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Reportajes | La ciudad de La Habana, el espejo de un país en ruinas

¿Qué queda de La Habana como la supuesta “ciudad maravilla”? Apenas el retrato descarnado de un país en ruinas.

Municipio capitalino de Centro Habana.
Municipio capitalino de Centro Habana.

En diciembre de 2014, la capital cubana fue declarada una de las Nuevas Siete Ciudades Maravilla del Mundo, un reconocimiento internacional promovido por la fundación suiza New7Wonders, la misma que había organizado años antes la votación para elegir las nuevas siete maravillas del mundo moderno. La elección situó a La Habana junto a urbes como Beirut, Doha, Kuala Lumpur, Durban, La Paz y Vigan.

Esta iniciativa, impulsada por el cineasta suizo Bernard Weber, planteaba que las ciudades elegidas debían destacar por atributos como la diversidad cultural, la belleza arquitectónica y paisajística, el valor simbólico para sus habitantes y la capacidad de atraer visitantes e inspirar admiración internacional.

Ceremonia en La Habana en 2016 donde autoridades cubanas y Bernard Weber, fundador de New7Wonders, develan la placa que declara a la capital como una de las Nuevas Siete Ciudades Maravilla del Mundo.
Acto oficial donde Bernard Weber y autoridades cubanas develaron la placa que reconoció a La Habana como “ciudad maravilla” (Castillo de San Salvador de la Punta, 7 de junio de 2016).

Para definir a las ganadoras no se recurrió a expertos en urbanismo ni a organismos especializados en patrimonio, sino a una votación pública en internet y a través de mensajes de texto que reunió millones de sufragios en todo el mundo. 

"Nunca antes en la historia de la humanidad había sido posible tener una votación global, alcanzar consenso mundial y nunca antes las ciudades habían tenido la misma consideración universal dada a las siete Ciudades Maravillas del Mundo Moderno y de la naturaleza", dijo Weber.

El peso de una declaración simbólica

Cuando finalmente La Habana apareció entre las ciudades escogidas, el hecho desató celebraciones oficiales y una cobertura triunfalista en la prensa estatal. El gobierno convirtió aquel resultado en un trofeo propagandístico: una muestra de prestigio cultural presentada como victoria simbólica frente a sus adversarios políticos.

“Nuestra ciudad constituye parte del patrimonio más importante de la cultura material de la nación, y representa una pieza sustancial de la memoria histórica, con extraordinarios valores arquitectónicos y urbanísticos”, afirmó Marta Hernández, en aquel entonces presidenta de la Asamblea Provincial del Poder Popular, durante el acto de premiación celebrado el 7 de junio de 2016 en la explanada del Castillo de San Salvador de la Punta.

La "ciudad maravilla" que se proclamaba desde la tribuna contrastaba con la Habana real: un escenario de ruina cotidiana que ningún acto protocolar podía ocultar. Aquellas palabras de la dirigente resonaban solemnes frente al mar, pero la ciudad se caía a pedazos y miles de familias vivían hacinadas, bajo edificios apuntalados.

Persona pasa frente a edificio apuntalado.
Cuba. | Imagen: Alina Sardiñas

Postales de La Habana

La Habana sigue ofreciendo imágenes fascinantes: el Malecón como balcón abierto al mar, la música improvisada que brota en cada esquina y, sobre todo, la calidez de su gente, uno de los valores más perdurables de la ciudad. El casco histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1982, conserva plazas coloniales, iglesias y fortalezas centenarias. 

Pero esa estampa entrañable convive con una ciudad herida, donde la desidia política y la crisis urbana ya están en fase terminal. Los últimos datos oficiales disponibles, divulgados en 2020, reconocían que más de 37 000 viviendas de la capital estaban en riesgo de derrumbe parcial o total, y que el déficit habitacional en todo el país superaba las 800 000 casas, con La Habana como epicentro.

Cuartería en La Habana. Foto: Francis Sánchez

Las guaguas —autobuses urbanos— que en los años ochenta llegaron a mover más de un millón de pasajeros diarios en la capital, hoy resultan insuficientes para cubrir las necesidades mínimas de movilidad. Según reconoció en 2023 la propia Dirección Provincial de Transporte de La Habana, apenas funcionaba alrededor del 40 % de la flota de ómnibus urbanos por la falta de piezas y combustible. 

Medios no estatales han documentado con frecuencia que la ciudad vive en una parálisis casi crónica: paradas repletas durante horas, rutas eliminadas y personas que deben caminar kilómetros cada día ante la imposibilidad de llegar a tiempo a su trabajo o a la escuela.

La basura se acumula durante días, los cortes de agua obligan a improvisar reservas y los apagones agravan las condiciones de vida. En ese entorno, las enfermedades encuentran terreno fértil, mientras los hospitales, carentes de recursos, apenas consiguen sostener la atención más básica. Son signos de un deterioro prolongado y de una emergencia sanitaria crónica.

Un basurero en La Habana Vieja.
Un basurero en La Habana Vieja. | Imagen: Alina Sardiñas

Y mientras la ciudad real se desmorona, en el mismo paisaje urbano se levantan torres de lujo como el Gran Aston o el Selection La Habana, equipados con lo necesario para garantizar aire acondicionado y luz propia cuando el resto de la capital queda a oscuras. La paradoja es nítida: la “ciudad maravilla” no es tan maravillosa para todos.

En 2024, cuando Cuba recibió apenas 2,2 millones de visitantes internacionales —la cifra más baja en 17 años sin contar la pandemia, según datos oficiales—, el Gobierno destinó más del 10 % de la inversión nacional a la construcción de hoteles y restaurantes, un aumento respecto al 7 % del año anterior. 

El Hotel Grand Aston iluminado en medio de un apagón general en La Habana, con el resto de la ciudad sumida en la oscuridad.
El Hotel Grand Aston resplandece iluminado durante un apagón en La Habana.

Una ciudad enferma

Durante años, La Habana fue retratada en la prensa extranjera como una ciudad mítica, casi congelada en el tiempo, donde los autos antiguos y las fachadas coloniales ofrecían un decorado irresistible para residentes y visitantes. Hoy, esas mismas páginas dibujan un cuadro radicalmente distinto.

"El olor de la basura es penetrante y se intensifica bajo el sol caribeño. Los desechos acumulados son tantos que toda una calle de La Habana, alejada de la zona turística, quedó bloqueada al tránsito." (CNN, 22 de agosto de 2025)

En el portal oficial del Gobierno de Canadá, en la sección de consejos y advertencias de viaje se puede leer:

"Se recomienda tener mucho cuidado en Cuba debido a la escasez de productos básicos, incluidos alimentos, medicinas y combustible."

La Habana es un recordatorio incómodo de un país en ruinas. El título de “ciudad maravilla” sobrevivió apenas como consigna propagandística y como eslogan turístico, pero nunca como política pública capaz de rescatarla de su deterioro. 

La capital nunca fue, en términos urbanísticos, una maravilla. Lo era para quienes se emocionaban ante una ciudad detenida en el tiempo, con ruinas "pintorescas" y un parque temático socialista fotografiable. Esta urbe que se derrumba ni siquiera fue construida por la Revolución, es una ciudad de siglos sin restauración, sin inversiones, cuya edad biológica termina y se desmorona a pedazos.

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