Claudia Patricia Pérez Olivera llegó a Brasil en 2022 con una visa, un padre esperándola y la idea inicial de usar el país como escala. Elizer Antonio Prieto Pantoja entró en febrero de 2026 por Guyana, pagó 400 dólares por una travesía hasta Roraima, un estado fronterizo con Venezuela, y cruzó un río de forma clandestina.
Sus historias son distintas, pero coinciden en algo: Brasil aparece cada vez más en el mapa del éxodo cubano, ya no solo como país de paso, sino también como lugar donde empezar de nuevo.
Claudia y el acoso final antes de salir de Cuba
Claudia recuerda el aeropuerto de La Habana como una frontera antes de la frontera. Iba a salir hacia Brasil junto a su entonces esposo, Víctor, en un vuelo de Copa Airlines.
Habían elegido ese destino porque su padre vivía allí, porque era más fácil acceder a una visa y porque no querían llegar completamente desamparados. Pero antes de abordar, cuenta, fueron detenidos por agentes de la Seguridad del Estado. Relata:
"Nos pararon en el aeropuerto. Supuestamente éramos sospechosos de llevar pólvora."
Los llevaron a un cuarto, revisaron sus pertenencias y, según su testimonio, intentaron quedarse con dispositivos electrónicos como memorias USB, teléfonos y laptop:
"Estábamos a minutos de que el avión despegara. Nos dijeron que si no dejábamos todo eso, no nos íbamos. Dijimos que entonces nos quedábamos. Al final nos dejaron subir. Cuando entramos al avión, todo el mundo estaba sentado; solo faltábamos nosotros."
Claudia, diseñadora gráfica cubana, no migró únicamente por razones económicas. Su salida estuvo atravesada por el acoso político, por su relación con un preso condenado por espionaje —un caso que ella considera absurdo— y por su vínculo con espacios independientes como el Instituto de Artivismo Hannah Arendt (INSTAR) y la revista contestataria Mujercitos. Dice:
"Yo realmente soy un daño colateral de una cosa mucho más grande. Lo que me impulsó fue haber conocido a Víctor y haber entrado en la realidad del preso político."
Brasil, en el caso de Claudia, fue primero una solución práctica: un país accesible, con redes familiares y una vía legal de entrada. Pero no necesariamente un destino final. Explica:
"La intención era usarlo como país de tránsito, porque realmente la idea era ir a Estados Unidos."
Con el paso de los meses, y ante la imposibilidad de continuar el viaje, solicitó refugio político. El procedimiento inicial, dice, fue "bastante simple": acudir a la Policía Federal, iniciar el trámite, obtener documentos, permiso de trabajo y acceso a una cuenta bancaria. Lo difícil vino después: la espera. Cuenta:
"Llevo años aquí y todavía no tengo refugio político. Soy solicitante de refugio. Es un proceso largo, puede demorar seis o siete años. Tienes condiciones que te dan cierta estabilidad, pero también cosas que te frenan. Por ejemplo, no puedo viajar a España, porque podría no volver a entrar a Brasil."
La travesía de Elizer hasta Brasil
Elizer Antonio Prieto Pantoja llegó por otra vía. Salió de Cuba el 14 de febrero de 2026. Resume sus motivos en una frase:
"Las consecuencias económicas del nefasto sistema político de Cuba."
Luego enumera: inflación, falta de incentivos para emprender, barreras arbitrarias para los negocios, imposibilidad de pluralidad política, inseguridad económica y política.
Eligió Brasil por descarte, pero también por cálculo. "El costo de llegar es menor", explica. En su caso, el pasaje hasta Guyana costó 1.250 dólares; la travesía hasta Boa Vista, en Roraima, otros 400 dólares. A eso sumó unos 150 dólares para una estancia inicial de siete días. En total, calcula, gastó 1.900 dólares. Comenta:
"Parece una locura de dinero para un viaje de ida sin retorno a una distancia relativamente corta, pero todas las demás vías son exageradamente más caras."
Su ruta fue rápida y tensa. Salió desde la Terminal 3 del Aeropuerto Internacional José Martí, hizo una breve escala en Santo Domingo para repostar combustible y llegó a Guyana. Allí, según cuenta, lo recibieron junto a otros migrantes, los trasladaron a un sitio en las afueras de Georgetown, les dieron agua, comida e internet. De noche comenzó la travesía hacia Brasil. Recuerda:
"El momento más difícil fue la selva por horas. Ellos tuvieron la opción de matarnos en cualquier momento y dejarnos ahí; de seguro nadie nos iba a encontrar en décadas."
Aun así, dice que las personas que los transportaron mantuvieron un perfil "profesional" y no ejercieron violencia directa. Después vino el cruce de un río en barco:
"Ese momento fue terrorífico. Uno pensaba que eso iba a voltearse en cualquier momento."
Al llegar a Brasil, fue a la Policía Federal. Tres días después tenía protocolo de refugio. Resume:
"Ya existíamos, ya podíamos hacer lo que quisiéramos y lo que queríamos era trabajar."
El dato detrás de las historias
Las experiencias de Claudia y Elizer se inscriben en una tendencia más amplia. En 2024, Brasil recibió 68.159 solicitudes de refugio, un aumento del 16,3% respecto a 2023. Las principales nacionalidades solicitantes fueron la venezolana, con 27.150 pedidos —el 39,8%—, y la cubana, con 22.288, equivalente al 32,7% del total. En el caso de Cuba, el propio informe oficial "Refugio en números 2025" registró un crecimiento del 94,2% frente al año anterior.
El salto parece haberse profundizado en 2025. Datos atribuidos a OBMigra/Conare y publicados por medios brasileños señalan que Brasil recibió 75.599 solicitudes de refugio ese año, de las cuales 41.919 correspondieron a personas cubanas. Eso colocaría a Cuba como la principal nacionalidad solicitante, por encima de Venezuela, con 21.233 pedidos.
No se trata solo de un cambio estadístico. También habla de una reconfiguración del mapa migratorio cubano. Para Erika Andrea Bütikofer, doctoranda en la Universidad Federal de ABC (UFABC) e investigadora de la migración cubana hacia Brasil desde una mirada antropológica, este aumento "se inscribe en el mayor éxodo cubano de las últimas décadas" y está vinculado al agravamiento de la crisis económica, la escasez de bienes básicos, los factores políticos y la falta de expectativa de futuro. Explica:
"Brasil aparece como una alternativa posible dentro de América Latina, especialmente en el marco de una reconfiguración más amplia de las migraciones globales, donde otros destinos se han vuelto más restrictivos, como Estados Unidos y, en general, el Norte Global."
María Cristina Gómez Johnson, investigadora de migración y violencia en América Latina, interpreta el fenómeno desde un patrón regional conocido: cuando se cierran o endurecen las fronteras de un corredor importante, los flujos no desaparecen, sino que se redirigen. Aclara que no trabaja específicamente la migración cubana ni Brasil y señala:
"Quizá el aumento de solicitudes de refugio de cubanos a Brasil sugiere precisamente esto: una reconfiguración de rutas ante el cierre progresivo de las vías hacia Estados Unidos."
En el caso cubano, agrega, ese proceso tiene antecedentes: el fin de la política de "pies secos/pies mojados", la función de México como trampolín hacia Estados Unidos y, más recientemente, el cierre del parole humanitario y del programa CBP One durante la administración Trump. Afirma:
"Las opciones al norte se redujeron de forma drástica."
¿Destino o tránsito?
La pregunta no tiene una sola respuesta. Brasil puede ser refugio, escala, pausa o punto de partida hacia otro país. Para algunos cubanos, funciona como lugar de permanencia; para otros, como un territorio de tránsito hacia Uruguay, Chile u otros destinos. Bütikofer lo resume así:
"Brasil cumple ambas funciones. Para algunos es un destino final, especialmente para quienes logran insertarse en el mercado laboral o cuentan con redes de apoyo. Para otros, es un país de tránsito dentro de trayectorias migratorias más largas."
Claudia llegó con la idea de seguir viaje, pero terminó construyendo una vida en Brasil. Consiguió empleo a los tres meses, aunque el idioma fue una barrera fuerte. Recuerda:
"Yo no sabía nada de portugués. Para mí lo más conflictivo fue el portugués en un contexto empresarial."
En una entrevista de trabajo llevaba un papel para leer sus respuestas. La dueña de la empresa le preguntó si prefería hablar en español. Dice:
"Me salvó la entrevista."
Elizer, en cambio, llegó con intención de quedarse. Su destino inicial era Paraná, pero por ahora permanece en Boa Vista. Afirma:
"El futuro es incierto, pero lleno de luces."
Para él, Brasil significa oportunidad:
"Aquí tengo la oportunidad de hacer las cosas. Si las hago bien, puedo. Nadie me va a decir qué no puedo hacer, qué no puedo pensar."
Esa percepción aparece también en los análisis expertos. Brasil tiene una legislación migratoria más garantista que la de otros países de la región. La propia página oficial del Ministerio de Justicia explica que “Refúgio em Números" se elabora con datos del gobierno federal y que OBMigra estudia los flujos migratorios internacionales para orientar políticas públicas. Además, la Ley de Migración brasileña regula derechos y deberes de migrantes y visitantes, y establece principios de la política migratoria del país.
Pero esa puerta no equivale a una residencia automática. Alexei Padilla Herrera, consultor migratorio independiente en Diáspora Consultoría, advierte que Brasil no tiene nada parecido a la Ley de Ajuste Cubano de Estados Unidos. Explica:
"Brasil no concede la residencia permanente de forma automática y universal a los ciudadanos cubanos."
La solicitud de refugio, en muchos casos, opera como una vía de regularización provisional mientras la persona prepara otras opciones: residencia por trabajo, estudio, reunificación familiar u otros mecanismos.
Esa advertencia es clave porque, según Padilla, en redes de WhatsApp y Facebook circula desinformación que presenta a Brasil como un país que simplemente "da papeles". Esa narrativa, dice, puede empujar a familias cubanas a vender bienes, endeudarse o ponerse en manos de coyotes sin comprender los riesgos ni los límites reales del proceso.
La travesía y sus zonas grises
La ruta de Elizer —Cuba, Guyana, selva, río, Boa Vista— coincide con una de las zonas que más preocupan a especialistas y autoridades. Roraima y Amapá aparecen como puntos clave de entrada. En 2025, según datos atribuidos a OBMigra, Roraima concentró 36.667 solicitudes de refugio, seguido por São Paulo, Amapá, Paraná y Santa Catarina.
Padilla advierte que la mayoría de los cubanos que llegan hoy a Brasil lo hace de forma irregular y conducida por redes internacionales especializadas en tráfico y contrabando de migrantes. Entre los riesgos menciona estafas en la compra de boletos aéreos, retenciones o devoluciones desde Guyana o Surinam, extorsiones durante el tránsito, asaltos, accidentes de carretera y fraudes migratorios.
En abril de 2026, la Agencia Brasileña de Inteligencia publicó el informe "Contrabando de migrantes en Brasil: un análisis de Inteligencia", dedicado precisamente a este fenómeno. La oficina de la OIM (Organización Internacional para las Migraciones) en Brasil presentó el estudio como un panorama actualizado sobre el contrabando de migrantes en el país y subrayó la necesidad de una respuesta centrada en no criminalizar al migrante, sino en prevenir y perseguir a los captadores, intermediarios y actores criminales.
El Código Penal brasileño tipifica la promoción de migración ilegal en su artículo 232-A: promover, con fin de obtener ventaja económica, la entrada ilegal de un extranjero en territorio nacional o la salida de un extranjero para ingresar ilegalmente en otro país. La pena prevista es de dos a cinco años de prisión y multa, con agravantes si hay violencia o condiciones inhumanas o degradantes.
Para Gómez Johnson, cuando las rutas se hacen menos visibles e informales, los riesgos se multiplican. Aparecen redes de tráfico, extorsión, retención de documentos y abandono. Explica desde su experiencia en otros corredores latinoamericanos:
"La persona migrante queda en una situación de enorme desprotección, sin acceso a mecanismos de denuncia ni a servicios básicos."
Elizer no habla de violencia directa en su caso, pero sí de vulnerabilidad absoluta. En medio de la selva, dependía de desconocidos. En el río, temía que la embarcación se volcara. En Boa Vista, le ofrecieron un alojamiento "cinco veces más caro" que en condiciones normales. "No hubo coacción en ningún momento", aclara. Pero también reconoce que la inseguridad del lugar fue usada como argumento para cobrar más.
Empezar de cero
La regularización inicial no elimina las dificultades. Bütikofer identifica varias: barrera del idioma, acceso a vivienda, inserción laboral, reconocimiento de títulos, acceso a servicios y, en algunos casos, discriminación y racismo. Señala:
"Especialmente pesa la posibilidad de acceder a empleos que valoren su calificación."
Elizer lo vive en carne propia. En Cuba estudiaba Ingeniería Nuclear en el InSTEC. En Brasil, sabe que muchas capacidades no se reconocen sin certificados locales. "Ingenieros de carniceros, médicos de motoboy, licenciados de camareros", dice al describir a otros cubanos en Boa Vista.
No lo dice con desprecio, sino como constatación de un recomienzo forzado. Aun así, agradece la acogida cotidiana:
"Quisiera dar las gracias a todos los brasileños. No me refiero al Gobierno, sino al brasileño de a pie, que, en frecuentes ocasiones, al explicar mi procedencia y mi tiempo de estadía en su país, no responde con otra palabra que no sea: bienvenido."
Claudia, por su parte, habla de soledad. También de aprendizaje. Brasil la obligó a observar otra cultura, otro tamaño de país, otra manera de pensar la región. No encontró una comunidad cubana equivalente a Miami o Madrid. Dice:
"Brasil es enorme. No sé si existe una concentración masiva de cubanos en un lugar específico."
Ha oído de cubanos en Curitiba, en Natal, en São Paulo, pero no percibe todavía un barrio, una zona, una comunidad compacta. Para ella, Brasil se resume en dos palabras: cultura y regreso. Dice:
"Brasil me empujó a pensar que en algún momento voy a regresar a Cuba."
También la llevó a estudiar nacionalismo e identidades nacionales:
"Si no hubiera pasado por Brasil, creo que nunca habría llegado a ese máster en España."
Comenta Elizer:
"Todos los negocios están permitidos. La educación es gratuita si apruebas los exámenes. El costo de la vivienda, dependiendo de la ciudad, es accesible a compra, no solo renta. Brasil a nosotros los cubanos, y a mí en lo particular, nos da eso: una oportunidad."
Una puerta abierta, no una garantía
El crecimiento de las solicitudes de refugio de cubanos en Brasil no significa que todos serán reconocidos como refugiados. Tampoco que todos quieran quedarse. Ni que el viaje sea seguro. Significa, más bien, que el éxodo cubano sigue adaptándose a los cierres, endurecimientos y costos de otras rutas, según el análisis de los expertos. Explica Padilla:
"Hasta el fin de la administración de Joe Biden, una parte de los migrantes cubanos hacía de Brasil su trampolín para luego llegar a Estados Unidos de forma irregular. A partir del nuevo mandato de Donald Trump, Brasil y Uruguay pasaron a ser los destinos más seguros para los migrantes cubanos."
Esa reconfiguración no ocurre en abstracto. Ocurre en cuerpos que cruzan aeropuertos bajo vigilancia, como Claudia. En familias que venden o ahorran todo para pagar una travesía, como Elizer. En solicitantes de refugio que pueden trabajar, pero no saben cuándo terminará su proceso. En profesionales que aceptan empezar desde cero porque, al menos, pueden existir legalmente.
Brasil no es Miami ni Madrid. No concentra todavía una diáspora cubana tan visible ni tan organizada. Pero se está convirtiendo en una puerta cada vez más importante del éxodo: a veces refugio, a veces tránsito, a veces espera. Una puerta abierta no por promesa de facilidad, sino porque otras se han cerrado. Y en esa geografía movediza, cada ruta cubana parece decir lo mismo: cuando un país deja de ofrecer futuro, incluso la incertidumbre puede parecer una oportunidad.
Regresar al inicio