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Opinión | J’accuse: El problema político en Cuba

"Resulta desalentador observar cómo algunos ya actúan y viven como políticos de carrera, olvidándose de la coyuntura y el dolor actual que exige claridad, unidad y humildad. Se mueven en las sombras y orquestan acciones sin un consenso previo."

Puzle de bandera cubana.

Todos sabemos que el régimen dictatorial cubano debe acabar; incluso ellos mismos saben que es imposible mantener las dinámicas de poder tal cual las han ejercido hasta ahora. En esto hay consenso entre los tres actores fundamentales de este drama: un pueblo agotado y hastiado; una diáspora que sostiene a la isla con esfuerzo mientras divide su corazón entre la supervivencia y el desgarro de continuar con su vida; y los distintos actores internacionales que empujan al régimen a través de sanciones y aislamiento.

El periodista cubano Juan Manuel Cao advierte que hay que planificar la transición democrática en Cuba "con cabeza fría" (mayo de 2026).

Todos están claros en el objetivo final: acabar con la mal llamada revolución que por casi setenta años ha destruido los núcleos reales de la sociedad civil, marginando a Cuba al ostracismo y la pobreza. Todos entienden —incluso quienes por puro pragmatismo económico aceptaron con displicencia las formas del gobierno cubano, dígase cientos de empresas americanas y europeas— que ya no hay nada que esperar de ahí. 

Y, sin embargo, los que deberían ser los verdaderos protagonistas de este cambio, como ejercicio político de representación legítima de la soberanía popular, no solo no están ni se les espera, sino que no entienden de qué va el asunto.

Hoy hablaremos de la disidencia cubana y de algunos escenarios, que no por tremebundos son infundados, pues los movimientos se insinúan y las acciones, incluso las más sutiles, hacen mucho ruido.

¿Ser o no ser? Las fuerzas disidentes frente al espejo de la política

El primer aspecto que debemos asimilar es que la inmensa mayoría de las fuerzas disidentes, dentro y fuera de la isla, no son actores políticos, sino entidades de activismo social y humanitario. La ciencia política diferencia con claridad estos roles para evitar malentendidos.

Es profundamente loable el trabajo de cientos de organizaciones opositoras que confluyen en la defensa de los derechos humanos, los presos políticos, los análisis económicos, los estudios de género o el periodismo independiente. 

El Gabinete de Orientación en Políticas Públicas y Reformas del Estado (GOPPRE), por ejemplo, nació al calor de ese imperativo moral. Sin embargo, en una sociedad democrática normal, estas asociaciones serían observatorios, laboratorios de ideas (think tanks) u ONG que hacen de contrapeso público-privado al poder. Hoy, al estar proscritas por el totalitarismo, pasan a la acción antisistema como forma natural de respuesta por su propia supervivencia.

"Los grandes activistas han sido casi siempre pésimos políticos."

La anomalía radica en que la disidencia se ha visto forzada a hacer política desde las esferas del activismo. Lo lógico en una transición es que muchas de estas entidades vivan una metamorfosis hacia centros de investigación, gabinetes jurídicos o partidos políticos consagrados al servicio público. Pero dar ese paso requiere comprender que las reglas del juego cambian.

La historia demuestra, especialmente en el antiguo Bloque Soviético, que los grandes activistas han sido casi siempre pésimos políticos. El caso de Lech Wałęsa en Polonia es emblemático: el legendario líder sindical que arrodilló al comunismo desde las fábricas de Gdańsk demostró ser, una vez en la presidencia, un gobernante errático y carente de pericia institucional y capacidad técnica, cuyo capital político se diluyó rápidamente entre las intrigas del Estado. El activismo tiene una pureza que el ejercicio del poder real suele corromper o destruir si no se cuenta con una formación técnica real, porque al final, como en Star Wars, el lado oscuro siempre tienta.

El líder polaco anticomunista Lech Wałęsa al frente de una huelga del astillero Lenin, en Gdansk, en agosto de 1980.
El líder polaco anticomunista Lech Wałęsa al frente de una huelga del astillero Lenin, en Gdansk, en agosto de 1980.

¿Qué buscas en las estrellas? Los partidos políticos cubanos

Creo que es una excelente noticia, que aplaudo y acompaño sin restricciones, que la disidencia intente organizarse como actor político y diseñar programas de acción encaminados al cambio político, ya no solo como activista, sino como ente consagrado a la res pública (la actividad pública). Sin embargo, resulta desalentador observar cómo algunos ya actúan y viven como políticos de carrera, olvidándose de la coyuntura y el dolor actual que exige claridad, unidad y humildad. Se mueven en las sombras y orquestan acciones sin un consenso previo.

Ante un ecosistema de más de doscientas organizaciones opositoras en Cuba y su diáspora, cabe preguntarse: ¿Bajo qué criterio unas poquísimas instituciones se arrogaron el derecho de ser las legítimas y únicas defensoras del cambio? ¿Cuál es la legitimidad de repartirse la isla y sus puestos antes de cualquier transformación real? ¿Por qué se evitó un congreso de las distintas fuerzas sociales y políticas para presentar una hoja de ruta compartida? ¿Qué ven al mirar al cielo: servir al pueblo o servirse ellos?

"El gran mal de la disidencia cubana es el ego."

Critico severamente, y conmigo una parte importante de la población cubana, los actos acaecidos en la Ermita de la Caridad del Cobre. No por malos —al contrario, justos y muy necesarios—, sino por su manifiesta endogamia y su tendencia al ocultamiento. Al otorgarse carguitos y postulaciones de espaldas a la disidencia general, han replicado los vicios exclusivistas del sistema que combaten. 

Estoy seguro de que, por su gran trayectoria y su autoridad como ex-presos políticos, dirigentes y opositores de años de servicio, hubieran tenido la oportunidad de articular un movimiento de bases potente y acompañado; tuvieron la oportunidad de alcanzar legitimidad al estilo de María Corina Machado en Venezuela, y se han decidido en su lugar por ser Bonaparte: quitándole la corona al Papa y autocoronándose casi como los únicos garantes del cambio transicional.

El gran mal de la disidencia cubana es el ego. Los grupos que firmaron el llamado Acuerdo de Liberación han cometido el error bisoño de tomar la delantera, olvidando que esto no es una carrera de velocidad, sino de fondo. A causa de la pregunta natural de quién tomará el poder en caso de una transición, se han apresurado y, como se ha leído mucho estas semanas en redes sociales, "han repartido el cake antes de soplar las velas".

"Acuerdo de liberación" para el restablecimiento de la Democracia y el Estado de Derecho en Cuba. Miami, 2 de marzo de 2026.
"Acuerdo de liberación" para el restablecimiento de la Democracia y el Estado de Derecho en Cuba. Miami, 2 de marzo de 2026.

El ejercicio de la política exige dar golpes de efecto, sin duda, pero cuidado de no perder la autoridad moral en el proceso. Por eso, mi invitación y consejo para estos grupos —que ya actúan como políticos viajando por el mundo y buscando adeptos que no aliados— es que asuman ahora una postura más responsable y transparente:

  • Aparcar el redentorismo: Comprender que ningún líder ni grupo por sí solo podrá salvar la isla. Quítense la idea de la cabeza de ser otro Castro.
  • Apertura real en las comisiones: Permitir e incentivar que en las comisiones y mesas de trabajo entren distintos investigadores y expertos independientes, y no solo los suyos. (Cada vez creo más que no existen, porque si no, ¿a qué viene el no darlas a conocer, el no hablar de ellas o de sus avances o presentar sus documentos?).
  • Construir legitimidad desde la unidad: Trabajar con total transparencia y reunir a todas las organizaciones para trabajar en conjunto, como forma para que, llegado el cambio, sean verdaderamente vistos por el grueso de la disidencia y el pueblo como los garantes reales de una transición democrática.

Es hora de dejar de mirarse el ombligo, reconocer las propias debilidades y ponerse al servicio de la comunidad en sinergia constante con los demás actores. Si no empezamos a ser humildes y a actuar todos juntos, el comunismo y el totalitarismo seguirán campando a sus anchas.

Derivaciones futuras de la realidad actual

Es desde esta visión y análisis de la realidad que podemos intentar vaticinar —al mismo tiempo que pedir que sean observados con mucho cuidado, no por malos o erróneos, sino para distinguir los signos de los tiempos y saber medir sus consecuencias— al menos cinco fenómenos que ocurren y ocurrirán en las próximas semanas:

  • Multiplicación de siglas: El paso difuso de plataformas de activismo a partidos políticos sin base ciudadana real. ¡Cuidado, porque siempre se necesitará una conexión real con la sociedad civil que dicen representar!
  • Liderazgos mal formados: Figuras que asumen que la presencia en redes sociales o la repetición de consignas equivalen a la formación técnica indispensable para la gobernanza efectiva. Ya vemos algunos que han surgido y a los que invitaría a un análisis consciente de sus carencias intelectuales y a un estudio humilde: formarse en ocasiones es la mejor manera de servir.
  • Utopismos políticos y económicos: Propuestas macroeconómicas y de reforma política y social desconectadas de la realidad que asumen con ingenuidad que el dinero fluirá mágicamente desde el primer día, adoleciendo así de graves vacíos legales y de supuestos claros en su actuación.
  • Hiperliderazgos populistas: Discursos mesiánicos y personalistas que intentarán capitalizar la desesperación del pueblo con promesas irrealizables. Será clave aislarlos centrándose en propuestas institucionales consensuadas.
  • El peligro del gatopardismo: El más preocupante, porque surgirá desde la disidencia, pero está sometida al régimen totalitario cubano. Nos referimos a la activación de estrategias para que el régimen mantenga sus prerrogativas cambiando solo la superficie. Como escribió Giuseppe Tomasi di Lampedusa en boca de Tancredi: "Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi" ("Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie").

La oposición leal o la manera de que nada cambie

Hablemos de mi máxima preocupación hoy: la oposición leal. Desde hace años en Cuba hemos escuchado hablar de estos grupos: investigadores e intelectuales, politólogos, figuras públicas y actores políticos disidentes que comulgan con tesis socialistas y socialdemócratas a la europea, pero que no están de acuerdo con las tendencias del régimen. Quizás ahí está su mayor error, y es creer que en Cuba un socialismo a la europea, o una política a la china, serviría; pero es que los cubanos no somos así.

Durante años se les conoció por nombre y apellido. Lejos de ocultarse, utilizaban los espacios religiosos para difundir sus discursos bajo el amparo de la protección eclesiástica. En su trayectoria cometieron dos errores graves, de consecuencias sumamente dolorosas: el primero fue la crítica abierta y el demérito hacia proyectos políticos legítimos surgidos desde la sociedad civil, como el histórico Proyecto Varela del gran Oswaldo Payá. 

El opositor cubano Oswaldo Payá Sardiñas (1952-2012).
El opositor cubano Oswaldo Payá Sardiñas (1952-2012).

El segundo error fue autodenominarse "leales"; una etiqueta que definía a una oposición dispuesta a interactuar con el régimen y que, por lo tanto, no manifestaba reparo alguno en consensuar e intercambiar ideas con el poder.

Es evidente que esta oposición leal —reformistas consumados emanados de las propias estructuras del régimen— ha sido percibida históricamente como afín al sistema. De hecho, sobre ellos pesan acusaciones directas de vinculación con los órganos de inteligencia y contrainteligencia del Estado. Aunque por conocimiento directo de muchos de ellos no considero verídica esta última afirmación, sostengo categóricamente que estos actores representan un desafío severo, en tanto que reemergen hoy en la escena pública a través de movimientos sumamente predecibles.

En un proceso transicional, es frecuente que las facciones reformistas o "blandas" de una dictadura pretendan asegurar la supervivencia del régimen tras implementar medidas iniciales de liberalización. Para ello, escenifican supuestos procesos de concertación con actores opositores funcionales; en ciertos escenarios, incluso se les permite integrarse a las instituciones del Estado como una minoría latente en el Parlamento. Con ello simulan un falso pluralismo político cuando, en realidad, se trata del más puro gatopardismo: una estrategia que ha permitido a los regímenes totalitarios de izquierda preservar las estructuras reales de poder durante décadas.

Ya se ha advertido con antelación que no debían sorprender ciertas maniobras defensivas del régimen: aperturas económicas parciales, reformas constitucionales y legislativas cosméticas para simular tangibilidad, la excarcelación selectiva de presos políticos de bajo impacto estratégico (pese a la legítima alegría colectiva por la liberación del adolescente Jonathan Muir) y, por supuesto, el posicionamiento soterrado de sectores de la propia oposición para erigirse en alternativas de cambio. 

Jonathan Muir, adolescente encarcelado por protestar en Morón, Ciego de Ávila, el 13 de marzo de 2026.
Jonathan Muir, adolescente encarcelado por protestar en Morón, Ciego de Ávila, el 13 de marzo de 2026.

Esto último es precisamente lo que presenciamos hoy, lo que podría confirmar la posible gestación de un "cambio fraude" en el que disidentes orgánicamente afines a la dictadura asumen protagonismo como oposición legítima, bajo una cuidadosa coreografía diseñada desde el propio aparato de poder.

El retorno de ciertos "disidentes" a territorio cubano sin sufrir persecución, hostigamiento o encarcelamiento resulta sumamente revelador en el ecosistema actual de nuestra fauna política. Su constitución formal como un PAC (comité de acción política) que promueve abiertamente vías de diálogo, concertación y acción política con actores transversales de la sociedad civil, o incluso con el mismo régimen, es, además de una estrategia conceptualmente obtusa, una maniobra evidente para normalizar su futura interacción con la dictadura o su eventual incorporación a las filas de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP).

No serán los únicos, por supuesto. Dada su naturaleza, ante la llamada del Flautista de Hamelín saldrán de sus reductos para terminar reptando hacia su mano providente. ¡Qué extraordinaria coincidencia que, en esta coyuntura, emerjan también otras iniciativas de economistas y expertos promoviendo reformas orientadas a una supuesta economía social de mercado

"Cuidado con sus discursos sensacionalistas y sus propuestas de regeneración regresiva."

No me sorprendería que su trabajo concluya en que las 176 medidas adoptadas por el Parlamento cubano sean las correctas para rediseñar el modelo económico-político de la isla. ¡A buenas horas, mangas verdes! Es evidente que algunos poseen el don de la profecía y determinaron con precisión milimétrica el momento exacto para saltar a la palestra pública.

Frente a esta pinza articulada por la disidencia leal —tan omnímoda en todos los espacios internacionales donde se habla de Cuba (comunistas desteñidos a socialistas los encontraremos en todos los espacios y encuentros), y ante el posible escenario de una transición organizada por los poderes blandos del régimen para mantener su operativa a través de un proceso de maquillaje del muerto político— planteo tres pautas urgentes de acción:

  • Rigor analítico: Cuidado con sus discursos sensacionalistas y sus propuestas de regeneración regresiva. Muchas de sus iniciativas no superan un examen aséptico desde la ciencia política y están claramente impulsadas por una grandilocuencia perversa.
  • Responsabilidad mediática: A los medios de comunicación independientes: por favor, hay que parar de darles voz, porque de lo contrario pueden ser cómplices de un grandioso plan orquestado que ellos llevan años preparando y que, como las células durmientes, esperaban su momento para ejecutar. El momento es ahora. A las fuerzas totalitarias y a sus reformistas sin reforma no se les debe conceder el menor espacio de atención real. Es difícil distinguir quién es quién y enseguida surge el panoptismo totalitario de no confiar en el otro, pero al menos a los que sí se declaran abiertamente, hay que impedirles tomar a la disidencia como altavoz.
  • Madurez ciudadana: A la población cubana, hoy desesperada y destruida, le invitaría a no confiar más en estos mesías, a esperar, a luchar y a tomar las riendas verdaderas de su futuro. Esperen ayuda, por supuesto, pero también actúen. Sé por experiencia propia lo duro que es levantar un palo con hambre y, sin embargo, es más peligroso dejarse guiar por sus cantos de sirena, que además ya hemos tenido bastantes. Recordemos nuestro himno nacional: "en cadenas vivir no es vivir…"

Un horizonte de certidumbre y esperanza

Este diagnóstico puede parecer lúgubre, pero responde con honestidad al deseo profundo de nuestro pueblo de cambios reales y al hastío hacia estas dos ofertas políticas distorsionadas. Sin embargo, invito a la esperanza.

Me da esperanza saber que existen grupos dentro de la oposición con ideas y propuestas claras, que están disponibles para todos, que son transparentes, que se pueden discutir tanto para mejorarlas como para cambiarlas; me da esperanza que hay muchos que no quieren el poder, sino que sirven a su pueblo, y que esperan el día del cambio para poder volver a abrazar su tierra; me da esperanza ver jóvenes generaciones que quieren formarse en política para construir algo distinto —les invito a ellos a elegir bien sus maestros y tener conciencia crítica, pues no todo lo que les enseñan es real o correcto—; me da esperanza ver que podemos pensar verdaderamente en una democratización real donde distintas fuerzas pluralistas, y no solo comunistas o socialistas, ejerzan la representación política.

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Émile Zola (J’accuse)

Émile Zola (J’accuse)

Émile Zola fue un escritor francés que utilizó la expresión J’accuse ("Yo acuso") para criticar el secretismo, la corrupción y los abusos del poder de su época. El autor ha adoptado como sobrenombre el del literato francés para denunciar, con la esperanza de ser mejorados, tanto los errores dentro de la disidencia cubana como las trampas de la "oposición leal", advirtiendo que no se puede construir una Cuba libre repitiendo los mismos vicios exclusivistas del régimen.

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