En 1991, un grupo de exiliados cubanos en Estados Unidos fundó la organización Hermanos al Rescate (HAR, por sus siglas en español), para localizar y rescatar a quienes huían del socialismo en frágiles embarcaciones. Desarmados, en avionetas civiles, los pilotos sobrevolaban el Estrecho de la Florida para alertar a la Guardia Costera estadounidense sobre la ubicación de los balseros y evitar que murieran en alta mar.
Asesinato premeditado de cuatro "hermanos al rescate"
El 24 de febrero de 1996, ocho activistas de HAR salieron en tres avionetas en una misión rutinaria desde Florida. No sabían que, a la vez, desde la isla partían aviones de combate soviéticos MiG-29 y MiG-23 como parte de la Operación Escorpión. Uno de los pilotos era el treintañero Luis Raúl González-Pardo.
En el espacio aéreo internacional, misiles aire-aire impactaron dos avionetas Cessna 337 de HAR, despedazando en el acto a los activistas Carlos Costa, Armando Alejandre, Pablo Morales y Mario de la Peña, tres de ellos ciudadanos estadounidenses.
La tercera avioneta estuvo en la mira del MiG de González-Pardo. Ocultándose entre las nubes, pudo tocar al espacio aéreo estadounidense y regresó al aeropuerto de Opa-Locka. En ella volaban José Basulto, el matrimonio de Andrés y Sylvia Iriondo, y Arnaldo Iglesias.
Pero la memoria y el anhelo de justicia no son compañeros de viaje etéreos en el camino de una nación desmembrada por el socialismo. Laten de generación en generación; no mueren con los asesinados. Y esa es una pésima noticia para los verdugos.
La Asamblea de la Resistencia Cubana (ARC) y senadores cubanoamericanos convocaron, el 23 de febrero de 2026, a una vigilia a los pies del monumento del Memorial Cubano en Tamiami Park, para reclamar el encausamiento (o "indictment", en inglés) de Raúl Castro, "como autor intelectual de la masacre".
¿“Contacto clave" de la Embajada de EUA durante la administración Obama?
A pesar de su nutrida hoja de servicios al castrismo, González-Pardo vivía los frecuentes apagones, el desabastecimiento de medicinas y comida en el sistema socialista al que sirvió y tanto defendió. Ya a los 63, pensó que sería una buena idea disfrutar de un cómodo retiro en Jacksonville, Estados Unidos.
En abril de 2024 ingresó al país gracias al programa de Parole humanitario anunciado por el presidente Joe Biden y que cesó por casos de corrupción. ¡Cuán débil debía verse la administración para que militares involucrados en crímenes optaran por sus programas!
Durante la política de fronteras abiertas, entre 2020 y 2024, hubo un pico de represores y funcionarios castristas entrando a los Estados Unidos.
En la isla, González-Pardo fue miembro de la Fuerza Aérea y de Defensa Aérea Revolucionaria Cubana, de 1980 a 2009. Allí obtuvo el grado de teniente coronel.
Luego ocupó un cargo en la aeronáutica civil: Segundo Jefe de la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional "José Martí", en La Habana. Esa terminal es especial: por ella solo salen y llegan vuelos hacia los Estados Unidos, y es altamente vigilada por la policía política.
Varios disidentes que intentaron volar fuera de la isla fueron prohibidos de hacerlo en la Terminal 2 por estar en listas negras del régimen; allí mismo las autoridades le informaban a muchos que estaban "regulados". González-Pardo compartiría responsabilidad en la violación a la libertad de movimiento de esas personas o en actos intimidatorios asociados.
En 2013, el periodista independiente cubano Henry Constantín viajó al exterior a eventos profesionales. Ese año, al regresar a Cuba, fue retenido por oficiales de la Aduana en la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional José Martí, que registraron exhaustivamente su equipaje y lo intimidaron para acceder a su laptop.
En declaraciones para este artículo, Constantín opinó que González-Pardo fue parte de ese mecanismo represivo que aún hoy busca amedrentar a decenas de comunicadores que trabajan al margen del Estado socialista.
El periodista Mario Pentón, que ha cubierto extensamente el caso, confirmó que tras múltiples intentos fallidos de obtener un visado para visitar Estados Unidos, el 7 de noviembre de 2016 el Departamento de Estado bajo la administración Obama recibió una petición de otro ciudadano estadounidense, un expiloto cubano, para agilizar la visa de turismo B2 a nombre de González-Pardo.
¿El argumento de aquella carta? Desde su puesto en la Terminal 2 del Aeropuerto de La Habana, el expiloto era:
"Un contacto clave de la Embajada de Estados Unidos para coordinar asuntos relacionados con la aviación y la seguridad además de apoyar las delegaciones VIP que vienen desde EE.UU."
Extender cargos a “crímenes de lesa humanidad”
Mientras muchos disidentes que fueron prohibidos de salir de Cuba cuando González-Pardo regentaba la Terminal 2 aún eran acosados en la isla, el expiloto había pasado más de un año en Florida, visitando lugares como el Kennedy Space Center de la NASA, en Cabo Cañaveral y reuniéndose con excolegas y familia.
En abril de 2025 presentó ante el Departamento de Seguridad Nacional, Servicio de Ciudadanía e Inmigración (USCIS, por sus siglas en inglés), un formulario I-485 para solicitar su Residencia Permanente en Estados Unidos. Pero el documento contenía declaraciones falsas: negó haber recibido entrenamiento militar, servir en una unidad del ejército, o haber participado en grupos que usaran armas o amenazaran con usarlas.
Para mayor desfachatez, González-Pardo solicitó su Residencia Permanente a través de la Cuban Adjusment Act, que permite a cubanos que huyen de la isla ajustar su estatus en calidad de refugiados.
A inicios de noviembre de 2025, agentes del FBI detuvieron al expiloto. La Oficina del Fiscal de los Estados Unidos en el Distrito Sur de Florida lo acusa de:
"Fraude y uso indebido de visas, permisos y otros documentos, y de hacer una declaración falsa a una agencia federal."
Esos cargos podrían acarrearle hasta 15 años tras las rejas.
La Fiscal General Pamela Bondi afirmó sobre el caso:
"El pasado de este hombre como piloto militar de larga data para el malvado régimen de Castro, que ha causado un sufrimiento incalculable al pueblo cubano, debería haber estado al frente y al centro de su expediente de inmigración."
La mayoría de la comunidad cubanoamericana celebra la detención de González-Pardo y otros exiliados están atentos al desenlace del proceso, pues implica un precedente para la justicia contra exesbirros de los regímenes venezolano y nicaragüense que han llegado a suelo estadounidense.
No obstante, una discusión irrumpe hoy: al exmilitar debería imputársele no solo fraude migratorio, sino también crímenes de lesa humanidad.
El think tank Cuba Siglo 21 señaló que
"La comunidad internacional no reconoce la llamada 'obediencia debida' a mandos superiores como justificación para cometer asesinatos a mansalva, premeditados y con alevosía."
Actos como el derribo de las avionetas de HAR "no fueron acciones de guerra, sino homicidios planificados", pues "salieron ese día dispuestos a matar".
Las acciones de González-Pardo en el pasado lo persiguen. Es una sombra tan larga como el exilio que el castrismo ha esparcido por el mundo.
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