El refrigerador de Eduardo es un estante
El aparato inanimado no logra enfriar ni el agua. Cuando tiene electricidad, Eduardo —cubano jubilado de 76 años de edad— trata de cocinar para todo el día, pero la mayoría de las veces, cuando vuelve a tener corriente, se encuentra en la calle trabajando porque la pensión no cubre sus gastos. Desde casi un año antes se vio obligado a vender pan de manera ambulante, aunque evita salir en algunos horarios, pues ya han asaltado a otros panaderos.
Todas las tardes, cuando regresa del trabajo, coge aire en su portal y espera a que regrese la electricidad. Mientras se oculta el sol, tiene la sensación de que el tiempo está inmóvil, más cuando entra a su casa de madera, con techo de guano y piso de losas viejas que fue recogiendo en distintos lugares, y observa la foto de su esposa que falleció en 2020 a causa de la COVID-19.
A esa hora se come un pedazo de pan, pues casi nunca tiene corriente, se siente cansado para buscar leña y el precio del carbón no lo puede pagar: el hambre se acostumbra al horario en que el gobierno decide prender la luz.
En noches recientes —enrarecidas por los ruidos mezclados de parlantes instalados por el gobierno para transmitir el Clásico Mundial de Béisbol y las protestas ciudadanas en algunas ciudades— las familias se despiertan horas después, en plena madrugada, a montar las ollas de frijoles que no logran ablandarse por completo y a dejar lista la comida del día siguiente. Si no aprovechan la corriente a cualquier hora, tienen que prender fogones de leña o carbón para quienes alcanzan a comprar, pues el precio de un saco de carbón equivale a un salario mínimo en Cuba de 2.100 pesos.
El problema energético en Cuba no es un tema nuevo, pero siempre es peor: es algo que los abuelos de la casa recuerdan de toda la vida. Cada etapa ha sido particularmente más difícil que la anterior: entre el 18 de octubre de 2024 y el 10 de septiembre de 2025, el Sistema Electroenergético Nacional (SEN) colapsó de manera general al menos cinco veces, según reportes de la estatal Unión Nacional Eléctrica (UNE), dejando al país paralizado. Esta crisis eléctrica ha alcanzado niveles históricos, superando el déficit del 60% del consumo nacional, según los partes oficiales.
La crisis eléctrica se inserta en un contexto económico más amplio. Desde 2021, la economía cubana también se ha visto afectada por un programa llamado "Tarea Ordenamiento", que fue un auténtico desastre y generó procesos inflacionarios que no existían ni en el Periodo Especial.
Aplicada en el peor momento de la pandemia, la Tarea Ordenamiento fue un fracaso reconocido por el régimen, que intentó remediarla con otros programas económicos igualmente malogrados, como el "Reordenamiento Económico" y, más recientemente, "Programa de Gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía".
La isla de las cocinas eléctricas
En 2005, Fidel Castro le dedicó a la olla arrocera parte de un discurso en el Parlamento Cubano. Según cita el medio argentino Página 12, el fallecido dictador dijo:
"En este país se consumen 750.000 toneladas de arroz, y hay un instrumento de la cocina que es una maravilla y sólo utiliza electricidad."
En ese discurso aseguró el fin del Periodo Especial que signó los años noventa después del desmoronamiento de la URSS, su principal aliado, y la promesa de que al año siguiente ya no habría problemas de suministro eléctrico. Los apoyos petroleros de la Venezuela de Hugo Chávez les permitirían a los cubanos ver la luz.
La "Revolución Energética" impulsada por Fidel Castro a partir de 2004, surgió como respuesta a la crisis del SEN que afectaba gravemente la economía cubana. Su objetivo era modernizar la infraestructura eléctrica, sustituir las viejas centrales termoeléctricas por generadores más eficientes y renovar los electrodomésticos de la población, promoviendo un consumo de energía más racional y eficiente. El gas licuado de petróleo para cocina nunca fue una opción masiva.
Se implementaron los cambios de bombillas por otras de bajo consumo, se fomentó la descentralización de la generación eléctrica e incluso se promovieron fuentes de energía renovable, acompañadas de campañas educativas para enseñar a la población a usar la electricidad de manera consciente. En la mayoría de los hogares se reemplazaron los equipos antiguos —refrigeradores, fogones eléctricos, televisores— por modelos supuestamente más eficientes, pero surgió un nuevo problema: la corriente para usarlos era insuficiente, intermitente o inexistente de acuerdo a la experiencia vivida por Eduardo y otros vecinos de su comunidad.
Equipos como el refrigerador de Eduardo tuvieron que ser pagados por los cubanos a plazos o mediante créditos que se extendían por más de diez años. En muchos casos, esos aparatos dejaron de funcionar antes de cumplir siquiera un año de uso, obligando a las personas a continuar pagando por algo que ya no tenían. Ese fue el caso de Tania, una vecina de Eduardo, quien demoró nueve años y tres meses en terminar de pagarlo, destinando un porcentaje considerable de su salario, cada mes, a un equipo que ya no funcionaba. Tania también nos cuenta que los recursos prometidos nunca llegaron.
La marca del tizne
Alina no recuerda la última vez que pudo arreglarse el pelo. Vive con su esposo y su hija de 9 años de edad. Sus uñas están negras por el carbón, sus manos están manchadas por el tizne y tiene que inventar, vendiendo cualquier cosa que aparezca en el mercado negro, para ganarse unos pesos para los gastos de la familia. Su hija no entiende lo que pasa y ella no tiene forma de explicarle cómo "resistir con creatividad", como tantas veces propone Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez. Cuenta Alina:
"Las consignas no alimentan a mi hija, no le espantan los mosquitos, no le dan la infancia que se merece."
Cuba ya no cuenta con el petróleo venezolano que enviaba Nicolás Maduro, y, por si fuera poco, México también dejó de enviar, como informó la mandataria Claudia Sheinbaum Pardo en su programa Las Mañaneras del Pueblo, por temor a los aranceles que una orden ejecutiva del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, prometió a quien lo hiciera, aunque fue derogada después. Washington podría tomar otras acciones para impulsar cambios en la isla, según dijo el propio Trump. En Cuba se vive un desabastecimiento absoluto de combustible, principalmente de diésel u "Opción Cero", otro término utilizado durante el Período Especial.
Ya con esas presiones sobre el gobierno de Miguel Díaz-Canel y algunos signos de esperanza, a principios de marzo, Eduardo y Alina pasaron hasta 76 horas sin electricidad. Volvió como siempre: sin aviso, iluminando las habitaciones y con ese pequeño ruido de equipos cuando arrancan. Ahí comienza lo que en Cuba se conoce como el "quita y pon": la corriente viene y se va una y otra vez, hasta que se estabiliza dejando equipos y sistemas nerviosos agotados. Según los directivos de la empresa eléctrica estatal, la culpa es de los cubanos: dicen que todo el mundo conecta los equipos al mismo tiempo y eso sobrecarga el transformador del circuito.
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