Las nuevas medidas tomadas por la cúpula comunista del Partido tras un largo Consejo Extraordinario han despertado un nuevo escepticismo en la sociedad cubana. Algunos las aplauden, otros las denostan, pero la inmensa mayoría se cuestiona su viabilidad real, por más que sean necesarias y además valoradas como las medidas correctas que llevan años entre las propuestas de los detractores del régimen.
Son, sin duda, el mayor paquete de medidas económicas de la historia del régimen totalitario cubano. Se cargan de un plumazo las grandes "victorias revolucionarias", que no fueron otra cosa que un paternalismo empobrecedor y centralizado de toda la capacidad económica del país.
La que más duele quizás a muchos, y más en la situación tan terrible que se vive, es la muerte, tanto tiempo anunciada por el médico, de la libreta de abastecimiento y de su dispensa, ya de por sí encogida solo a casos críticos y jubilados.
Todas las medidas son inconstitucionales
Yo soy siempre optimista y quizás desde ahí veo los movimientos económicos actuales como uno de los escenarios internos que puedan concluir en la necesaria transición política. Pero ser optimista no significa ser ingenuo. Invito a todos a mirar con suspicacia, sí, pero con algo de optimismo las próximas semanas, que serán las que nos digan si estas acciones concluirán verdaderamente en un paso hacia el cambio.
Por ahora solo puedo dar los tips importantes a los que estar atentos para ver si, según las distintas teorías transicionales, estamos ante un proceso irreversible de cambio. Y la palabra aquí es justamente esa: irreversibilidad; porque ya hemos vivido muchas transiciones, muchas "aperturas" que generaron esperanza y que concluyeron con un retroceso obtuso al control político, asfixiando las posibilidades económicas que realmente generarían riqueza y bienestar en la población cubana.
"Las medidas anunciadas deben ir acompañadas de una reforma constitucional."
El primer aspecto que debe conocerse es que todas las medidas que fueron anunciadas son inconstitucionales con relación a la Carta Magna de 2019. ¿Y esto por qué? Porque en sus artículos 18 y 19, la Constitución ordena que la vida económica del país está supeditada al Estado socialista y que todo se basa en un régimen de planificación centralizada donde el Partido controla toda actividad.1
Por lo tanto, si realmente nos encontramos ante un proceso de transición suave (soft transition), las medidas anunciadas deben ir acompañadas de una reforma constitucional.2 Sin esta primera acción, toda estrategia económica está muerta de facto, y nadie se atreverá a invertir in la isla.
Claro que podemos decir que desde su establecimiento en 2019 todas las acciones de estos últimos años han jugado con vacíos legales del artículo 22 sobre tipos de propiedad, e incluso que se han saltado la Constitución porque Cuba vive en un estado de excepción permanente que invalida que la Carta Magna sea verdaderamente la norma suprema de la isla.
Así que en Cuba se vive por lo que dice la Gaceta Oficial sin recabar demasiado en su constitucionalidad; además de que si las medidas son buenas para la población nadie se hace demasiadas preguntas. Pero ojo, porque sin una reforma constitucional que limite verdaderamente la capacidad operativa del Estado, del Partido y de las fuerzas armadas con relación al que se juega su riqueza, realmente nadie se atreverá a poner un centavo en ninguna de las posibles inversiones, sean privadas, públicas (al adquirir partes de entidades estatales) o de forma cooperativa.
Si no hay reforma constitucional real, cualquier medida puede luego ser deslegitimada y revocada, porque cuando quieren en este régimen, la Carta Magna sí funciona y, por lo tanto, son acciones que van contra el carácter socialista de la revolución. Ver para creer, decía Santo Tomás, y el ser optimistas pero precavidos nos invita a ese estado de escepticismo… esperemos a ver. Si se da la reforma constitucional podemos empezar a sentarnos en una silla, lejos de la mesa, pero sentarnos a mirar qué va sucediendo.
El segundo aspecto al que estar atento tiene que ver con que, junto al cambio constitucional, deben surgir medidas jurídicas que permitan la implantación de estas medidas económicas. No es solo reformar la Constitución, sino generar las reglas de un juego que hablen de una seguridad jurídica para todos los participantes. Y junto a la seguridad jurídica, por supuesto, una reforma o creación de nuevas y mejoradas instituciones públicas que diriman el porvenir constante de las medidas anunciadas.
La incapacidad manifiesta del "dueño de la finca"
Claro, en Cuba no existe cómo se regulan las franquicias, o la banca privada, o las hipotecas, o las letras accionarias de entidades estatales, y por supuesto nada que se parezca a cómo se cobra un Impuesto al Valor Añadido (IVA) que ha sido pronunciado.
Todo esto implica la reforma constitucional, la creación de reglas jurídicas claras y seguras, y el surgimiento de instituciones que ordenen la actividad económica. Sin esta triada no se pueden implementar verdaderamente las medidas de forma legítima; o al menos no conozco a ningún insensato que, conociendo bien al régimen de la isla, se atreviera a poner un dólar en ella.
¿Por qué entonces la cúpula se arriesgaría a un desmontaje legal de tal envergadura? La respuesta es que estamos ante un momento extraordinario en el que se conjuntan presiones ya insostenibles. Por un lado, la incapacidad manifiesta de los gobernantes para articular un mínimo de estabilidad social se estrella contra unas dolencias populares que se manifiestan a diario en protestas públicas. Por el otro, el inexorable paso del tiempo sobre "el dueño de la finca" exige un inmediato traspaso de poderes y herencias.
Es aquí donde emerge el verdadero motor del cambio: una nueva generación de hijos y nietos del poder a los que ya no les interesa el andamiaje ideológico, sino asegurar las prebendas y el disfrute de una riqueza prohibida a la mayoría. El ejemplo de personajes como Sandro Castro, consolidando impunemente su riqueza privada a través de negocios exclusivos, no es una anomalía, sino el boceto del futuro que la élite diseña para sí misma.
Porque no hay que engañarse: este paquete económico busca el peligroso equilibrio de aplacar el hambre popular mientras pavimenta el camino hacia lo que Aviezer Tucker menciona como el paso de las libertades negativas que tienen las élites políticas a derechos de propiedad privada.3 Porque todas estas medidas son para ellos.
Son los autócratas y miembros del Partido, que han llenado sus bolsillos estos años, los que pueden invertir su dinero —el dinero opaco de GAESA— en sectores estratégicos de la isla, comprando tierras, invirtiendo en la generación de medianas empresas, comprando acciones de sociedades estatales y adquiriendo (todo esto a través de testaferros y empresas offshore, por supuesto) gran parte de la potencialidad económica futura de Cuba.
Esto ya sucedió en la caída de la URSS, en el entramado mafioso de sus antiguos satélites y en el cambio económico de las reformas chinas de Deng Xiaoping. Los nietos de Castro y su entorno, y algún colgado extra del Partido, plantean estos supuestos como la vía de poder concebir su futuro y el de su familia manteniendo, legal y legítimamente de forma privada, lo que ya controlan ahora de forma pública.
Así entramos, al menos según las teorías transicionales, en la dinámica clásica de las soft transitions. El proceso comienza con la búsqueda de salidas elegantes mediante una liberalización económica que, a la larga, suele abrir las puertas a una democratización y a un cambio político que la cúpula ni siquiera deseaba de inicio.
"Juegan a soltar la mano, pero sin romper la tensión del puño."
Como bien explicó Guillermo O’Donnell, estas transiciones suaves siempre surgen de las facciones "blandas" del poder; sectores reformistas que chocan con los "duros", los ortodoxos, quienes prefieren blindar sus privilegios y la ideología, endureciendo la coerción. Es bajo la lógica de estos sectores "blandos" que se entiende el siguiente paso del tablero.
El tercer aspecto a vigilar en las próximas semanas es si el régimen, con el fin de maquillar su imagen internacional y atraer inversiones, implementa pequeñas concesiones políticas hacia la sociedad civil. ¿A qué nos referimos? Pues a ciertos cambios políticos que hablen de una "transformación importante" que no sean solo en el espacio económico.
Aquí debemos señalar que ya algunas de estas medidas fueron o serán aplicadas: la disminución de los ministerios políticos. Pero junto a estas, que no sea de extrañar, por ejemplo: la liberación de algunos presos políticos; aperturas limitadas a las posibilidades reales de acción de la sociedad civil; incluso, aunque mucho más difícil (y me preocupa más), el permiso a lo que ellos mismos llamaron "la oposición leal" a poder involucrarse en ciertos espacios de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP). ¿Por qué estas medidas concretas? Justamente porque juegan a soltar la mano, pero sin romper la tensión del puño.
¿Una transición suave?
En las transiciones suaves, los "blandos" tienden a un pacto de no agresión con una parte de la disidencia que comúnmente es de la misma línea ideológica —en este caso la socialdemocracia, el socialismo y sus derivados modernos, que por cierto no dejan de aparecer en el mundo de la disidencia política cubana—, donde los de siempre gobiernan, pero juegan a dar ciertos espacios de poder a la disidencia para que dé su visto bueno a las medidas adoptadas, mientras las fuerzas políticas del partido único se mantienen sobredimensionadas y con el control absoluto del país.
Por eso, que no sorprendan ciertas acciones tibias que no alteran verdaderamente el efectivo poder político del partido, como espacios reales a la sociedad civil o libertad de presos políticos, porque son parte del proceso que estaríamos viviendo.
"La liberalización sostendría la apertura del país durante un cierto período de tiempo."
Algunos me dirán: si todo esto ocurriera, ¿qué estamos viviendo? Pues estamos ante uno de los escenarios que en ciencia política más se buscan, y es una transición ordenada desde el propio poder político, donde las facciones reformistas tienen, con el beneplácito de los más ortodoxos, la capacidad de abrirse a ciertos cambios que permitan a todos, especialmente a los que más problemas tendrían con la justicia futura, mantenerse con vida y mantener sus privilegios.
Si es tal cual se predice en la teoría transicional —cosa que dudo por las particularidades cubanas—, estaríamos hablando de que estas primeras medidas económicas serán la antesala de algunas medidas políticas, viviendo la primera parte del proceso: la liberalización. La liberalización sostendría la apertura del país durante un cierto período de tiempo.
Segundo momento: el aumento de la riqueza y de la vida de una sociedad civil más activa —repito, si la mantienen y no vuelven a jugar como hicieron en 2016 a abrir y cerrar las manos con dureza— llevaría a peticiones cada vez más claras de cambios sustanciales políticos y sociales que involucrarían menores capacidades de facto del poder político. Esta etapa, que se llama democratización, permitiría el acceso de la sociedad civil a la vida política y no solo al ejercicio de una economía más amplia.
El problema de este segundo momento es la respuesta, porque en la democratización siempre hay dos posibilidades: la "correcta" y la regresiva. Ante la solicitud de una disidencia y sociedad civil crítica de cambios políticos, la respuesta "correcta" de los "blandos" sería soltar el poder y permitir la entrada de nuevos actores políticos, reformando de nuevo la Constitución, en particular el pétreo artículo 54, para dar lugar a la existencia de nuevas fuerzas en un juego electoral que en un primer instante sería corrupto, pero que poco a poco les imposibilitaría mantenerse en el poder e ir disgregándose hasta desaparecer, con su fortuna y su libertad.
La respuesta regresiva, que por desgracia ha sido la opción tomada en muchas de las transiciones estudiadas, es que, ante la solicitud de democracia, los "blandos" son sustituidos por los "duros", quienes retornan hacia la etapa más violenta y represiva del régimen y retoman el control absoluto del poder económico y político. Esto nos suena, evidentemente, porque ya ha sucedido en Cuba en 1998, 2003 y 2018, momentos donde se dio el primer estadio de la transición blanda (la liberalización), pero ante la solicitud de la democratización, se resolvió por la regresión al autoritarismo militar, la violencia contra la disidencia y la recentralización de la economía.5 Así somos de pobres.
Todos los caminos conducen al cambio político
Entonces, ¿cómo puede haber cambio si ya se ha vivido todo esto? Aquí es donde el análisis teórico podría invitar a ser optimista, porque si las medidas de liberalización dan lugar a los pasos que he comentado (riqueza, aumento de la sociedad civil, libertad de presos…) y con la actual situación internacional (presión externa constante, órdenes de detención, sanciones directas a dirigentes, ruptura de pactos internacionales con el régimen), cualquier intento de regresión sería altamente costoso para la élite política, que vería el alto precio que pagarían por cualquier violencia contra la población, la cual respondería con levantamientos potentísimos que los obligarían a irse del país o incluso a pagar con su vida el cambio político.
Esto es el cambio de transición blanda a transición dura: algo parecido a una revolución popular sostenida en la violencia, el desorden social y la desaparición de todas las instituciones que hablen del antiguo régimen. Sea como sea, en cualquiera de las dos posibles transiciones (suave o violenta), se llegaría al tercer estadio tras la democratización, que es el cambio político y el inicio del proceso de estabilización del país.
"La falta de una disidencia organizada que se haya reunido entre todos, verdaderamente todos."
Entonces, depende del propio poder político actual elegir cuál de estos dos tipos de transiciones preferirían, pues al tomar el camino de las medidas económicas, y si realmente fueran factibles con todos los cambios que arriba dije deben ser vigilados, se abren a estas posibilidades.
Esto, por supuesto, sin desestimar los otros escenarios transicionales que no están dentro de las soft o hard transitions:
- Intervención militar externa o ataques quirúrgicos contra el poder militar para desestabilizar al país.
- Escape de la cúpula del poder tras robar el dinero del Estado.
- Aumento exponencial de las manifestaciones populares que lleven a enfrentamientos con las fuerzas armadas hasta alcanzar el paroxismo en la violencia contra la élite política y sus allegados (el modelo Mussolini y Ceaușescu).
- La mesa de negociaciones con fuerzas externas que, sin coaligarse con la disidencia, reordene el poder político de la isla y tome el control del país en una especie de "protectorado" (ya lo vivimos entre 1898-1902).
- El escenario más preocupante, sin dudas, y que es que la disidencia de izquierdas, que durante años ha jugado a la crítica pero en constante atención y relación con el régimen, sea invitada a un paripé de tomar el control político para hacer creer al mundo que ha habido un cambio, cuando en realidad es la misma porquería con otro color y aroma.
Esto explicaría ciertos movimientos entre la disidencia dentro y fuera de la isla, que estaría expectante de la llamada de su amo para volver a la isla y protagonizar el teatro de unas regias negociaciones donde ellos "han ganado" y toman el poder, cuando en realidad su amo les ha permitido jugar a ser adultos para escapar por la trastienda y controlar desde la sombra a estos títeres.
Esto nos habla, por supuesto, del verdadero problema futuro de la isla: la falta de una disidencia organizada que se haya reunido entre todos, verdaderamente todos, para encontrar aspectos comunes donde se pueda tomar la decisión de cómo servir al pueblo de Cuba, y no solo a ellos, que es básicamente lo que ocurrió con cierta disidencia y sus pactos aislados, sus comisiones ocultas y sus deseos de poder, que siguen jugando al despiste.
Por ahora solo invito a la expectación, a una mirada atenta y profunda sobre la realidad, pues sea como sea, ya estamos viviendo un proceso de transición. No puedo asegurar cuánto dure, pero sí que ya la estamos viviendo. Toca ahora hacer lo único que podemos: observar, leer las señales de los tiempos y prepararnos académica, ética y humanamente para poder construir una patria común como quería Martí, con todos y para el bien de todos.
Notas
1Constitución cubana (Artículos 18 y 19): La ley suprema del país deja muy claro que Cuba se rige por un sistema económico socialista. Establece que toda actividad económica importante está supeditada al control del Estado y bajo un plan centralizado manejado desde arriba. Por eso, cualquier apertura de mercado real choca directamente con la ley.
2Transición Suave (Soft Transition): En ciencia política, se llama así al proceso de cambio donde una dictadura no cae por una revolución violenta, sino de forma ordenada. Suele arrancar cuando los gobernantes se dividen en dos bandos: los "blandos" (reformistas que prefieren abrir un poco la economía para calmar las aguas) y los "duros" (ortodoxos que prefieren usar la fuerza y la represión total para no perder nada).
3Libertades negativas y Derechos de propiedad: Concepto acuñado por el politólogo Aviezer Tucker. Explica una trampa común de los dictadores: cuando ven que el sistema comunista va a quebrar, usan las reformas para convertir el poder político que tienen (que es volátil) en riquezas y propiedades privadas legales a su nombre y el de sus familias. Así aseguran su dinero en el futuro (tal como pasó con los oligarcas tras la caída de la Unión Soviética o en las reformas económicas de China).
4El Artículo 5 de la Constitución: Es el artículo más blindado («pétreo») del régimen cubano. Establece por ley que el único partido permitido y la fuerza dirigente superior del país es el Partido Comunista de Cuba (PCC). En una verdadera transición democrática, este artículo tendría que desaparecer para permitir la existencia de otros partidos políticos.
5Regresión autoritaria (1998, 2003, 2018): Son los antecedentes históricos en Cuba de «abrir y cerrar la mano». En el 98 (tras la visita del Papa), en el 2003 (con el Proyecto Varela) y en el 2018 (con el deshielo con EE.UU.), el régimen ensayó pequeñas reformas económicas y toleró cierta actividad civil. Sin embargo, en cuanto la población empezó a exigir cambios políticos, los "duros" recuperaron el control absoluto mediante olas de arrestos, violencia y anulando los permisos económicos.
Bibliografía
O’Donnell, G., & Schmitter, P. C. (1986). Transitions from Authoritarian Rule: Tentative Conclusions about Uncertain Democracies. Johns Hopkins University Press.
Tucker, A. (2005). The Legacies of Totalitarianism: A Theoretical Framework. Cambridge University Press.
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