Un hambre antigua (Bokeh, Florida, 2025), de Jesús J. Barquet (La Habana, 1953), consta de dos partes. La primera ("Las palabras, los seres y las cosas") constituye el conjunto mayor del libro y lo componen ocho secciones. Elocuentes títulos —siempre un verso de los poemas— dan la clave del tema de interés que predomina en cada sección: "(I) Resiste en sólo imagen", "(II) ¿O es simplemente yo?", "(III) Escribirlas no basta", "(IV) Buscando donde anclar", "(V) Irrespuestas", "(VI) Sé mi huésped", "(VII) El agua se desata" y "(VIII) Salvo la entrega".
La segunda y última parte ("Postscriptum") la conforma un poema largo titulado "Ante el espejo" que, en forma de diario de observación, cuenta con un registro apócrifo y veintiséis anotaciones del yo poético que corresponden a diferentes momentos de su contemplación de un ser ("reflejo", "sombra" o "imagen" en "el espejo del cuarto", págs. 159, 151) que le provoca una desconcertante "extrañeza y descontento" (pág. 149), según reza la cita del poeta español Juan Gil-Albert que encabeza la segunda parte, y de quien proviene el título del poemario.
Pero antecede a ambas partes un solitario poema donde, a manera de "Aviso" inicial, el sujeto lírico nos advierte que estos serán sus "últimos versos" y nos invita a leerlo, a acompañarlo por "estos amagos ebrios de eternidad que son / la poesía" (pág. 9).
Poemario de total madurez
Un amplio registro métrico exhibe el poemario. Barquet emplea a voluntad el verso libre ("Novena", "Muerte de Lezama"), el verso blanco ("Creencia", "Acogida"), los versos isométricos ("Independencia 2", "Escala"), en poemas de la más diversa extensión y composición: desde haikús de tres versos con sus consabidas diecisiete sílabas dispuestas en forma variada ("Caídas") o en forma curiosamente enlazada ("E.P.D.", "Descenso"), cuartetos ("Heraldo") y sonetos de caprichosa división estrófica ("Catorce versos dicen", "Imágenes"), hasta la larga silva homoerótica de "Acogida".
Si acude a la rima, opta mayormente por la asonancia, como en el romance religioso heptasilábico "Escala", pero no evita la consonancia al hacerse eco de la mística española en "Los dos Jesús".
Nada en este poemario conduce a una gratuidad metafórica: es un cuerpo de total madurez en que cada palabra y cada verso apelan conceptualmente a la densidad de pensar el mundo y pensarse a sí mismo con lúcido conocimiento y acorde musicalidad.
La paradoja de existir yace reflejada en cualquier aparente juego de palabras: "Y a mis pies veo mis alas / de vuelta / —devueltas" (pág. 98). Un hambre antigua es así un llamado al entendimiento, por lo que debe ser leído con detenida reflexión. A continuación, una muestra de la riqueza conceptual creada por la sugerente disposición de sus vocablos y versos:
un avezado
temor a proseguir con mis temores. (pág. 17)
*
no indagar ni prevenir sino dejar
que incluso en contra suya
el mundo siga su cauce. (pág. 18)
*
una estrofa en que el Autor se reconozca
cansado de existir y abogue
por un vacío imposible
o el mero vaciamiento de su ser. (pág. 21)
*
Seguimos siendo los de ayer
y hasta los cambios
contantes y sonantes
acaban en taimada variación
de lo ya sido. (pág. 27)
*
el faro pedregoso, fijo, de la verdad,
que alerta desde afuera, mas no lejos
del tenebroso mar que es el vivir. (pág. 31)
*
Las cosas se insinúan,
se esconden o se entregan
sucediéndose afines
incluso a pesar nuestro. (pág. 35)
El poema "En tropel" presenta uno de los temas del libro: el antagonismo entre el silencio y el verbo (las palabras) con su habitual referencia al sentido y al mundo exterior (las cosas):
Es el silencio y las palabras
vienen a romperlo.
En tropel entran y sus fardos de sentido
—a la puerta alineados—
pronto cavan trinchera
ante cualquier molesta intromisión. […]
Si lograses irrumpir, comprenderías
lo incierto que resulta allí creer que las palabras
busquen sustituir a las cosas,
o que unas y otras se requieran entre sí:
te verías siendo tú y no ellas
quien por tal desacuerdo necesita y pretende
de manera precaria concertarlas. (pág. 29)
De lo erótico-amatorio
Todo acto de lectura convierte al texto en anfitrión y al lector en su huésped. Desde "Aviso", como ya apunté, el sujeto lírico nos invita a leerlo, a ser los huéspedes de su poesía: "Detén el paso, caminante, y goza aquí / de mis últimos versos. / […] Tal vez / te alivien el camino" (pág. 9). Plural es el sentido de huésped en el libro: huésped es el ser humano "en el torno espejeante de la Tierra" (pág. 76); es el exiliado vuelto "cuerpo sin luz" ni sombra en el país que lo acogió (pág. 92); es el externo "vacío hambriento de habitar" que el yo poético convida a irrumpir en su interior y al que, como Jesucristo a sus apóstoles, le ofrece "pan y vino" (pág. 36); es el amado o deseado en el cuerpo del amante deseoso, como sugiere la sección erótico-amatoria "(VI) Sé mi huésped" y, en ella, uno de los poemas más intensos por su universalidad: "Acogida".
Con ecos temáticos y retóricos de La Odisea, en "Acogida" se le brinda una interesada hospitalidad a un desconocido de "maciza hermosura" que, de repente, llega "maltrecho y desnudo" a una isla: el gobernante local lo alimentará y cuidará con esmero, pero espera que el nuevo huésped comparta sexualmente su lecho "hasta que, desvaídos los surcos seminales, / cese el temple y nos venza / la dádiva del sueño". En "Acogida" se rastrean las huellas e hitos de la Cultura Occidental desde Homero, incluidos La Sagrada Biblia y lo cubano ("el ron / que no conoció el dios festivo", "el curvo machete"):
No te preguntaré quién eres, dónde se hallan
tu ciudad y tus padres, ni en qué nave arribaste
—porque no habrás llegado como Jesús a pie—,
ni si atracar aquí fue un error y otra playa
el Hado te asignó, donde una ninfa
testaruda no para de tejer… (págs. 109-111)
Como reflejo, imagen o alter ego, se puede ser huésped también en los espejos, tema este que irá apoderándose del libro. El soneto invertido "Imágenes", incluido en "(VII) Salvo la entrega", es tanto una introspección en el mito de Narciso, como un adelanto del poema “Ante el espejo” que cierra de manera brillante el poemario:
IMÁGENES
(Llevar por los bazares mi imagen…
Basta ya de imaginarme:
sin más demora comienzo
a vivir en los espejos.
En los espejos me asomo
a un hombre que no soy yo,
aunque seamos el mismo.
Después, Narciso fatal,
mi imagen busco en el río
—que acostumbra ser un lío
de enfermiza opacidad.
Y renunciando al reflejo
de tan falsos cristalinos
repienso todo y decido
imaginarme de nuevo.
…y vendérsela al peor postor) (pág. 144)
Un tema recurrente y, por tanto, importante del libro es la metapoesía. A ella se dedica, en particular, la sección “(III) Escribirlas no basta”, donde las palabras, como anfitrionas de la poesía, son invocadas en toda su plenitud y hasta comentan su historia literaria (“De poética”, “Cuídate, flor”). Finalmente, la primera parte concluye con el poema “Poesía”, donde el sujeto lírico pide lo siguiente:
Permiso para dejar de escribir.
Estos trazos no cuentan:
son de una lengua en peligro de extinción
por estarse malgastando en algo
que aún insiste en llamarse poesía. (pág. 145)
De lo autobiográfico y el exilio
En la sección "(V) Irrespuestas", los ocho poemas de "Tres" son particularmente reveladores de lo confesional autobiográfico que, aunque no sea el eje central del libro, asoma en otros poemas, y a lo que en ocasiones un personaje llamado "el Autor" le sirve de camuflaje (págs. 21, 128).
El desarraigo inherente al exilio o al prolongado peregrinaje lejos de la patria insular provoca imágenes hiperbólicas de supuestas decisiones extremas tales como "El desatino de meter vivo / mi cuerpo en un costal / y no tener dónde arrojarlo" (pág. 87). Más adelante, hay una paronomasia ingeniosa entre "La Habana espera" y "la vana espera" que resulta del anhelado y hasta entonces irrealizado cambio político por la libertad de Cuba:
La Habana espera, me espera —quiero creer—
y sueña con un salto mortal renacedor:
olas rompiéndose de embriaguez en el aire,
nubes como atalayas, vellocino, meteoro
de libertario gravitar,
mientras se engruesa la espera —quiero creer—,
la vana espera. (pág. 92)
La experiencia del exilio como lejana cercanía o cercana lejanía, vinculada a las dicotomías adentro/afuera y cuerpo/sombra, conforma un leitmotiv del libro, como muestra el poema "Fuera de mí":
Afuera, es decir, fuera de mí,
los ruidos que nos llevan a las cosas,
una isla a la deriva sexagenaria,
un colibrí y un libro, el eco
amarillo y cálido del sol.
Y fuera de mí también —fuera
de mis circunstancias—, yo. (pág. 44)
En la nota de contracubierta del libro, el profesor, poeta y crítico literario Luis Álvarez Álvarez afirma justamente que Un hambre antigua:
"acoge y trasciende muchos caminos poéticos y encierra lo mejor de Cuba, tanto en sus referencias directas o deslumbrantes (Lezama, Brull, el desasimiento, el tono de querencia buena, la nobleza, el terror insular, el destierro, la historia de migaja y latigazo) como en su ancho existir a la intemperie, entrechocado de heridas y de ausencia."
Para matar un hambre vieja, un hambre antigua, invito a degustar este poemario, a ser su huésped atento. Como se advierte en "Aviso", leerlo puede servir de alivio, además de alimento, en el camino. Barquet demuestra aquí que el nutricio pan de la buena poesía siempre está calentito, como acabado de hornear.
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