Estados Unidos eligió, en los días inmediatos a la captura de Nicolás Maduro, un enviado especial que no ha sido nominado públicamente. Desde ese momento, está ocupándose de hablar con la cúpula cubana para proponerle el siguiente trato de parte de la administración del presidente Donald Trump.
Ultimátum de Trump: abandonen la isla y vuelen a Rusia
Este es el primer paso del trato: que en el curso de los próximos meses la nomenclatura castrista abandone la isla y vuele con destino a Moscú, donde su viejo aliado, Vladímir Putin, estaría dispuesto a recibirla —y sumarla a la de Bashar al Assad en una galería viviente de tiranos destituidos.
El segundo paso del trato implica que, en Cuba, la cúpula de la tiranía socialista debe designar a un hombre o una mujer que asuma un rol interino para convocar elecciones democráticas. ¿Cuándo debe ocurrir esto, según esta primera propuesta desde la Casa Blanca? Para finales de 2026. Sí, ha leído bien: en los próximos 11 meses.
"Lleguen a un acuerdo, antes de que sea demasiado tarde"
El dato ha llegado desde altas fuentes del Departamento de Estado al muy bien informado exvicepresidente argentino Carlos Ruckauf, que compartió la ruta para el régimen cubano en una reciente entrevista con el influyente politólogo Agustín Laje.
A bordo del Air Force One y rodeado de periodistas, Trump aseguró:
Estamos hablando con Cuba y lo sabrán muy pronto.
Habría que ver si el castrismo toma el trato o no. ¿Seguirá empantanando en la “intransigencia revolucionaria” a todo un pueblo o tomará la lección que Maduro aprendió por las malas y que lo tiene durmiendo en una cárcel federal en Nueva York?
Sin embargo, horas después, el dictador designado en la isla, Miguel Díaz-Canel, subrayó que:
No existen conversaciones con el gobierno de EE.UU., salvo contactos técnicos en el ámbito migratorio.
De esas palabras derivan dos posibilidades. O Díaz-Canel no está incluido y enterado de las conversaciones, pues el enviado de la Casa Blanca no trataría con un testaferro político del nonagenario Raúl Castro, quien sigue controlando los destinos del país desde su cómoda residencia en Cayo Saetía. O el contacto técnico migratorio es sobre la migración de la élite socialista cubana en pleno.
Mientras tanto, Estados Unidos trasladó dos buques de transporte anfibio a aguas al norte de Cuba y el régimen respondió reclutando jovencitos para usarlos como carne de cañón en una posible acción estadounidense.
Trump afirmó en redes sociales que la isla vivió durante mucho tiempo del petróleo y del dinero venezolanos y que, a cambio, ofrecía seguridad:
¡PERO YA NO! NO HABRÁ MÁS PETRÓLEO NI DINERO PARA CUBA — ¡CERO!
Y continuó instando:
Sugiero encarecidamente que lleguen a un acuerdo, ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE.
El mensaje en Truth Social quedó en el aire a la espera de más detalles. Pero no los hubo.
Sin embargo, el embajador estadounidense en La Habana, Mike Hammer, confirmó las palabras de Trump. “Cuando el presidente Trump dice algo, lo dice y está bien claro”, comentó en un perfecto español.
Vamos a dejarlo ahí, no puedo entrar en detalles; pero yo creo que se sabe bien la intención, el apoyo que tiene esta administración, el presidente Trump, el Secretario de Estado Rubio, por el pueblo cubano, que he llegado a conocer bien, y les seguiremos apoyando.
Marco Rubio, un cubano del exilio
Rubio, artífice de la diplomacia estadounidense y quien se ha asegurado de implementar la “Doctrina Donroe”, se ha vuelto un rostro viral en la cultura popular de estos días a través de los memes en que cambia ropas apuntando a los muchos nuevos trabajos que le da la administración —internet lo ha vestido lo mismo de ayatolá que de verde olivo y fumando un habano. Es laborioso Rubio, no hay dudas.
Y ahora se embarca a mover el último muro de Berlín, la isla roja que corta, a lo largo, el Caribe, como una herida en el pecho de las Américas.
Su interés por el destino de Cuba no solo vendría de su posición frente a la política exterior, sino también de un lugar más cercano. Nacido en 1971 en Miami, de padres cubanos exiliados, Rubio creció entre personas que conocieron la opresión socialista. Y si algo sabemos los cubanos que salimos al exilio, es que esas historias vuelven en las cenas familiares, las reuniones de amigos y las oraciones nocturnas tan frecuentes como olas en la playa.
En su vertiginosa carrera política que comenzó en 1998 como comisionado de West Miami, Florida, presidió el Comité de Inteligencia del Senado de Estados Unidos y se ha convertido en la guinda del pastel en lo que he llamado una era dorada para la diplomacia cubanoamericana.
Sería justicia poética que un cubano nacido en el exilio, de la estocada final a la dictadura que arruinó la vida de su familia, de tantos millones más desestabilizando la región y comprometiendo la seguridad nacional de los Estados Unidos.
Rubio es un franco cristiano; mientras, en contraste, el régimen socialista que hoy busca terminar, ha sido profundamente anticristiano desde su instauración. En ese espíritu, yo le daría este consejo no solicitado a los jerarcas de La Habana, uno que aparece en Mateo 5:25: pónganse de acuerdo con su adversario pronto, “mientras estás con él en el camino”.
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