"Está con el pie en el estribo y vive pendiente de todo" fueron algunas de las palabras con que el mandatario Miguel Díaz-Canel describió la condición física y mental del General de Ejército Raúl Castro Ruz. Lo aseguró en un discursillo de defensa, tras la imputación que publicó el Departamento de Justicia de los Estados Unidos, a causa del derribo de las avionetas civiles de Hermanos al Rescate, en aguas internacionales.
Mala descripción para un dinosáurico personaje que debería estar retirado ya hace mucho de la vida política, la legislación social, las decisiones económicas y la conducción militar de esa isla caribeña a la que —junto a su familia— no ha dejado de dirigir de modo tiránico (y sin elecciones transparentes, valga la redundancia) por casi setenta años.
La canonización revolucionaria
Lo asombroso es que esta vez no habló de Fidel; y que le transmutó todas las propiedades que hasta ahora eran sólo atributos del líder histórico, a su hermanito.
Es cierto que, al primero, la prensa le siguió —¡hasta después de la muerte!— su juego de narcisista encubierto; y que ese culto afirmó su paradójica personalidad de ególatra-modesto. No porque el caballo1 fuese humilde, sino porque en su cabalgata exhibía una virtud que él entendía como un reflejo de su ser magnánimo, una mezcla de: "Soy tanto, que mejor no me manifiesto tan cual soy, para no deslumbrarles", y:
"Mi actuación modesta les da la oportunidad de reconocer mi grandeza por ustedes mismos."
Pero el segundo bien baila al creerse el mandamás. Pero como el General nunca se ha caracterizado por la facilidad de palabras, ¡la orden de alabarlo está dada!
En sus últimos días, el Fifo2 prohibió levantar estatuas en su nombre. Quizás por un lúcido momento de análisis histórico, pensando en el día en que fuesen derribadas; pero su culto, por obra y gracia de los medios de comunicación, nos ha parecido una eterna tortura. En el ocaso menos relevante de su hermano, comienza el intento de canonizarle revolucionariamente a su lado y, ¡quién sabe si nos estarán preparando un final al estilo de la ópera clásica!
Si alguien piensa que tales halagos eran suficientes para un primer intento, Díaz-Canel continuó, entrando al terreno de las lisonjas baratas:
"Da mucho aliento. Te estimula cuando ve que hay cosas que se están haciendo bien. También, con mucho respeto, aconseja."
Aunque lo más interesante y patético ocurrió cuando pasó a presentarle como siempre han hecho las dictaduras comunistas de la vieja escuela con sus líderes: el perfecto Padre de los hijos de la Patria.
Sin duda, este es un intento de promover entre los ya pocos seguidores, y a ojos de la opinión pública internacional, el ambiente de un fervoroso amor hacia el líder supremo. Una especie de adoración sublime.
"Para mí, Raúl ha sido, ante todo, un maestro", dijo el pseudopresidente, con un rostro que parece mirar al horizonte (seguramente al teleprónter). Y continúa: "...un jefe que compromete y cuyos pasos uno trata de seguir cada día. También ha sido un amigo entrañable". Y luego, ¡el remate dramático!:
"Y yo lo siento como un padre."
¿El vaticinio del final de un tirano?
Pero había algo en el tono de los cortos videos que se difundieron que, más que hablarnos del pasado o del presente, parecía adelantarnos un cuadro, un fotograma del futuro.
El texto está cuidadosamente elaborado a manera de una despedida de duelo. Pensemos que, cuando dice: "Él sabe que tiene un prestigio ganado, unos méritos históricos tremendos. Y él sabe el peso de su personalidad y de su liderazgo en la Revolución", habla de un hombre de 94 años y con una orden de captura estadounidense.
Detenidos en este punto de vista, luego de cruzar el infantilismo de la adulación, a quienes gustamos de leer entre líneas, el texto sugiere ciertos escenarios (ya que la verdad nunca ha sido tema oficial en la Cuba socialista). Los tres más posibles podrían ser:
- Raúl ya salió o aceptó salir del país; y esta escenita resulta el intento de que no sea recordado como un desertor de su propia causa o un simple traidor a la historia y a sus seguidores partidistas. Cosa que aseguraría en el poder a alguien de la dictadura, al estilo Delcy Rodríguez, en Venezuela, y ayudaría a evitar el caos entre las filas comprometidas de la Revolución.
- Alguien ya decidió entregar a Raúl (con el consentimiento del sacrificado o no). La decisión estaría manejada posiblemente en un "Consejo Estrecho en Plan Huida". Y tal vez el portaviones y los demás buques se encaminan a una extracción.
- Raúl pretende inmolarse y crear una leyenda. Aunque ni él ni nadie supera al Fifo en lo del culto a la personalidad (que por puro milagro no rebautizó a La Habana como Ciudad Castro), se ama lo suficiente como para terminar con algo de gloria y una trama bien justificada. ¡Quién sabe si ya están planificados hasta algunos rituales afrocubanos —siempre presentes en la vida de estos extraños ateos— y una cancioncita del otro Raulito, el Torres!
Con tal de que desaparezca del mapa, ninguna posibilidad resultaría incongruente con gran parte de los cubanos de dentro del país. Tampoco con parte del exilio, que prefiere el bien del pueblo cubano, e incluso con quienes sospechan de alguna patraña planificada para inmolar al país entero —recordemos que son perfectamente capaces de aquello de "Será mejor hundirnos en el mar".
Pensemos que la negociación de la CIA incluyera hacerles ver a estos sinvergüenzas enquistados en el poder, que el fin natural de Raúl (y todos sus dobles) estaba demasiado cerca como para que quienes le rodean lo arriesgaran todo.
Tal vez los archienemigos ¡con quienes acaban de sentarse de "tú a tú"! hayan permitido "amistosamente" que se diese a elegir al tirano el modo de programar su propio fin —como último deseo del condenado—, ya que una cadena perpetua, para tan pocas afeitadas que le quedan, no sería una pena capaz de satisfacer a la justicia; sin contar que la simple reducción de su espacio vital y condiciones de vida serían causa segura de un desenlace fatal en muy corto tiempo.
La autoconfesión
Con seguridad, quien escribió el guion de los ridículos videos, no le explicó a Díaz-Canel que no era un asunto personal el que las líneas a leer le implicaran como responsable directo de toda la debacle en sus dos forzados mandatos. Según lo dicho, Raúl sólo se entremetía en el gobierno para aconsejar y dar palmaditas en el lomo.
Ahora no podrá venir con la muela de que la mafia de los Castro lo estaban obligando. Ya firmó su suerte, y su propia sentencia, al declarar su liderazgo bajo el asesoramiento de un asesino.
Al final, Díaz-Canel, en otra de sus payasadas, no solo ha vuelto a demostrar que es una marioneta del poder, sino que es el típico mentiroso que no llorará porque se descubra su mentira, sino porque se le acabó la fiesta.
Notas
1Uno de los apodos más antiguos de Fidel Castro. De dudoso origen popular. Algunos argumentan que dejarlo correr fue una estratagema de la Seguridad del Estado para realzar la fuerza de su liderazgo, mientras era compartido como una ironía de su autosuficiencia.
2Otro apodo popular de Fidel, basado en la equivalencia del número uno con el "caballo" en la Charada China.
Este artículo ha sido publicado en colaboración con el medio Atlántica Cuba.
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