreales y el ocultamiento de los fracasos. Moscú y Pekín disputaban el liderazgo del movimiento comunista y, nueve años después, la rivalidad desembocaría en enfrentamientos armados en la frontera sino-soviética.

Fuentes: Michael S. Gerson, The Sino-Soviet Border Conflict: Deterrence, Escalation, and the Threat of Nuclear War in 1969; Zhang Baichun y otros, “Technology Transfer from the Soviet Union to the People’s Republic of China, 1949–1966”; University of Maryland Digital Archive, “Sino-Soviet Relations”.


20 julio 1992 — Checoslovaquia. Václav Havel dimite ante la inminente ruptura del país

Contrario a la división de Checoslovaquia, el antiguo disidente renuncia después de que las fuerzas políticas partidarias de separar las repúblicas checa y eslovaca se impongan en el país.

El 20 de julio de 1992 Václav Havel, presidente de Checoslovaquia y figura central de la transición postcomunista, presentó su dimisión tras el fracaso de las negociaciones sobre la reorganización del Estado.

Havel, antiguo disidente y autor de textos como El poder de los sin poder, había sido elegido presidente tras la Revolución de Terciopelo de 1989, que puso fin al régimen comunista en el país.

Las tensiones entre checos y eslovacos sobre la estructura del Estado federal hicieron cada vez más difícil su posición. Ante la imposibilidad de encontrar una solución aceptable para ambas partes, decidió renunciar al cargo.

La retirada ocurrió tres días después de que el Consejo Nacional Eslovaco aprobara la Declaración de Soberanía de la Nación Eslovaca. Havel había defendido la continuidad del Estado común, pero los partidos vencedores de las elecciones ya negociaban su separación. En lugar de utilizar la presidencia para obstaculizar por la fuerza un proceso que rechazaba, abandonó el cargo.

Havel se oponía a la división de Checoslovaquia y había intentado preservar el Estado federal mediante reuniones y negociaciones entre los dirigentes checos y eslovacos. Después de que el Consejo Nacional Eslovaco aprobara el 17 de julio su declaración de soberanía, consideró que ya no podía ejercer la presidencia de un país encaminado hacia una separación que él rechazaba.

Menos de seis meses después de su renuncia, Checoslovaquia dejó de existir. El 1 de enero de 1993 nacieron la República Checa y Eslovaquia mediante el proceso conocido como “divorcio de terciopelo”. Havel regresó entonces a la vida pública y, el 26 de enero, fue elegido primer presidente de la nueva República Checa.

Fuentes: Biblioteca Václav Havel, “Václav Havel — President, 1989–2003”; Columbia University, “Havel at Columbia: Timeline”: Biblioteca Václav Havel, cronología de su presidencia entre 1989 y 2003; Árbol Invertido, “Václav Havel: ‘El poder de los sin poder’”.


► DEL 21 AL 31 DE JULIO

23 julio 1921 — China, Shanghái. Comienza el congreso fundacional del Partido Comunista Chino

Un reducido grupo de delegados, entre ellos Mao Zedong, se reúne clandestinamente para fundar el partido que tomaría el poder en 1949 y construiría una de las dictaduras más duraderas del mundo.

El 23 de julio de 1921 se inauguró en Shanghái el Primer Congreso del Partido Comunista Chino, considerado el acto fundacional de la organización que décadas después tomaría el poder en el país.

El congreso reunió a un pequeño grupo de delegados, entre ellos Mao Zedong, que en ese momento era un participante más dentro de un movimiento todavía incipiente. Comenzó en una casa de estilo shikumen dentro de la Concesión Francesa de Shanghái. La aparición de un desconocido, el 30 de julio, despertó sospechas, y poco después llegó la policía. Los delegados abandonaron el lugar y terminaron la reunión a bordo de una embarcación turística en el lago Nanhu, en Jiaxing. Una organización destinada a gobernar a cientos de millones de personas concluyó su fundación escondida dentro de un pequeño barco.

El partido celebra, sin embargo, su aniversario cada 1 de julio. Durante los años de guerra se perdieron documentos y sus dirigentes no recordaban con certeza el día en que había comenzado el congreso. Por esa razón se adoptó convencionalmente aquella fecha. Los archivos soviéticos y otras investigaciones permitieron establecer más tarde que la sesión inaugural se había celebrado el 23 de julio de 1921, pero la conmemoración oficial no fue modificada.

Incluso el número de fundadores presenta discrepancias. La historia oficial del Partido Comunista Chino cuenta doce delegados, mientras otras reconstrucciones identifican trece. De los poco más de cincuenta militantes representados en aquel congreso surgió el partido que conquistó el poder después de décadas de guerra civil. Mao Zedong proclamó la República Popular China el 1 de octubre de 1949 y estableció un régimen de partido único.

Durante las décadas siguientes, el Gran Salto Adelante provocó una hambruna catastrófica, mientras la Revolución Cultural extendió las purgas, las prisiones, las humillaciones públicas y la destrucción del patrimonio. Tras la muerte de Mao, las reformas económicas transformaron profundamente el país, pero no pusieron fin al monopolio político del Partido Comunista, la censura ni la persecución de las organizaciones independientes.

Fuentes: Departamento Internacional del Comité Central del Partido Comunista Chino, “The First National Congress”; Nippon.com, “The Birth of the Chinese Communist Party and Other Historical Events”.


23 julio 1926 — Nace Ludvík Vaculík, voz decisiva de la disidencia checa

Autor de “Las dos mil palabras” y promotor de la editorial clandestina Edice Petlice, Vaculík convirtió la literatura y el samizdat en formas de resistencia contra la censura comunista.

El 23 de julio de 1926 nació en Brumov, Moravia, Ludvík Vaculík, escritor y periodista checo que con el tiempo se convertiría en una de las figuras centrales de la crítica intelectual al comunismo en Checoslovaquia. 

Vaculík había pasado por el Partido Comunista y conocía el sistema desde dentro. No fue un opositor externo desde el comienzo, sino alguien que atravesó la maquinaria ideológica del régimen y terminó escribiendo contra ella con una claridad cada vez mayor. En los años sesenta empezó a destacar como periodista y narrador de una prosa seca, concreta, muy atenta a las deformaciones del lenguaje oficial. 

Su nombre quedó unido sobre todo al manifiesto de su autoría, “Las dos mil palabras”, publicado el 27 de junio de 1968, uno de los textos más importantes de la Primavera de Praga. Texto que no proponía todavía abandonar el socialismo. Exigía libertad de expresión, participación ciudadana, transparencia en la gestión pública y la sustitución de quienes habían abusado de sus cargos. Se convirtió en uno de los textos más influyentes del movimiento reformista y en uno de los documentos utilizados posteriormente por Moscú para justificar la invasión de Checoslovaquia. 

Fragmentos de "Las dos mil palabras":

“Durante muchos años en nuestro país se ha dicho que el poder pertenece al pueblo. Sin embargo, la realidad ha sido distinta. El poder ha estado en manos de un pequeño grupo que ha decidido por todos.

El Partido Comunista, que tenía que servir al pueblo, se ha convertido en una organización que defiende sus propios intereses” .

Después de la invasión soviética, Vaculík pasó a formar parte del universo samizdat: escritura clandestina, circulación restringida, vigilancia policial y una vida intelectual sostenida contra la censura. Fue también una figura esencial de la editorial clandestina Edice Petlice, ayudando a mantener viva una literatura expulsada del espacio público por el Estado comunista. 

La resistencia editorial tenía objetos y procedimientos concretos. Los libros de Edice Petlice se copiaban a máquina utilizando papel carbón; cada ejemplar era firmado por su autor para presentarlo como manuscrito personal y no como producto de una editorial clandestina. La colección llegó a publicar 391 títulos, algunos en varias ediciones. Frente a las imprentas, librerías y censores del Estado, una parte esencial de la literatura checa sobrevivía en unas pocas copias mecanografiadas y encuadernadas artesanalmente.

Vaculík ocupa un lugar importante en cualquier memoria cultural del anticomunismo centroeuropeo porque encarna algo muy especial, el momento en que la literatura se convierte en una forma de resistencia civil. 

Fuentes: Radio Prague International, “Renowned Author Ludvík Vaculík Turns Eighty”; The Guardian, “Ludvík Vaculík, Czech Journalist and Author, Dies Aged 88”; texto de “Las dos mil palabras”.


24 julio 1959 — URSS, Moscú. Nixon y Jrushchov protagonizan el "debate de la cocina"

Una cocina estadounidense instalada en Moscú se convierte en escenario de una discusión pública sobre consumo, libertad, tecnología y las diferencias entre la vida bajo el capitalismo y el comunismo.

El 24 de julio de 1959 Richard Nixon y Nikita Jrushchov protagonizaron en Moscú el llamado “Kitchen Debate”, uno de los episodios más célebres de la Guerra Fría cultural. La conversación tuvo lugar durante la Exposición Nacional Estadounidense en Moscú, ante una cocina modelo instalada como vitrina del consumo doméstico norteamericano. La CIA conserva una transcripción contemporánea del intercambio. 

Lo interesante es la escena material: una cocina, un lavavajillas, electrodomésticos, periodistas, cámaras, y dos dirigentes discutiendo no en una sala diplomática sino en un espacio pensado para exhibir el estilo de vida de clase media en Estados Unidos. Nixon insistía en que aquella cocina representaba la vida corriente de muchas familias estadounidenses. “Quiero mostrarle esta cocina. Es como las de nuestras casas en California”, dijo en la transcripción conservada. Jrushchov replicó con sorna, discutiendo tanto el significado político de esos objetos como el sistema que los producía. 

El debate fue una condensación extraordinaria de la Guerra Fría: capitalismo y comunismo comparándose no a través de manifiestos abstractos, sino mediante lavadoras, viviendas, consumo, comodidad y promesas de progreso. La conversación subía de tono, alternaba ironías y choques ideológicos, y terminaba mostrando hasta qué punto la disputa entre ambos sistemas se jugaba también en la imaginación de la vida cotidiana. No se hablaba solo de geopolítica, sino de cómo debía vivir una familia moderna. 

Significó una nueva dimensión menos militar del conflicto con el comunismo: la batalla por el modelo de vida, por la imagen del bienestar y por la credibilidad pública de cada sistema.

La discusión continuó después de que Nixon y Jrushchov abandonaran la cocina. El intercambio había sido registrado en cinta de video en color, una tecnología que formaba parte de la propia exhibición estadounidense. La televisión de Estados Unidos lo transmitió al día siguiente; la soviética esperó hasta el 27 de julio, lo emitió de noche y ofreció una traducción incompleta de las palabras de Nixon. Durante los 42 días de la exposición, más de 2,7 millones de soviéticos acudieron a contemplar viviendas, automóviles y electrodomésticos estadounidenses.

El intercambio fue improvisado y varias personas hablaron al mismo tiempo, por lo que las transcripciones conservadas presentan algunas diferencias. Aun así, permiten reconstruir los principales argumentos y varias de las frases pronunciadas por ambos dirigentes. Citas del debate delante de una cocina doméstica estadounidense:

Richard Nixon (EE.UU.): “Hay algunos casos en los que ustedes pueden estar por delante de nosotros —por ejemplo, en el desarrollo del empuje de los cohetes… pero en otros, nosotros estamos por delante”.

Nikita Jrushchov (URSS): “Los alcanzaremos, y luego los superaremos”.

Nixon: “No tenemos que tener miedo a las ideas”.

Jrushchov (en tono desafiante): “Ustedes los estadounidenses creen que pueden resolverlo todo con dinero”.

Nixon: “En Estados Unidos nos gusta hacer la vida más fácil a las mujeres”.

Fuentes: Central Intelligence Agency, “The Kitchen Debate — Transcript”; National Archives, “Nixon–Khrushchev Kitchen Debate”; Teaching American History, “The Kitchen Debate”.


26 julio 1947 — Estados Unidos. Truman firma la ley que reorganiza la seguridad nacional para la Guerra Fría

La legislación crea el Consejo de Seguridad Nacional y la CIA, integra las fuerzas armadas bajo una nueva estructura y establece la maquinaria institucional estadounidense de la Guerra Fría.

El 26 de julio de 1947 Harry S. Truman firmó la National Security Act, una ley que reorganizó profundamente la arquitectura de seguridad y política exterior de Estados Unidos. La Office of the Historian del Departamento de Estado la presenta como una reestructuración mayor de los establecimientos militares y diplomáticos del gobierno estadounidense. 

“Se establece por la presente un Consejo de Seguridad Nacional que asesorará al Presidente con respecto a la integración de las políticas internas, exteriores y militares relacionadas con la seguridad nacional, a fin de permitir que los servicios militares y los demás departamentos y organismos del Gobierno cooperen de manera más eficaz en los asuntos que implican la seguridad nacional”.

Entre las instituciones creadas o reorganizadas por la ley estuvieron el Consejo de Seguridad Nacional, la Agencia Central de Inteligencia, una Fuerza Aérea independiente y el National Military Establishment, que agrupó los departamentos militares bajo un secretario de Defensa. Esta última estructura no fue denominada oficialmente Department of Defense hasta la reforma de 1949. 

Truman no firmó la ley dentro del Despacho Oval, sino a bordo del Sacred Cow, un avión Douglas VC-54C construido para transportar al presidente. Estaba a punto de viajar para visitar a su madre, gravemente enferma, y retrasó el despegue hasta completar la firma. El escenario resultó simbólico, pues dentro del primer avión presidencial estadounidense se creó una Fuerza Aérea independiente y buena parte de la arquitectura institucional de la Guerra Fría.

Era la construcción de una nueva maquinaria estatal pensada para un mundo que acababa de salir de la Segunda Guerra Mundial y entraba rápidamente en otra lógica, la del enfrentamiento sostenido con la Unión Soviética, en uno de los momentos en que el anticomunismo estadounidense dejó de ser solo un clima político o una doctrina de contención y se convirtió en una estructura institucional permanente. Mucha de la historia posterior de la Guerra Fría —desde Berlín hasta Cuba, desde Corea hasta Afganistán— pasó por la arquitectura estatal creada ese día. 

Fuentes: Office of the Historian del Departamento de Estado de Estados Unidos, “National Security Act of 1947”; Cámara de Representantes de Estados Unidos, “The National Security Act of 1947”; Truman Library Institute, “President Truman Signs the National Security Act”.


27 julio 1953 — Corea, Panmunjom. El armisticio detiene los combates sin traer la paz

Después de tres años de guerra, el acuerdo establece un alto el fuego y una zona desmilitarizada, pero no consigue un tratado de paz ni pone fin a la división de la península.

El 27 de julio de 1953 se firmó en Panmunjom el Acuerdo de Armisticio de Corea, que suspendió las hostilidades después de tres años de guerra. El documento hizo callar las armas, pero no terminó formalmente el conflicto ni resolvió la división de la península.

A las diez de la mañana, el teniente general estadounidense William K. Harrison Jr., en representación del Mando de las Naciones Unidas, y el general norcoreano Nam Il, representante del Ejército Popular de Corea y de los Voluntarios del Pueblo Chino, entraron en el pabellón de Panmunjom. Sin intercambiar palabras ni estrecharse las manos, firmaron 18 ejemplares del acuerdo en inglés, coreano y chino. La ceremonia duró exactamente diez minutos.

Alcanzar aquellos diez minutos había requerido 158 reuniones durante dos años y diecisiete días. Las negociaciones, iniciadas el 10 de julio de 1951, se prolongaron mientras continuaban los combates y se discutían asuntos como la localización de la línea de demarcación y, especialmente, la repatriación de los prisioneros de guerra.

Corea del Sur no firmó el armisticio. Su presidente, Syngman Rhee, se oponía a aceptar una solución que mantuviera dividida la península y exigía la retirada de las fuerzas chinas y la reunificación de Corea. El acuerdo fue suscrito por los mandos militares de las Naciones Unidas, Corea del Norte y las fuerzas chinas, aunque sus disposiciones también obligaron a las tropas surcoreanas integradas en el Mando de la ONU.

El documento ordenó el cese completo de las hostilidades doce horas después de la firma. Estableció una línea de demarcación militar y dispuso que las fuerzas de ambos lados retrocedieran dos kilómetros, creando una zona desmilitarizada de cuatro kilómetros de ancho. También organizó la vigilancia del alto el fuego y reguló el intercambio de prisioneros.

La zona desmilitarizada no siguió exactamente el paralelo 38, que había separado a las dos Coreas antes de la guerra, sino la línea del frente existente en 1953. El resultado territorial se parecía, sin embargo, al punto de partida: después de millones de muertos, heridos y desplazados y de la devastación de ciudades y campos, ningún bando había conseguido dominar toda la península.

El armisticio tampoco pretendía ser una solución política definitiva. Su propio texto recomendaba convocar, dentro de los tres meses siguientes, una conferencia de alto nivel para negociar la retirada de las fuerzas extranjeras y una solución pacífica para Corea. La conferencia terminó celebrándose en Ginebra en 1954, pero concluyó sin acuerdo. Nunca se firmó el tratado de paz que debía reemplazar aquella suspensión militar de los combates.

El conflicto había comenzado el 25 de junio de 1950, cuando el ejército de Kim Il-sung cruzó el paralelo 38 e invadió Corea del Sur con armamento y respaldo soviéticos. Seúl cayó tres días después. Mal equipadas y desorganizadas, las fuerzas surcoreanas retrocedieron junto con las primeras unidades estadounidenses, que también sufrieron graves derrotas. Durante varias semanas, la supervivencia de Corea del Sur dependió de la resistencia organizada en torno al perímetro de Pusan.

A comienzos de agosto, solo conservaban una franja de territorio en el extremo sudoriental de la península. Detrás de aquella última línea defensiva quedaba el puerto por el que llegaban soldados, armas y suministros. Si el frente cedía, prácticamente toda Corea habría quedado bajo el dominio comunista. Durante semanas, tropas surcoreanas, estadounidenses y de otros países del Mando de las Naciones Unidas resistieron junto al río Nakdong mientras recibían refuerzos.

El giro llegó el 15 de septiembre de 1950. En una operación considerada extremadamente arriesgada por las fuertes mareas, los estrechos accesos al puerto y sus altos muros de contención, las fuerzas dirigidas por el general Douglas MacArthur desembarcaron en Incheon, unos 240 kilómetros detrás del frente norcoreano. Los marines tuvieron que escalar los muros con largas escaleras mientras los barcos aguardaban que regresara la marea para acercarse nuevamente a la costa. El desembarco cortó las líneas de abastecimiento del ejército invasor; al mismo tiempo, las fuerzas cercadas rompieron el perímetro de Pusan y avanzaron hacia el norte. Seúl fue recuperada y, en pocas semanas, el ejército norcoreano pasó de encontrarse al borde de la victoria a retirarse desordenadamente. La intervención encabezada por Estados Unidos salvó a Corea del Sur de ser absorbida por la dictadura comunista, aunque el posterior avance hacia la frontera china provocaría la entrada masiva de las tropas de Mao y transformaría nuevamente la guerra.

El conflicto fue una de las primeras grandes confrontaciones armadas de la Guerra Fría. Corea del Norte, sostenida por la Unión Soviética y la China comunista, consolidó una dictadura totalitaria y hereditaria. Corea del Sur, gobernada entonces por el autoritario Syngman Rhee, permaneció fuera del dominio comunista y, después de décadas de gobiernos autoritarios, movilizaciones ciudadanas y luchas por la democratización, logró convertirse en una democracia.

Posteriormente el régimen de Pyongyang incorporó el 27 de julio a su liturgia oficial como “Día de la Victoria”, a pesar de que el resultado real había sido un armisticio que dejó millones de víctimas, un país devastado y la península dividida. Solamente en el altar ficticio de la propaganda se podía transformar así una guerra iniciada mediante una invasión en un relato de liberación y un empate sangriento en una supuesta hazaña histórica.

Fuentes: National Archives, “Korean War Armistice Agreement, 1953”; Naciones Unidas, texto del Acuerdo de Armisticio de Corea; United Nations Command, “The Long Road to a Ceasefire”; Office of the Historian del Departamento de Estado de Estados Unidos, “The Korean War and Japan’s Recovery”.


31 julio 1967 — Cuba, La Habana. Comienza la conferencia OLAS

Delegados de partidos comunistas, organizaciones marxistas y movimientos guerrilleros se reúnen bajo el patrocinio del régimen cubano y presentan la "violencia revolucionaria" como vía fundamental para conquistar el poder.

El 31 de julio de 1967 comenzó en La Habana la primera conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS). Hasta el 10 de agosto, unos 150 delegados de partidos y organizaciones de 27 países, acompañados por cerca de cien invitados y observadores, debatieron cómo coordinar y extender la insurrección armada por América Latina. Bajo la dirección política del régimen cubano, el encuentro buscó coordinar la lucha por la conquista del poder en América Latina y convertir a La Habana en centro permanente de apoyo a las guerrillas del continente.

Esta conferencia legitimó explícitamente la violencia como estrategia continental. 

Aprobada el 10 de agosto, la declaración general sostuvo que la situación de la región “determina y exige que se desate y desarrolle la violencia revolucionaria”. Las demás formas de acción política quedaban subordinadas a ese objetivo, mientras la guerrilla era presentada como el método más eficaz para iniciar la guerra revolucionaria en la mayoría de los países:

“La lucha revolucionaria armada constituye la línea fundamental de la Revolución en América Latina; todas las demás formas de lucha deben servir para hacer avanzar, y no para retrasar, el desarrollo de esta línea fundamental”.

El documento añadió que, en la mayoría de los países, organizar, iniciar, desarrollar y culminar la lucha armada constituía “la tarea inmediata y fundamental del movimiento revolucionario”. Las guerrillas fueron definidas como embriones de ejércitos de liberación y la conquista del poder debía realizarse mediante la destrucción del aparato militar y burocrático del Estado. La declaración convirtió además la cooperación con los movimientos armados en un “deber internacional” de las organizaciones antiimperialistas.

No obstante, OLAS no inauguró la exportación cubana de la violencia. Esta política había comenzado prácticamente desde el primer día del triunfo revolucionario en 1959. Durante ese año salieron desde Cuba o recibieron apoyo, armas, entrenamiento y combatientes cubanos expediciones dirigidas contra los gobiernos de Panamá, República Dominicana, Nicaragua y Haití. En abril, unos noventa expedicionarios, mayoritariamente cubanos, desembarcaron en Panamá con la intención de provocar una insurrección. En junio, fuerzas organizadas para invadir la República Dominicana desembarcaron en Constanza, Maimón y Estero Hondo; la mayoría de sus integrantes murió frente a las tropas de Rafael Trujillo.

Ya en junio de 1959, el primer teniente cubano Ramón Onelio Hernández Taño, oficial del recién creado Ejército Rebelde, cayó en El Chaparral, Honduras, cuando participaba como segundo jefe de una columna que pretendía iniciar una guerrilla contra la dictadura de los Somoza en Nicaragua. Al poco tiempo de instalarse Fidel Castro en el poder en La Habana, ya había militares cubanos desplegados clandestinamente en varios países.

Durante la primera mitad de los años sesenta, La Habana extendió esa política mediante dinero, armas, entrenamiento, propaganda, documentos falsos, comunicaciones y envío de agentes. En 1963, las autoridades venezolanas descubrieron en una playa un cargamento de varias toneladas destinado a las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional; muchas armas conservaban números y marcas que permitieron rastrearlas hasta Cuba. En mayo de 1967, pocas semanas antes de OLAS, cuatro cubanos desembarcaron junto con guerrilleros venezolanos en Machurucuto. Dos murieron y los otros fueron capturados.

La violencia no se limitó a enfrentamientos entre guerrillas y ejércitos. Organizaciones armadas o respaldadas desde La Habana practicaron sabotajes, asaltos, secuestros, colocación de explosivos, asesinatos selectivos y ataques contra transportes e instalaciones civiles; algunas de estas acciones constituyeron tácticas terroristas para intimidar a la población o alcanzar objetivos políticos mediante víctimas indiscriminadas. 

En Venezuela, la lucha guerrillera ya había causado víctimas entre militares y civiles. El 29 de septiembre de 1963, un comando de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional asaltó el tren turístico de El Encanto, en el estado Miranda, con el propósito de apoderarse de las armas de los guardias que viajaban allí. Cinco miembros de la Guardia Nacional murieron durante el ataque y varias pasajeras y menores resultaron heridos.

En las décadas siguientes, organizaciones respaldadas o entrenadas por Cuba recurrieron también a secuestros de diplomáticos y empresarios, ejecuciones de rehenes, coches bomba y atentados urbanos. La estrategia revolucionaria y la represión estatal que provocó alimentaron conflictos prolongados y dejaron decenas de miles de muertos, desaparecidos, heridos y desplazados en la región.

El respaldo comunista a la vía armada, sin embargo, no fue uniforme. El Partido Comunista de Cuba actuó como promotor y centro político de OLAS. El Partido Guatemalteco del Trabajo estaba vinculado a las Fuerzas Armadas Rebeldes; el Partido Comunista Colombiano respaldaba las autodefensas campesinas de las que habían surgido las FARC; y sectores comunistas venezolanos participaron en la creación de las FALN. A ellos se sumaron partidos socialistas, organizaciones guevaristas y grupos marxistas escindidos de los partidos tradicionales.

Otros partidos comunistas, especialmente los de Argentina y Brasil, rechazaban la imposición de la guerrilla como estrategia general y privilegiaban el trabajo sindical, electoral o parlamentario. El Partido Comunista de Uruguay participó en OLAS, representado por Rodney Arismendi, pero mantuvo reservas ante algunas de sus conclusiones. El Partido Comunista de Venezuela, después de haber apoyado la insurgencia, decidió abandonar progresivamente las armas; Fidel Castro respondió acusando públicamente de traición a parte de su dirección. Bajo la retórica de la unidad se libraba una disputa por el mando de la revolución latinoamericana entre La Habana, Moscú, los partidos comunistas tradicionales y las nuevas organizaciones armadas.

La conferencia de OLAS se celebró mientras Ernesto “Che” Guevara combatía clandestinamente en Bolivia. Aunque no se encontraba en el salón, su imagen presidía el encuentro junto con su consigna: "Crear dos, tres... muchos Vietnam" que resumía la aspiración de multiplicar las guerras. La operación boliviana, organizada con participación cubana, fracasó poco después. Guevara fue capturado el 8 de octubre y ejecutado al día siguiente en La Higuera. El Partido Comunista de Bolivia, dirigido por Mario Monje, se había negado a someterse al mando del Che, otra muestra de la fractura entre el castrismo y los partidos alineados con la Unión Soviética.

La coordinación de la política cubana de apoyo a las guerrillas tuvo entre sus principales responsables a Manuel Piñeiro Losada, antiguo jefe de la inteligencia y entonces viceministro del Interior. Bajo su supervisión, Cuba recibió y preparó militantes extranjeros, estableció redes clandestinas y proporcionó recursos a organizaciones dispuestas a iniciar la lucha armada. OLAS convirtió aquella actividad, desarrollada durante años de manera encubierta, en un programa político proclamado públicamente.

En su discurso de clausura, Fidel Castro eliminó cualquier posible ambigüedad sobre el propósito del encuentro:

“Que nadie se haga ilusiones acerca de tomar el poder por medios pacíficos en ningún país de este continente. Quien trate de vender esa idea a las masas las estará engañando completamente”.

Añadió que, aunque no todos los países debían iniciar inmediatamente una insurrección, “a largo plazo solo hay una solución: la guerra de guerrillas en América Latina”. 

Treinta y tres años más tarde, Fidel Castro admitió públicamente que el apoyo cubano había incluido preparación militar. Durante la X Cumbre Iberoamericana de Panamá, celebrada el 18 de noviembre de 2000, respondió al presidente salvadoreño Francisco Flores: “Si me acusas tú y otros muchos más aquí de que apoyamos el movimiento revolucionario en América Latina, le digo que sí”. Poco después añadió: “Acepto su acusación, si lo desea, que nosotros entrenamos a muchos guerrilleros”. Mencionó la ayuda prestada a movimientos de El Salvador, Chile y Nicaragua, además de varias organizaciones armadas africanas. Sus palabras confirmaban que el respaldo del Gobierno cubano había ido más allá de los discursos y la propaganda.

OLAS presentó la violencia revolucionaria como una obligación histórica y a Cuba como vanguardia encargada de impulsarla. Su proyecto no consiguió reproducir rápidamente el triunfo de 1959: numerosos focos fueron derrotados, el Che murió aislado en Bolivia y varios partidos comunistas se resistieron a obedecer a La Habana. Pero la estrategia contribuyó a extender guerras internas, terrorismo, represión estatal y dictaduras militares. Detrás de las consignas sobre la liberación continental quedaron sociedades atrapadas entre organizaciones armadas que pretendían conquistar el poder y gobiernos que utilizaron esa amenaza para justificar torturas, desapariciones y asesinatos.

Fuentes: Organización Latinoamericana de Solidaridad, “OLAS General Declaration”, agosto de 1967; Fidel Castro, discurso de clausura de la Conferencia de OLAS, 10 de agosto de 1967; Departamento de Estado de Estados Unidos, informe histórico sobre las operaciones cubanas en América Latina, 1971; Departamento de Estado, informe sobre la expedición armada a Panamá, 1959; Granma, “Onelio Hernández Taño: un héroe de El Chaparral”; Sofía Grenat, “Unión y dispersión de fuerzas políticas en la formación del Comité Internacional Preparatorio de la OLAS”; Tanya Harmer, “Two, Three, Many Revolutions?”, Journal of Latin American Studies; Árbol Invertido, “La conexión castrismo-orteguismo: un remanente de los años ochenta”.

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Este reto es para probar que no eres un robot. Por favor, ten en cuenta minúsculas y mayúsculas.