Hacerle la interviú a una intelectual española que tiene una columna en El País, ha sido actriz, guionista en radio, cine y televisión, y, por sobre todo lo dicho, la madre de uno de los personajes más entrañables de la Literatura infantil y juvenil (LIJ) de habla hispana, fue un sueño largamente acariciado por este escribidor. Un sueño al que los avatares del precario acceso a internet que tenemos los cubanos de la isla pusieron más de una zancadilla que parecía echarlo a pique.
Finalmente, las modernas redes sociales, el bastante más antiguo servicio de correo electrónico y la buena voluntad de mi entrevistada, se conjugaron para que en 2020 Elvira Lindo respondiese, cortito y al pie, a un cuestionario todo lo inocentemente abarcador que puede esperarse en alguien que no cree posible repetir la experiencia que, por razones que ahora no viene a cuento explicar, ha demorado casi seis años en publicar esta entrevista.
Cai por la madrugá. Cai, según he leído, tan parecida a La Habana. ¿Tiene Elvira Lindo alguna deuda con la ciudad donde nació y que la ha hecho Hija Predilecta? ¿Cuánto cree deberle a ese sur de España?
Mi vida de niña fue tan nómada que se me mezclan recuerdos de muchos lugares. Mi padre amaba Cádiz y los amores de mi padre eran contagiosos. Nací allí y solo conservo la foto para el libro de familia en la azotea del piso de mis padres.
A mi madre se le ve, tras cuatro hijos casi seguidos, una cara de tremendo cansancio, pero mi llegada fue a lo grande, traje, como reza el dicho, un pan debajo del brazo: a mis padres les tocó la lotería. Luego he estado muchas veces en Cádiz de mayor. Me tratan siempre como a una reina y yo les correspondo con cariño. Cádiz no puede no gustar, es la ciudad más luminosa de España.
En 1974, el año en que un gol de Katalinski dejaba a España fuera del Mundial, llegaba usted a un Madrid que no tenía playa como cantarían años después Los Refrescos, ni tampoco democracia, algo que algunos siguen prefiriendo ignorar. ¿Cómo fue su adaptación a esta ciudad sin mar? ¿En qué barrios vivió?
Llegué a una ciudad muy gris, a un barrio periférico, nuevo, construido para el aluvión de emigrantes que llegaba a Madrid en los sesenta. Desde nuestra casa se veía la gran ciudad. Esa vista alimentó muchos de mis sueños. Mi barrio estaba a medio hacer, pero a mí me encantaba, estaba lleno de descampados y parques pobretones en los que los niños podíamos correr aventuras. Teníamos mucha libertad. Creo que fui afortunada de crecer en un barrio suburbial.
¿Cuánto marca la muerte de Franco y la Movida Madrileña su decisión de estudiar Periodismo en la Complutense?
En ese momento los periodistas, como los políticos, eran muy populares. La gente estaba deseosa de escucharlos porque de alguna manera eran los representantes de la llegada de las libertades a España. Yo quería escribir y lo más cercano a mi supuesta vocación era el periodismo. Comencé a estudiarlo, pero enseguida me ficharon para un taller en la radio pública y dejé de ir a la Facultad porque aprendía más en el trabajo. Allí me quedé una década, la de los ochenta.
Radio Nacional de España, a través de Radio Exterior de España, sigue llevando su señal en onda corta por todo el mundo, con programas de larga data como Tablero Deportivo o Españoles en lamar. ¿Qué atrajo a Elvira del mundo de la radio y especialmente de la radio pública?
La radio me fascinó, y la radio pública, en aquel momento tan crucial en la historia reciente de España, era el mejor sitio en el que una joven como yo podía trabajar. Hice de todo, guiones, reportajes, producción, hasta que pude presentar un programa. Tuve mucha suerte, confiaron mucho en mí, y eso que yo, como decía García Márquez, era una joven indocumentada. Pero aprendí mucho.
"Madame Bovary c’est moi", dicen que dijo Flaubert. Elvira Lindo fue Manolito Gafotas, el personaje que la ha hecho célebre en todo el orbe y no metafóricamente hablando, sino de manera literal, ya que el niño “cuatro ojos” de Carabanchel llega primero a la radio en la voz de Elvira. ¿Cómo descubre el interés por hacer guiones radiofónicos y por darle su voz al personaje?
Escribí e interpreté muchos guiones en la radio. Las radionovelas me parecían muy antiguas cuando era adolescente. Las escuchaban mis tías, pegadas a la radio, a la hora de la siesta. Pero cuando yo entré a trabajar advertí las posibilidades que tenían los estudios de radio. Comencé a hacer travesuras, guiones humorísticos, y un día surgió la voz de un niño. Muchas veces buscaba a locutores que me pusieran las voces, pero en esta ocasión mi voz, que es un poco infantil, sirvió. El caso es que aquel episodio gustó y lo seguí haciendo. Manolito comenzó a vivir un poco de casualidad, pero poco a poco se fue haciendo un personaje conocido para los oyentes.
De la radio al papel impreso, ¿qué cambia en Manolito Gafotas?
No cambia el carácter, pero la escritura de un libro no tiene nada que ver. El libro está escrito para durar y el guión de radio es una herramienta fugaz. La mayoría de las veces se escribe y una vez que se ha interpretado, al menos yo, lo tiraba a la papelera.
1994. Veinte años después de su llegada a Madrid triunfa con su primer libro dedicado a Manolito. ¿A qué atribuye un éxito tan clamoroso?
Creo que, sin yo saberlo, los niños lo estaban esperando. Era una voz de la clase obrera. Un niño de barrio. Sus aventuras estaban al alcance de cualquiera. Y es muy humorístico.
¿Por qué elegir un barrio obrero, de edificios sin mucho arte y más conocido por su cárcel? ¿Qué sabía Elvira Lindo de Carabanchel?
Carabanchel se parecía al barrio donde yo viví con mi familia en Madrid. Lo que ocurre es que Carabanchel tiene más historia, a pesar de ser un barrio periférico. Eso hacía que me gustara más. No sabía mucho sobre Carabanchel en concreto, pero sí sobre la vida en un barrio.
Un libro cada año dedicado al personaje, su entorno, familia, amigos. Dicen que Shakespeare mató a Mercucio porque lo desbordaba el personaje y Conan Doyle se hartó de Sherlock Holmes. ¿En algún momento Elvira se aburrió de Manolito?
Bueno, escribí otro libro de Manolito en 2014. No es que me aburra, es que no puedo ni quiero dedicarle la vida. Tengo otros muchos proyectos por delante. Pero si me preguntan mucho sobre Manolito me aburro muchísimo.
(Mi cuestionario obvia esta última observación porque el placer y las risas que me ha proporcionado la lectura de los avatares del chiquillo de Carabanchel me impele a querer saber más aunque mi curiosidad acabe rayando con la impertinencia)
En la serie dedicada a Manolito Gafotas los estudiosos de la Literatura Infantil y Juvenil de habla hispana suelen destacar la crítica social, el manejo del humor y la ironía, por lo que prefiero indagar en otros aspectos menos señalados como el reflejo de la sexualidad. Manolito compara su sexo con el de su padre, se interesa por los atributos de la madre del Orejones y este último descubre poco a poco una orientación sexual no heterosexual. ¿Se impone usted algún límite al tocar estos temas?
No, no me los he impuesto. En el último libro el Orejones sale del armario. Por eso no publicaron el libro en Irán, donde el personaje es súper popular. Pero vamos, tampoco me parece que haya que hablar de sexo todo el tiempo para que el libro sea atrevido.
Clásico de la LIJ en el ámbito hispano. ¿Qué siente cuando estas palabras acompañan la publicación de un nuevo libro de Manolito o una reedición?
Pues al principio me sorprendía, pero ahora, no sé, creo que se ajusta a la verdad.
Manolito Gafotas ha crecido, dejó de ser niño. Desde 2012 no aparecen nuevos libros dedicados al personaje. ¿Significa que su saga ha concluido? ¿Ronda alguna vez por su cabeza la idea de rescatar al personaje o a otros de la saga como El imbécil?
A lo mejor hago un Manolo universitario, tengo que tener ganas… tiempo… Pero sería divertido.
Otra serie, la de Olivia, si bien ha tenido gran éxito, no adquiere la dimensión de clásico que ostenta Manolito. ¿Este éxito más discreto tiene que ver con el grupo etario al que se dirige, con el hecho de que Olivia sea una chica y no un varón?
Es que Olivia no tiene tanta importancia. No es en realidad una construcción literaria. Estoy por quitarla de Wikipedia, porque siempre me la nombran, pero realmente dentro de mi obra, con tantas novelas, no tiene importancia como para estar hablando de ella. Es bonita, ya está.
Obviamente, en su haber hay otros textos de LIJ. ¿Cuándo los escribe se propone que difieran radicalmente de las series de Olivia y Manolito o simplemente van saliendo?
Manolito es fiel a sí mismo. Nunca interfiere en otros libros. Olivia no tiene la entidad suficiente como para interferir.
Pese a los éxitos de ventas, los premios, un autor de LIJ sigue siendo visto por encima del hombro por muchos de los que hacen literatura para adultos (si es que realmente tiene sentido esta clasificación). ¿Se sintió usted discriminada en algún momento? ¿De algún modo Algo más inesperado que la muerte busca demostrar que es narradora y punto? ¿Qué cambia en su enfrentamiento al texto cuando escribe para el público adulto?
Mi primer libro "para adultos" fue El otro barrio. Yo quería escribir otras cosas fuera de Manolito. Soy una escritora con ambiciones. No es algo tan raro. Los libros para niños son vistos por encima del hombro por los idiotas. He ido aprendiendo a no hacerles mucho caso. En cuanto a la diferencia entre una escritura y otra, no la hay, no existe.
Las películas españolas pasaron del recato y el imperio de musicales con Sara Montiel, Marisol o Rocío Dúrcal al desmadre almodovariano y el cine quinqui de Navajeros. Teniendo en cuenta que ha tenido usted un vínculo directo con el universo del cine hecho en su país ¿Qué le atrae y qué rechaza en él?
El cine franquista era muy retrógrado, aunque tenía buena factura porque había buenos profesionales, y hubo años en los que los americanos venían a rodar a España, con lo cual el ambiente de la industria del cine fue floreciente durante un tiempo. Con la democracia se acabó el puritanismo y comenzó el cine rompedor de los ochenta. Me gustan mucho algunas cosas, otras, nada. Pero es una pregunta demasiado compleja para responderla aquí. Ahora se hace muy buen cine.
Sus apariciones como actriz han sido breves, casi siempre en pelis de amigos con los que colabora como Manuel Albaladejo. Quiero detenerme en su participación en Cachorro, una película cuyas escenas de desnudos y sexo gay fueron censuradas en algunos países y provocaron escándalo. ¿Afectó eso su carrera literaria? Lo digo teniendo en cuenta que aún muchos creen que un autor de LIJ debe evitar ciertos asuntos.
Ah, no, soy autora de cuentos para niños, pero no creo que se me vea así, yo he escrito muchas historias humorísticas muy atrevidas. Y no, no afectó para nada a mi carrera.
Es curioso que, habiendo escrito guiones para la radio y el cine, sólo tenga tres obras de teatro. ¿Le cuesta más este género o es que en España resulta demasiado complicado llevar a buen puerto una puesta teatral?
El teatro es muy difícil y no tengo claro que sepa hacerlo bien.
Coronavirus aparte, España vive un momento político singular. ¿Qué opinión le merece la alianza entre PSOE y Unidas Podemos? ¿Qué cree del hundimiento de Ciudadanos y el repunte de Esquerra en Catalunya y Vox en toda España? ¿Apostaría por el referéndum para que los españoles decidan sobre la unidad y forma del Estado?
Son demasiadas preguntas. Me parece bien un gobierno de coalición. Y creo que en un futuro se acabará haciendo una consulta sobre la forma de Estado. Este no es, desde luego, el momento, porque España se enfrenta a desafíos mayores, como una crisis económica brutal. Lo de Vox me parece peligroso. Su entrada en las instituciones solo ha servido para armar bronca.
Tres mujeres, tres miradas diferentes a la realidad española. ¿Podría valorar a Inés Arrimadas, Rocío Monasterio e Irene Montero?
El hecho de que sean mujeres no tiene que obligar a juzgarlas por separado de toda la clase política. De Rocío Monasterio no hablo.
¿Hay un feminismo bueno y uno malo, un feminismo radical y otro meramente progre? ¿Es la España del PSOE feminista pese a las manadas de Pamplona y Girona, pese al apoyo popular a los violadores futbolistas del Arandina?
España ha mostrado una actitud popular muy favorable al feminismo. Todo activismo tiene su reacción, y aquí existe ahora una reacción contra el feminismo. Hay muchas maneras de encarar el feminismo, la mía es inclusiva. Es un activismo que ha de unirse al activismo social.
Obligada al encierro, a enviar vía e-mail sus columnas para El País. Con muchas horas para hacerlo, ¿qué ve Elvira Lindo al mirar atrás? ¿Cuánto cambió aquella nena que escuchaba cuentos fachas, la chica progre de los bares de barras? ¿Cree que estaría satisfecha con la mujer que no aceptó ser ministra de cultura?
No me gusta mirar atrás. Lo he hecho por razones literarias, pero no soy nostálgica, no añoro mi juventud, me gusta ser una mujer madura. Lo disfruto. He cambiado, sí, soy una persona más centrada, a lo cual ayuda que tengo una vida personal muy serena. Esa serenidad hubiera sido rota de haber aceptado un cargo público y tan relevante. Agradecí la propuesta, pero prefería mi vida de ahora.
La gran Lola Flores hizo inmortal A tu vera. ¿Qué necesita ahora mismo tener a su vera esa Elvira Lindo agotada ante tantas preguntas?
Pues mi cotidianidad, que es lo que más me gusta. Sumergirme en mi trabajo, compartir una comida rica y un buen vaso de vino con mi marido. Como ahora no hay muchas opciones de socializar trato de que esta vida íntima sea lo más gratificante posible. Y creo que lo hemos conseguido. Mi marido y yo hemos creado un universo en el que queremos vivir. Eso es esencial en estos tiempos.
Y en ese sencillo universo cotidiano deja el entrevistador a Elvira y se retira profundamente agradecido por sus palabras y su tiempo.