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Cine cubano | Muere la actriz Adela Legrá, una de las tres Lucías del cine cubano

"Su partida cierra una vida que fue, en sí misma, un guion cinematográfico: del cafetal a la pantalla grande, de la anónima labor agrícola al reconocimiento internacional".

La actriz cubana Adela Legrá (1939-2026).
La actriz cubana Adela Legrá (1939-2026).

La madrugada santiaguera se llevó este viernes 2 de enero de 2025 a una de las figuras más auténticas del cine cubano. Adela Legrá, la mujer campesina que Humberto Solás convirtió en estrella cinematográfica y que protagonizó el tercer segmento de la emblemática película Lucía (1968), falleció a los 86 años de edad en Santiago de Cuba, según confirmó el estatal Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). Había sido ingresada de urgencia en el hospital provincial, pero no se aclara la causa del deceso.

Falleció la actriz cubana Adela Legrá, una de las protagonistas de "Lucía" (1968).

"Adela de nuestro cine"

Su partida cierra una vida que fue, en sí misma, un guion cinematográfico: del cafetal a la pantalla grande, de la anónima labor agrícola al reconocimiento internacional, de la humildad campesina a la posteridad artística. Adela Legrá nunca dejó de ser lo que siempre fue, y precisamente esa autenticidad inquebrantable fue su mayor virtud como actriz y como ser humano.

Galardonada en 2017 con el Premio "Lucía de Honor", que entrega el Festival Internacional de Cine de Gibara, Legrá representó lo popular y lo genuino, la materia prima del arte. No era actriz de formación académica, era actriz de vida vivida. Y esa diferencia se notaba en cada fotograma.

Varias personalidades despidieron a la actriz desde sus redes. El crítico e investigador cubano Juan Antonio García Borrero recordó: 

Da miedo abrir las redes y tropezarse con noticias tan estremecedoras como esta: ha muerto Adela Legrá, una de las tres Lucías del cine cubano. En el año 2006 la invitamos a participar en el Taller Nacional de Crítica Cinematográfica de aquel año. Noticia triste, muy triste.

El actor Luis Alberto García escribió una corta y contundente frase en sus redes sociales: “Adela de nuestro cine”. 

Fotograma del mediometraje cubano de ficción "Manuela" (1966), de Humberto Solás.
Fotograma del mediometraje cubano de ficción "Manuela" (1966), de Humberto Solás.

De los campos de Oriente a los ojos de Humberto Solás

Nacida en una familia campesina en 1939, en Caimanera (Guantánamo) Adela Legrá conoció desde niña el trabajo duro de la tierra. Recogió café, sembró y cosechó viandas y hortalizas en diversos puntos de la antigua provincia de Oriente. Sus manos curtidas por la labor agrícola y su rostro marcado por el sol del Caribe oriental fueron, paradójicamente, su pasaporte al séptimo arte.

El encuentro que cambiaría su destino ocurrió en Baracoa, la ciudad primada de Cuba, mientras Legrá trabajaba como activista de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC). Allí la descubrió el director Humberto Solás, quien buscaba para su mediometraje Manuela (1966) un rostro que no mintiera, una presencia que fuera verdad antes que representación. La encontró en Adela.

Manuela fue un éxito inmediato en Cuba y en festivales internacionales, pero era apenas el preludio. Solás sabía que había hallado algo más que una actriz para un proyecto: había encontrado la encarnación perfecta de la mujer cubana rural, con su fortaleza silenciosa, su dignidad sin aspavientos, su belleza áspera y luminosa.

El tercer rostro de Lucía

Cuando el director emprendió la realización de su ópera prima Lucía (1968), una de las obras maestras del cine latinoamericano, necesitaba tres actrices para tres épocas distintas de la historia cubana: 1895, 1933 y los años 60.

Para este último segmento, ambientado en la Cuba posterior a 1959 y centrado en los conflictos de una pareja campesina en medio de la transformación social, eligió nuevamente a Adela Legrá.

Su Lucía —la de los años 60— no era la heroína aristocrática del siglo XIX ni la mujer urbana de los años 30. Era una campesina que luchaba por su emancipación personal en medio de la campaña de alfabetización. Era una mujer que amaba y sufría con la contundencia de quien ha trabajado la tierra, que se rebelaba contra el machismo con la misma determinación con que sembraba sus viandas.

El rostro de Adela Legrá en Lucía es de una expresividad arrolladora: recio y bello a la vez, como definieron sus contemporáneos. No actuaba la dignidad campesina, la portaba. No fingía la rebeldía femenina, la encarnaba. Su sinceridad y frescura interpretativas nacían de que nunca dejó de ser ella misma frente a la cámara.

Póster del largometraje cubano de ficción "Lucía" (1968) de Humberto Solás.
Póster del largometraje cubano de ficción "Lucía" (1968) de Humberto Solás.

Más allá de la pantalla grande

Aunque Manuela y Lucía fueron sus trabajos más reconocidos, Legrá participó en otros filmes y desarrolló una carrera en la televisión cubana. Se trasladó para La Habana e integró los repartos de varias series para la pequeña pantalla como Algo que debes hacer (1979), La gran rebelión (1982) y otros. Al cabo de treinta años residiendo en la capital, decide jubilarse y se establece en Santiago de Cuba, aunque sin abandonar el cine.

Durante este retiro "fecundo", actuó en varias películas de realizadores independientes de Santiago de Cuba como Adrián Gómez Grillo (Cayo, 2008), José Armando Estrada (Siervos, 2013) y Emmanuel Martín (Historias de ajedrez, 2019), haciéndose de un lugar importante fuera de las producciones oficiales. 

Otros creadores le dedican documentales: Adela, un nombre de mujer (1999), de J. Rodríguez y Quién me quita lo bailao (2000), de G. de la Rosa y José Armando Estrada, y ofrece sus testimonios en Ecos de un final (2002) y Memorias de Lucía (2003), ambos de Carlos Barba, así como en Lucía y el tiempo (2003), de Alain Rodríguez.

El Premio Lucía de Honor que recibió en 2017, casi 50 años después del estreno de la película que la inmortalizó, fue un reconocimiento tardío pero merecido, a quien nunca recibió el Premio Nacional de Cine. Para entonces, Lucía ya era considerada una de las cumbres del Nuevo Cine Latinoamericano, estudiada en escuelas de cine de todo el mundo, analizada en ensayos académicos, celebrada en retrospectivas internacionales.

Y en el centro de ese tercer segmento, el más controversial y discutido, estaba siempre el rostro de Adela Legrá: ese rostro que no necesitaba maquillaje para contar verdades, que no requería técnica actoral para transmitir emoción, que simplemente era.

Adiós a una época

La muerte de Adela Legrá ocurre en un momento simbólico para Cuba. Se va una de las últimas representantes de aquella generación fundacional del ICAIC, de aquel momento en que se creyó posible construir un cine diferente, enraizado en lo popular pero ambicioso en lo artístico. Se va una mujer que nunca cambió su esencia campesina por el oropel del reconocimiento.

Adela Legrá nunca fue una actriz convencional y quizás por eso fue tan extraordinaria. Fue la prueba viviente de que el arte no siempre requiere academia, que la verdad puede ser más poderosa que la técnica, que un rostro auténtico vale más que mil interpretaciones artificiosas.

La cinematografía cubana despide a una de sus figuras imprescindibles, esas que no se estudian solo en los manuales de historia del cine, sino que se sienten en la memoria colectiva de un pueblo. Su rostro, afortunadamente, permanecerá para siempre en la pantalla. Y cada vez que alguien vea Lucía, allí estará ella: eterna, verdadera, irrepetible. 


Filmografía de Adela Legrá (ficción y documental)

Manuela (1966), de Humberto Solás.

Lucía (1968), de Humberto Solás.

Rancheador (1976), de Sergio Giral.

El brigadista (1977), de Octavio Cortázar.

Aquella larga noche (1979), de Enrique Pineda Barnet.

Algo que debes hacer (1979), de Humberto García-Espinosa.

Polvo rojo (1982), de Jesús Díaz.

La gran rebelión (1982), de Jorge Fuentes.

Vals de La Habana Vieja (1988), de Luis Felipe Bernaza.

La próxima vez (1990), de Tomás Piard.

Cuervo (1990), de Carlos Ferrand.

El castillo de cristal (1992), de Tomás Piard.

Adorables mentiras (1992), de Gerardo Chijona.

Derecho de asilo (1994), de Octavio Cortázar.

Maité (1994), de Carlos Zabala, Eneko Olasagasti.

Tirano Banderas (1994), de José Luis García Sánchez.

Adela, un nombre de mujer (1999), de J. Rodríguez.

Quién me quita lo bailao (2000), de G. de la Rosa, José Armando Estrada.

Miel para Oshún (2001), de Humberto Solás.

Nada (2001), de Juan Carlos Cremata Malberti.

Ecos de un final (2002), de Carlos Barba.

Memorias de Lucía (2003), de Carlos Barba.

Lucía y el tiempo (2003), de Alain Rodríguez.

Ay, mi amor (2003), de Ernesto Fiallo, Yamila Suárez.

Barrio Cuba (2005), de Humberto Solás.

Cayo (2008), de Adrián Gómez Grillo.

Santiago y la Virgen en la Fiesta del Fuego (2005), de Jorge Perugorría, Ángel Alderete.

Amor crónico (2012), de Jorge Perugorría.

Siervos (2013), de José Armando Estrada.

Humberto (2013), de Carlos Barba.

Café amargo (2015), de Rigoberto Jiménez.

Manuela, el rostro rebelde del cine cubano (2017), de Manuel Jorge.

Historias de ajedrez (2019), de Emmanuel Martín.

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Mayté Madruga Hernández

Mayté Madruga Hernández

(Matanzas, 1987). Periodista y comunicadora con más de 15 años de experiencia en el ejercicio periodístico, especializada en cobertura cultural, crónica, reportaje y gestión editorial en medios digitales. Ha trabajado como redactora y editora en publicaciones nacionales e internacionales, así como en la dirección de comunicación de importantes festivales de cine, donde lideró equipos de prensa, coordinó coberturas especiales y desarrolló contenidos informativos de alto impacto.

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