Luis Álvarez Álvarez (Camagüey, 1950 – São Paulo, Brasil, 2026) fue una de las inteligencias más sólidas, cultas y generosas de la literatura cubana contemporánea: escritor, ensayista, poeta, crítico, profesor, pedagogo, investigador martiano y Premio Nacional de Literatura 2017.
Intelectual riguroso y necesario
Con su partida, la cultura cubana pierde a un intelectual riguroso y necesario. Árbol Invertido despide, además, a un colaborador cercano, un autor querido y una presencia atenta que no solo entregó textos, sino también ideas, sugerencias, temas, lecturas y una forma exigente de acompañarnos.
Luis Álvarez fue un hombre de una cultura vasta. Doctor en Ciencias Filológicas y Doctor en Ciencias por la Universidad de La Habana, dedicó su vida al estudio de la literatura cubana, el Caribe, José Martí, Nicolás Guillén, Emilio Ballagas, el neobarroco, la tradición clásica, la crítica y la historia cultural de Cuba. Publicó decenas de libros, obtuvo premios fundamentales y ejerció la docencia como una vocación de profundidad.
La poeta y ensayista Caridad Atencio subrayó la amplitud de su legado martiano al afirmar que:
"La naturaleza culta de Luis Álvarez, y sus especiales conocimientos de la antigüedad clásica y la gran literatura, han permitido la existencia de un cuerpo sólido de aportes a la bibliografía martiana."
Luis Álvarez fue, sobre todo, un lector de Martí desde la inteligencia, la paciencia y la devoción crítica.
Luis Álvarez en Árbol Invertido y Ediciones Deslinde
En Árbol Invertido publicó una columna de opinión bajo el título de uno de sus libros de ensayos más significativos, Conversar con el otro (Ediciones Unión, 1990). Desde allí sostuvo un diálogo firme con el presente cubano, con la cultura y con la responsabilidad intelectual ante la historia.
Junto a Olga García Yero, su compañera de vida y obra, publicó además en Ediciones Deslinde el ensayo Cultura, Patria y Libertad en Martí (2024), un libro fundamental sobre el pensamiento cultural martiano, donde ambos ampliaron una línea de investigación imprescindible para comprender la nación cubana, su identidad y sus tensiones espirituales.
Su relación con Olga fue también una de las grandes fidelidades de su vida. En una entrevista concedida a Claustrofobias en 2018, dijo:
"Yo no me imagino trabajando sin ella, ni me imagino la vida, por supuesto, sin ella. Eso, sencillamente, no existe."
Esa frase ilumina una obra escrita muchas veces desde la conversación, la complicidad intelectual y la resistencia compartida.
El exilio "en medio del horror y el asco"
Luis Álvarez no se exilió en Brasil en 2023 por ligereza ni por comodidad. En entrevista concedida en 2024 a Árbol Invertido, realizada por Mario Luis Reyes, lo dejó dicho con una claridad dolorosa:
"No, nosotros no hemos emigrado, nos exiliamos en medio del horror y el asco."
También afirmó:
"Nunca hubiéramos emigrado por razones económicas. Mis ancestros paternos estuvieron por centurias en Puerto Príncipe. Salimos de Cuba, a toda costa, por imposibilidad de vivir en el espanto, en el clima de odio, deshumanización y terror en que el castrismo ha sumido a nuestro país. Insisto en que, como escribió el rumano Gheorghiou en La hora 25, la noche quedó atrás."
Antes de partir, había renunciado a la membresía la oficialista Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), entidad a la que, según sus propias palabras, ya le resultaba insoportable pertenecer. También se apartó de otros espacios institucionales donde la cultura había terminado sometida al silencio, la vigilancia o la obediencia. Nada de eso borró su fe en la continuidad profunda de Cuba:
"Cuba es una sola. Única. El fratricida y criminal silencio pasará. No hay más que una cultura nuestra. Ningún premio esencial, ninguna dignidad u honor puede ser para un grupo segregado de cubanos. Martí respetó a los autonomistas. Cuba estará íntegra en su noche poética y sus jardines invisibles."
El Camagüey y la lucidez
En el Cuestionario Deslinde, cuando le pedimos completar la frase "Mi verdadera patria es…", respondió:
"Mi verdadera patria es Camagüey."
También allí dejó una confesión mínima y definitiva sobre aquello que más temía:
"Perder la lucidez."
Árbol Invertido despide a Luis Álvarez con gratitud, admiración y tristeza. Fue un maestro, un estudioso excepcional, un martiano de raíz honda, un cubano fiel a la cultura y un amigo. Su obra queda. Su lucidez también.
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