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Historia universal | Poder y obediencia: la herencia fascista de las marchas de antorchas

A lo largo del siglo XX, el fascismo, el nazismo y otros regímenes totalitarios convirtieron la marcha de las antorchas en un espectáculo de poder, obediencia y manipulación.

Marcha de las Antorchas. La Habana, Cuba.
Marcha de las Antorchas. La Habana, Cuba.

A  más de cien años de la irrupción del fascismo en la escena política europea, su simbología continúa resonando en diversos rincones del planeta. Entre los elementos visuales más impactantes de estos movimientos destaca la marcha nocturna portando antorchas, una iconografía que grupos de ideología fascista o nazi han empleado como medio de expresión política durante décadas.

Cada 27 de enero, el gobierno cubano organiza la Marcha de las Antorchas como evento oficial del estado para rendir homenaje al natalicio de José Martí. La participación masiva en estas movilizaciones, característica de los regímenes totalitarios, busca proyectar una imagen de unidad nacional monolítica. El uso de antorchas como símbolo de poder estatal tiene precedentes históricos claros: Mussolini la empleó en 1922 para su golpe de Estado, Hitler la perfeccionó en Núremberg como ritual de comunión con el régimen nazi. 

El fuego como símbolo de purificación y poder

Desde la antigua Grecia, el fuego ha sido considerado una sustancia purificadora y una energía de renovación en distintas civilizaciones. En el contexto del fascismo y el nazismo, los rituales con fuego adquirieron un significado particular: se convirtieron en contraseña ritualística entre grupos que se asumían herederos de civilizaciones superiores, o como símbolo de unidad racial ante “la amenaza de lo diferente”, como ocurrió con el Ku Klux Klan en Estados Unidos.

La utilización masiva de antorchas durante la noche genera un efecto amplificador del mensaje. En la oscuridad, estas marchas provocan un encuentro casi místico con sentimientos primitivos de miedo, comunión y supuesta purificación. El mensaje implícito resulta claro: teman a los que portan el fuego purificador.

Las marchas de antorchas representan precisamente este tipo de práctica: espectáculos teatrales diseñados para impactar emocionalmente y generar obediencia ciega a través de la manipulación visual y el fervor colectivo.

Los orígenes: Mussolini y la marcha sobre Roma de 1922

En octubre de 1922, Benito Mussolini encabezó una movilización sobre Roma que denominó “la marcha con antorchas”. Este evento, que terminó siendo un golpe de Estado contra el sistema parlamentario vigente, marcó el inicio del régimen fascista italiano. La espectacularidad y teatralidad de aquella marcha nocturna se convertiría en modelo para futuros movimientos totalitarios. La marcha con antorchas había servido como herramienta de intimidación y demostración de fuerza antes de instaurar la dictadura.

Hitler y la perfección del ritual: Núremberg 1933-1934

Adolf Hitler y el partido nazi perfeccionaron el acto de las marchas con antorchas, convirtiéndolas en un símbolo de comunión con la pureza racial. Durante el congreso del partido nazi en Núremberg en 1934, estas marchas se realizaban por la noche para aumentar el efecto dramático del fuego en la oscuridad, con grandes formaciones de personas portando antorchas.

Marcha sobre Múnich del 9 de noviembre de 1923.
Marcha sobre Múnich del 9 de noviembre de 1923.

Estas ceremonias nocturnas celebraban fechas significativas para el movimiento nazi, como el aniversario de la marcha sobre Múnich del 9 de noviembre de 1923. El fuego de las antorchas estaba asociado a antiguos ritos paganos que Hitler investigó personalmente en las liturgias de los pueblos teutones.

Para los nazis, el uso del fuego en las marchas nocturnas representaba una mezcla entre mitología nórdica y los “mártires” del Tercer Reich. Algunos investigadores interpretan estos rituales desde una perspectiva más siniestra: ceremonias diseñadas para convocar simbólicamente la fuerza de antepasados de “sangre pura” y para representar la purificación racial a través del fuego.

Una marcha de antorchas fue la maniobra intimidatoria que permitió a Hitler ser nombrado canciller del Reich en enero de 1933. La amenaza implícita era clara: Berlín podría arder si el líder nazi no era reconocido como el hombre fuerte de Alemania. Este uso del ritual como herramienta de chantaje político demostró la efectividad del simbolismo del fuego como instrumento de terror.

El Ku Klux Klan: antorchas y supremacismo racial en Estados Unidos

El uso de antorchas no fue exclusivo de Europa. En Estados Unidos, el Ku Klux Klan adoptó este simbolismo como parte de sus rituales de intimidación racial. Las cruces ardientes y las marchas nocturnas con antorchas se convirtieron en herramientas de terror contra la población afroamericana y otros grupos minoritarios.

Esta adopción del simbolismo del fuego por parte del KKK demuestra cómo diferentes movimientos de extrema derecha y supremacistas han compartido códigos visuales similares a lo largo de la historia.

Charlottesville 2017: la persistencia del símbolo

Supremacistas blancos marchan con antorchas por las calles de Charlottesville, Virginia ( agosto 2017)
Supremacistas blancos marchan con antorchas por las calles de Charlottesville, Virginia (agosto 2017).

En agosto de 2017, cientos de supremacistas blancos marcharon con antorchas por las calles de Charlottesville, Virginia. Las imágenes de aquella noche mostraron a grupos de hombres portando antorchas tiki y coreando consignas de odio, en una escena que evocaba directamente los rituales nazis de los años treinta.

Entre los manifestantes se encontraba una mujer que había huido del terror nazi cuando tenía seis años. Su presencia protestando contra los supremacistas blancos representaba un testimonio vivo del significado histórico de aquellos símbolos.

Europa contemporánea: Bulgaria y el resurgimiento neonazi

El inicio del siglo XXI ha coincidido con el resurgimiento de marchas de tipo filonazi en varias ciudades europeas. En Bulgaria, el partido Атака organizó marchas con antorchas en Sofía para honrar la memoria de Hristo Lukov, un general de la Segunda Guerra Mundial conocido por sus actividades antisemitas y pronazis.

Estas marchas han sido recibidas con protestas y críticas por grupos antifascistas y de derechos humanos, que acusan a los organizadores de fomentar el racismo, la xenofobia y el antisemitismo. La Red Europea contra el Racismo ha denunciado públicamente estos eventos como homenajes a la memoria nazi.

Las marchas con antorchas en regímenes totalitarios del siglo XX

El uso de marchas con antorchas no se limitó exclusivamente a los regímenes fascistas europeos. A lo largo del siglo XX, diversos gobiernos totalitarios de diferentes signos ideológicos adoptaron esta herramienta de propaganda visual, reconociendo su efectividad para la movilización de masas y la construcción de rituales políticos.

La teatralidad de las marchas nocturnas con antorchas se convirtió en un recurso común para regímenes que, independientemente de su discurso ideológico declarado, compartían características autoritarias: culto a la personalidad del líder, control estatal de las manifestaciones políticas, y uso de la liturgia colectiva como herramienta de poder.

El caso cubano: ritual de Estado

En Cuba la primera marcha de las antorchas se realizó en la medianoche del 27 de enero de 1953, organizada por la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) para conmemorar el centenario del natalicio de José Martí. En aquel momento, Cuba vivía bajo la dictadura militar de Fulgencio Batista.

Entre los participantes de aquella marcha de 1953 se encontraba Fidel Castro, entonces un joven abogado de 26 años. El grupo de más de quinientos jóvenes marchó desde la escalinata de la Universidad de La Habana hacia la Fragua Martiana, donde Martí había cumplido prisión. 

Este ritual, nacido como gesto de oposición a una dictadura, se transformó posteriormente en una ceremonia oficialista del Estado cubano tras el triunfo revolucionario de 1959. La marcha de las antorchas se institucionalizó como evento anual, organizado ahora no por estudiantes opositores, sino por las estructuras del gobierno.

Tanto el fascismo italiano como el nazismo alemán, y posteriormente otros regímenes totalitarios del siglo XX, instrumentalizan figuras históricas nacionales para legitimarse. Mussolini invocaba el Imperio Romano, Hitler la mitología germánica, y otros líderes autoritarios han recurrido a próceres independentistas o revolucionarios como José Martí.

En todos estos casos, el patrón es similar: se toma una figura histórica respetada y se la convierte en propiedad exclusiva del régimen. Las marchas con antorchas se presentan como homenajes a estos héroes nacionales, pero funcionan simultáneamente como demostraciones de poder del Estado y rituales de obediencia al líder presente. La participación obligatoria o socialmente presionada en estos rituales refuerza la sensación de omnipresencia del poder.

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