Algunos lectores se sorprendieron por el uso del adjetivo "personalista" en mi columna titulada Cuba necesita una constitución personalista para caracterizar a una nueva Constitución para la nueva República de Cuba. Agradezco siempre todos sus comentarios que me ayudan a mejorar. Ojalá puedan llegar al final de esta columna aclaratoria.
Entre las opiniones recibidas estaba la de quien nos preguntaba: ¿Cómo el Centro Convivencia iba a proponer una Constitución personalista cuando con frecuencia "personalista" se entiende por individualista, egocentrista, caudillista o asociada a un exceso de protagonismo? Argumentaban que eso sería una negación del espíritu y la filosofía de este centro, cuyo nombre es ya un programa de vida en comunidad.
Quisiera dedicar esta columna a tratar de esclarecer algunos términos. Vale decir: distinguir sus contenidos para identificar sus significados y poder usarlos teniendo conocimiento de lo que queremos decir. También para contribuir a la educación cívica de las nuevas generaciones que tanta falta nos hace a todos.
Distingamos: individuo, masa, persona, ciudadano y nación.
Individuo
Es la categoría múltiple (lógica, biológica, psicológica, sociológica) que expresa en la lengua latina lo que expresaba, en una concepción ya superada, la palabra "átomo" en griego: una unidad indivisible. De ahí: individuo. El individuo indica, por una parte, su vecindad con "género y especie" en el orden lógico, y por otra, un carácter de "unidad visible" que remite a la "unicidad" como algo específico, insustituible.
En el orden social, asumido sobre todo por el pensamiento y estructuración liberales de la sociedad, se convierte en un paradigma asociado a la libertad individual, entendida como irreductible, aunque se trate de una unidad aislada. Es el equivalente a una "mónada", según la concepción del filósofo alemán del siglo XVII, Gottfried Wilhelm Leibniz, quien definió las mónadas como los elementos últimos del universo, indivisibles y dotados de fuerza activa.
Leibniz sostenía que las mónadas "no tienen puertas ni ventanas por donde pueda entrar o salir" algo; son completamente independientes y cerradas en sí mismas. No interactúan de forma causal entre ellas y cada mónada refleja el universo entero desde su propio punto de vista.
Según la lógica de la mónada de Leibniz, un individuo es un ser cerrado en sí mismo, sin salir de su propio punto de vista, ni dejar entrar otras perspectivas. De ahí su proximidad con el "individualismo" porque desconoce la intersubjetividad, al no poseer subjetividad, sino, paradójicamente, ser "uno más en un conjunto", designando al número de la agrupación masiva, amorfa, inconsciente, manipulable, de la "sociedad de masas" o del "universo totalitario".
El individualismo es la dinámica de la atomización de la sociedad en un "sálvese el que pueda". Sobre esta base filosófica individualista no quisiera que se adoptara una nueva Constitución para Cuba.
Masa
El concepto de masa y el fenómeno de la masificación se producen cuando los seres humanos se despersonalizan, se amalgaman, son convertidos en piezas de un mecanismo, sin criterio propio, sin libertad de discernimiento ni de decisión responsable. La masificación diluye al ser humano en un conjunto sin rostro, sin libertad personal y lo coloca a merced de un Estado, de un Partido o de una ideología. La despersonalización y la masificación convierten a la sociedad en un rebaño sobre el que se puede imponer y mantener el totalitarismo.
Sobre esta base filosófica masificadora y totalitaria no quisiera que se adoptara una nueva Constitución para Cuba.
Persona
Es una categoría "antropológica", en buena medida opuesta a las anteriores, debido a características como la conciencia, voluntad y relación, ejemplificadas por su:
a) Subjetividad: un ser humano que es consciente de su ser y responsabilidad, que es un agente lúcido de su acción como proyecto.
b) Su intersubjetividad: su salida de sí hacia los otros, que se hacen —y a quienes hacemos— "prójimos" (próximos), su capacidad de acogida, de interrelación y de trascendencia, por las cuales se "realiza" y crea obras en colaboración con otros. Todo eso dota a la persona de una dignidad intrínseca, no conferida por ninguna instancia exterior; irrenunciable, inalienable. Se "es" persona antes y al margen de su "obrar y hacer" y como origen de ambos.
Precisamente por ese "misterio de creatividad" de la historia y del lenguaje, el concepto de "persona", que hace siglos remitía a la "inautenticidad" —pues la palabra designaba originalmente la máscara del personaje teatral—, terminó convirtiéndose, en buena medida por su incorporación al lenguaje cristiano y su aplicación a la persona de Cristo, en un concepto que resume toda la potencia de la autenticidad y del valor humano, gracias a los atributos propios de toda persona:
"Conciencia de sí, voluntad libre, capacidad de encuentro creativo, donación servicial."
La persona humana representa, por antonomasia, el "sujeto consciente, libre, responsable", solidario, que vive en comunidad, que forma la nación, que vive en relación, que forma parte de un tejido de convivencia y desempeño social al tiempo que conserva y fortalece su identidad histórico-cultural.
La diferencia entre individuo y persona es que el primero está encerrado en su egoísmo, aislado en un proyecto sin puertas y ventanas, creyendo que el mundo termina justo frente a sus pies. La persona, en cambio, es un ser en sí mismo y en relación con los demás, con el mundo y con Dios.
La persona crece, se desarrolla y disfruta cuando se abre a esas tres trascendencias sin perder ni diluir su propia identidad irrepetible que siempre puede ir más allá porque su mundo se ensancha cuanto más se relaciona y se entrega libre y voluntariamente. Ser individuo es una forma de vivir autolimitado por el egocentrismo.
Ser persona es un yo abierto a la alteridad. Ser persona es la forma plena de nuestra humanidad. Por tanto, no se debe confundir el ser personalista con el promover un protagonismo excesivo y caudillista. Ser personalista es reconocer, promover y defender el total desarrollo de nuestra humanidad personal y social. Ser personalista es ser humanista en su más alto grado, pues supone buscar la dignidad plena del hombre, todos sus derechos y el bien común que no es más que el conjunto de condiciones políticas, económicas, sociales y culturales que garantizan que cada persona pueda ejercer sus derechos y llegar a su plenitud personal.
No hay que confundir el bien común con el socialismo, el comunismo ni ninguna ideología. El bien común es para la persona, está al servicio de la persona, lo que equivale a decir que es también para la comunidad si entendemos bien la dimensión social de toda persona.
Yo quisiera que una nueva Constitución para Cuba se inspirara en ese nivel más alto, más pleno y más incluyente, capaz de alcanzar el mayor consenso, que es una Constitución personalista. Hablo de mayor consenso porque concibe a la República (res publica = cosa pública) unida y consensuada sobre el pivote de la dignidad y los derechos de toda persona humana, consenso imposible de lograr por la competencia individualista propia del mercado ni por el autoritarismo masificador propio del Estado ni por la hegemonía de una ideología, modelo económico o religión, que intente excluir a las demás.
La persona humana es el punto de encuentro y consenso más alto, incluyente y libre. Nada edifica más consenso que la dignidad y los derechos humanos.
Ciudadano
Por último, es también necesario y oportuno distinguir la categoría de ciudadano.
Ciudadano es una persona que asume su responsabilidad cívica, que ejerce conscientemente sus derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, y que pone en práctica cotidiana la soberanía ciudadana que le es reconocida en sistemas democráticos.
El concepto de ciudadano es político, enraizado en la tradición de la dignidad propia de la "urbe romana", aunque su ejercicio fundamental reside en la Modernidad liberal democrática. Modernamente no hay sociedad política que respete la "dignidad personal" y el "sentido del bien común" en libertad, justicia y solidaridad, sin respeto y promoción de la ciudadanía, como protagonismo y autonomía de la persona.
Todo esto respetando la natural jerarquía antropológica:
- Se es criatura con dignidad personal.
- Se vive en comunidad de semejantes (personas).
- Se "con-vive" con personas que tienen derechos y deberes en una comunidad de ciudadanos.
- A la comunidad de ciudadanos la llamamos nación.
Debemos también distinguir nación y pueblo. Nación es, como dijimos, la comunidad de las personas que ejercen libre y conscientemente su ciudadanía en los ámbitos personal y social. El concepto de pueblo ha sido más manipulado, peor interpretado, y muchas veces se lo ha tratado como masa o se ha hablado en su nombre sin un mandato expresado en elecciones libres. Espero que nación y pueblo puedan rescatar un día su sentido primigenio y soberano por mandato de sus propios ciudadanos.
Llegar a ser y a ejercer como ciudadano es alcanzar un alto grado de plenitud como persona en su dimensión social.
Ojalá, querido lector, hayas podido llegar hasta el final de esta columna y que te haya servido para aclarar conceptos, aprender a distinguirlos y vivir plenamente tu condición de persona y ciudadano.
Solo así podremos llegar a formar una nación libre, responsable y abierta, capaz de darse a sí misma na nueva y eficaz Constitución de la República cuyo espíritu, letra y filosofía se fundamenten en la garantía de la dignidad plena de la persona humana
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