Odalis y su madre Vilma sueñan con comprar una EcoFlow que tenga, al menos, un panel solar. En los días de más calor Vilma no dice nada, pero su hija nota en ella la incomodidad y el desgaste de no poder siquiera conectar un ventilador por la falta de electricidad en Morón, provincia de Ciego de Ávila. Vilma tiene 87 años de edad y lleva más de dos en cama después de varias isquemias cerebrales.
Vilma tiene cinco hijos: cuatro hembras y un varón. Entre todos, asumen el cuidado y los gastos de la abuela, que suman más de 16.000 pesos cubanos (unos 30 dólares estadounidenses). En muchas ocasiones, los alimentos que logran conseguir se echan a perder por los interminables apagones. Irán, el hijo, quisiera que su madre viva con "la dignidad de un ser humano" lo que le quede.
¿Quién puede pagar en Cuba una "planta" eléctrica?
EcoFlow es una marca de estaciones de carga a las que se les pueden conectar uno o varios paneles solares para generar corriente de 110 o 220 voltios. Esto se ha convertido en una alternativa significativa para algunos cubanos ante la crisis eléctrica. No es una solución, pero al decir de Margarita, otra de las hijas de Vilma, sería un alivio para cubrir lo más básico del hogar.
Es un gasto que está fuera de su alcance. Según sus propias declaraciones, un equipo con las prestaciones que necesitan cuesta al menos 1.350 dólares estadounidenses, unos 708.000 pesos cubanos. En un país donde el salario mínimo es de 2.100 pesos mensuales, ese monto equivale a más de 337 meses de trabajo, es decir, más de 28 años de salario íntegro sin gastar un solo peso.
El régimen cubano siempre ha dependido de la importación de combustible para sostener su sector eléctrico: primero del petróleo soviético y luego del venezolano. A pesar de los intentos por proyectar una supuesta transición hacia energías renovables, los prolongados apagones continúan marcando la vida cotidiana del país, sobre todo después del corte de envíos del crudo venezolano.
Esta crisis ha generado un vacío que el propio Estado, directa o indirectamente, ha convertido en un negocio lucrativo. Las familias se ven obligadas a buscar soluciones privadas para subsistir, mientras los altos precios de los sistemas solares y la burocracia estatal los mantienen fuera del alcance de la mayoría.
A través de empresas estatales como Correos de Cuba y la Corporación CIMEX S.A., se comercializan sistemas solares a precios elevados, convirtiendo una necesidad vital en una fuente directa de ingresos para el propio Estado. CIMEX S.A. está integrada al conglomerado militar GAESA que concentra una parte significativa de la economía nacional, especialmente en áreas como el comercio exterior.
Una publicación en la página de Facebook de la Corporación CIMEX S.A promociona la venta de estaciones de energía portátiles y paneles solares a precios que van desde aproximadamente 200 dólares hasta más de 1.600, disponibles en la tienda "Puerto Envío" en La Habana (2026). Según los comentarios de la publicación, estos precios son más elevados que los que se consiguen en los negocios de la isla.
La otra cara: el acceso desde el exterior
La historia de Idalberto es totalmente diferente a la de Vilma y su familia. Tiene a su hija viviendo en España y, desde allá, a través de la empresa privada SolTech Solutions, pudo adquirir un sistema de energía solar que cubre los equipos de 110 voltios de su casa. Ya no tiene que encender el carbón en las mañanas para poder colar el café que tanto le gusta.
Asimismo, los paneles fotovoltaicos, baterías e inversores han estado beneficiados por la exención de aranceles para la importación de equipos de energías renovables, establecida por disposiciones oficiales publicadas el 27 de junio de 2025 en la Gaceta Oficial de la República de Cuba. La medida ha buscado estimular la adquisición de estos equipos por la población y reducir la carga sobre el sistema energético nacional. Importar la energía que debería garantizar el Estado no paga impuestos.
En esa misma cuadra de Idalberto, en el municipio de Chambas (también de Ciego de Ávila), varias familias quisieran poder tener un sistema solar que les permita cubrir lo más básico. Adriana tiene la percepción de que la gente ya no tiene esperanza de que el Estado solucione la situación energética; más bien, aspiran a resolverlo por ellos mismos.
Para adquirir los equipos de energía que venden Correos de Cuba y CIMEX los interesados deben presentar una fotocopia de la propiedad de la vivienda, el carné de identidad, un dictamen de un arquitecto y, además, contratar el servicio con el Estado, según comprobó la reportera Jany González, de Martí Noticias, a través de una llamada a dicha empresa. Todos estos equipos son de fabricación china.
Esta situación ocurre mientras Cuba recibe donaciones internacionales, incluidos otros 5.000 sistemas fotovoltaicos procedentes también de China, según reportes de la agencia de noticias EFE, que informó sobre la entrega de estos equipos como parte de programas de cooperación energética en medio de la crisis eléctrica en la isla.
Pero los problemas no terminan con la compra de los equipos. Quienes logran adquirirlos, ya sea por la vía privada o estatal, deben costear el mantenimiento y la seguridad de los aparatos, en un país donde la inseguridad va en aumento.
Efraín, dueño de una cafetería, logró instalar un pequeño kit solar de 3 kilowatts para la refrigeración de los productos de su negocio y poder conservar alimentos en su casa. Su felicidad duró poco. La madrugada siguiente de instalarlo le robaron siete de los ocho paneles. Cuando sintió los pasos sobre la placa y subió junto a otros miembros de la familia, ya solo quedaba uno, parcialmente desmontado. Presentó la denuncia, pero hasta la fecha —desde inicios de 2026— no ha recibido respuesta.
Mercado privado en auge
Es común visitar tiendas del sector privado y encontrar, en la puerta de estos establecimientos, paneles solares en venta: cada uno puede alcanzar precios de hasta 180 dólares estadounidenses. Muchas brigadas que anteriormente se dedicaban a la instalación y mantenimiento de equipos de aire acondicionado y splits han migrado hacia la instalación de sistemas fotovoltaicos, en respuesta directa a la crisis energética que atraviesa el país.
La mayoría de estas brigadas operan sin documentación legal que los respalde, según se supo en conversaciones con algunos de sus integrantes que pidieron no ser identificados. Ellos afirman que han intentado legalizar su actividad pero les ha sido imposible.
Otras empresas sí han logrado establecerse formalmente, como SunCar Cuba, Durkal S.U.R.L. o DeaCo Madrid, varias de ellas con sede o presencia en La Habana. Sin embargo, el acceso a este mercado no es completamente libre. La importación de equipos, el acceso a divisas y la capacidad de operar a escala dependen de autorizaciones y estructuras controladas por el propio Estado.
Este modelo de funcionamiento cuenta con antecedentes documentados. Investigaciones periodísticas han revelado casos como el de Orbit S.A., una empresa presentada oficialmente como civil, pero que —según el reportaje "Cómo Cuba engañó a EE.UU. para obtener millones de dólares de Miami para sus fuerzas armadas", publicado por El Nuevo Herald el 3 de diciembre de 2024— operaba en realidad como un apéndice de la corporación CIMEX S.A.
Según las investigaciones, Orbit compartía estructuras, supervisión y funcionamiento con entidades estatales, y habría sido utilizada como intermediaria en operaciones financieras, lo que llevó incluso a su inclusión en listas de sanciones por parte del gobierno de Estados Unidos.
Casos como este refuerzan la percepción de opacidad en el modelo económico cubano, donde la línea entre lo estatal, lo militar y lo que se presenta como privado no siempre es clara ni verificable desde el exterior. En medio de esta tríada de poderes, el cubano intenta ver la luz.
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